¿Es extraño?

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“Dudo, luego existo” es quizá la mayor aportación de Descartes como principio de su filosofía, el método de investigación que en esta se incluye y que básicamente echa mano del análisis y la lógica. Al expresar su extrañeza de que una enfermedad fatal como el cáncer esté atacando no solo a 12 millones de nuevos pacientes cada añ0 [1] con un costo de tratamiento estimado en 286 millones de dólares, sino de manera muy específica a mandatarios latinoamericanos, que tienen el común denominador de no ser los favoritos del imperio, el presidente venezolano provocó una inmediata y airada respuesta defensiva de parte del Departamento de Estado en USA.

Desconocemos las fuentes de investigación que llevaron a Hugo Chávez a expresar su hipótesis. Sin embargo, millones de espectadores de la serie “los expedientes secretos X”, aprendieron que los dominantes en el planeta guardan información vital en lugares inaccesibles para el vulgo. Ésta tiene que ver con muestras de semillas en bunkers bajo tierra, genes de muchas de las especies aun vivas y también las extintas y, como ya han demostrado varios investigadores —proscritos por la prensa y otros medíos de comunicación— bacterias y virus que se han usado ya en contra de determinados grupos humanos.

Cuando la Dra. Dana Scully, compañera del agente del FBI Fox Molder, en los expedientes X, se acercan demasiado a la realidad de los secretos vinculados no solo con posibles extraterrestres sino con la salud, ella enferma de cáncer y para quien haya visto la serie, sabrá que se maneja este quebranto como algo “controlable por alguien” mediante un cheap o algo por el estilo. Pero si la serie televisiva no da para un buen soporte científico a la hipótesis de muchos, es bueno tener en cuenta que: desde antes de la segunda guerra mundial ya varios científicos estudiaban la enfermedad y que ésta, al igual que muchas otras, fueron inducidas en humanos, no solo por médicos nazis, sin por muchos de los indultados a cambio de sumarse al sistema de investigación de la CIA y en general de las agencias estadounidenses [2].

Como ha documentado en diversas obras el científico mexicano Dr. Manuel Servín Massieu, las vacunas son uno de los principales vehículos de inoculación de virus de diversa índole, cuyo brote puede programarse a determinado tiempo, por factores específicos de clima o combinación con otros microorganismos, etc. [3]; de ahí la vulnerabilidad para México por la decisión de cerrar —con Miguel de la Madrid como presidente— el centro productor de vacunas, que nos daba en este tema cierta postura de soberanía y defensa de la salud.

En el caso particular del cáncer, son interesantes las palabras del Dr. Maurice Hilleman, un alto científico de los Laboratorios Merck, quien grabó una serie de hipótesis dentro de las cuales resumimos lo siguiente: abiertamente admite que produjeron vacunas contaminadas con leucemia y otros virus. Que las vacunas deben ser consideradas como la tecnología de oportunidades para el siglo XX. Que con estas vacunas contaminadas y probadas primero en Rusia, ellos podrían ayudar a Estados Unidos a ganar las olimpiadas de 1980, porque los atletas rusos estarían para entonces “llenos de tumores”.  Que se cuenta con cerca de diez mil virus no detectables y que muchos de estos son parte de las vacunas que la industria farmacéutica vende a los países dependientes. Que son cerca de 40 virus los que se inactivan con las vacunas, aunque no es fácil detectar si hay otros ocultos. Que también había leucemia en la vacuna de fiebre amarilla.

Por otra parte y habida cuenta que esto no es un ensayo de investigación científica, también existen hipótesis que relacionan el consumo de anticonceptivos orales con un incremento en el riesgo de contraer cáncer de mama y quizá dentro de 50 años, como expresó el señor Hugo Chávez, descubramos que muchas de las víctimas de esta enfermedad consumieron, sin saberlo, leche rehidratada, carne de bovinos y verduras limpísimas,  cuyo origen fue cualquier granja cercana a Chernobil o alguna de las plantas nucleares de Francia o Alemania [4].

Sea lo que fuere, el hecho es que, la investigación —sobre todo la científica— no afirma ni niega nada de inicio, simplemente a partir de hipótesis indaga, prueba y concluye. De ahí la desproporción de la rasgadura de vestiduras, de un país promotor de experimentos transgénicos, el uso de agentes biológicos y químicos [5] —para la guerra o la investigación— al cual le parece ofensivo y loco, la expresión de un mandatario latinoamericano a quien, aun no siendo del agrado de muchos, no ha logrado derrocar por la vía política. Chávez no es ni el primero ni el único en sospechar de la perversidad de algunos científicos identificados con el imperio. Lo grave es la incapacidad del propio ser humano de hacer algo para impedir que se avance por el camino del dominio, la abominación y la muerte.

De este 2012 se ha dicho mucho, que si es el fin de un ciclo vital según los mayas, que si muchas de las profecías de Nostradamus están en curso, que si el peligro nuclear es hoy más real que nunca. Lo único que yo puedo desearle a Usted y todos mis congéneres es que la paz, la honestidad, el amor y la justicia, sean los signos que nos guíen todo el nuevo año.

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[1] Para el año 2030 esta cifra podría alcanzar 27 millones de personas anualmente.

[2] 1995. El gobierno de EE.UU. admite que había ofrecido a los criminales de guerra japoneses y los científicos que habían realizado experimentos médicos en humanos, sueldos e inmunidad de prosecución a cambio de datos sobre la investigación de armas biológicas.

[3] 1994. El senador John D. Rockefeller revela que durante por lo menos 50 años, el Departamento de Defensa ha usado centenares de miles del personal militar en experimentos humanos y para la exposición intencional a las substancias peligrosas. En 1995, el Dr. Garth Nicolson revela evidencia de que los agentes biológicos usados ​​durante la Guerra del Golfo habían sido manufacturados en Houston, Tx y Boca Ratón, Fl y probados en prisioneros en el Departamento Correccional de Texas.

[4] Los cánceres dependientes de hormonas representan el 40% en las mujeres y el 35% en los hombres, unas proporciones que aumentan de manera constante en el mundo desarrollado.

[5] No solo en tiempo de paz, sino en la guerra como el NAPALM, en Vietnam e Irak, que produjeron cáncer en miles de sus soldados.