Ser o no ser… esa definitivamente es la cuestión

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Sin duda alguna, Hamlet es la obra más emblemática de Shakespeare, el prolífico dramaturgo inglés de quien mucho se ha dicho.

Primera página de la inmortal obra (Foto: Especial)

Hamlet trata, recordemos, de un príncipe que al interactuar con el espectro de su difunto padre, muerto aparentemente por un accidente, descubre la verdad sobre su muerte y tras este hallazgo no encuentra más que desgracia, pues descubre que su padre fue asesinado fríamente a manos de su propio hermano, tío de Hamlet, y ahora nuevo rey de Dinamarca.

Por su compleja trama y peculiar desenlace, el cual nos hace recordar aquel mecanismo de la tragedia griega, y por sus arquetípicos personajes, Hamlet ha sido adaptada y representada millones de veces y en muy diversas formas.

Pero no es sino esa pequeña frase tan sonada la que de inmediato nos evoca la imagen de su creativo escritor William Shakespeare, el famosísimo: “Ser o no ser…”

Curiosamente, esta frase se ha convertido en una del dominio popular y sin embargo no todos quienes la conocen y la nombran se han acercado a la obra escrita que la contiene: Hamlet.

Esta frase tan característica de la literatura inglesa no es más que el comienzo de un interesante y reflexivo monólogo contenido en la obra, que podría ser la parte más representativa de ésta.

Dicho monólogo aborda sin rodeos las desventajas completas de la vida como la traición, el desamor, la soberbia, la envidia, defectos humanos con los que diariamente estamos y convivimos ya sea en nosotros mismos o en los demás y con todas estas desventajas plantea a la muerte como única solución al sufrimiento que acarrean.

Estas reflexiones vuelven al monólogo uno de los más famosos del mundo así como uno de los que requieren más calidad interpretativa a nivel actoral, pues la gama de emociones que maneja enfrenta tanto al lector común como al lector-actor a un cúmulo de humanidad innegable que nos hace conscientes de todo aquello de lo que somos capaces de hacer de forma negativa aún contra los nuestros, los de nuestra especie, género y aún de nuestra propia sangre.

Lo anterior convierte a Hamlet entonces en una de las obras más perfectamente elaboradas del teatro inglés y nos brinda una razón más para acercarnos a su fructífera lectura.