El espacio de Escipion

Bad Bunny y la rebelión del Star System

En 13 minutos de un medio tiempo de un partido de fútbol americano, el llamado Súper Bowl, la máxima justa deportiva-comercial de la sociedad estadounidense, se convirtió en un acto político-musical de mayor desafío y rebelión en la actualidad, en donde más allá de la transmisión televisiva y la amplísima audiencia de redes sociodigitales, esos 13 minutos fueron muchas horas en cámara lenta para ser descifrados por la carga de símbolos y mensajes abiertos y subliminales que envolvieron y nos siguen envolviendo aún.

De sorpresa en sorpresa, con una letra netamente anticolonialista del estado confederado de Puerto Rico:  “Quieren quitarme el río/ Y también la playa/ Quieren el barrio mío/ Y que abuelita se vaya./ No, no suelte la bandera ni olvide el lelolai/ Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawaii», cantó casi a capela Ricky Martin, que para muchos fue el reiterado recordatorio a la independencia de esta nación antes de que la gentrificación y el desplazamiento de su población original sea igual de lesiva que en las islas del Pacífico norte.

Para ser permisividad de patrocinadores y productores, llegaron demasiado lejos estas estrellas de la industria cultural imperialista, porque fueron mensajes políticos, no sólo show, cálculo mercantil del star system estadounidense. Benito Antonio Martínez Ocasio, mejor conocido como Bad Bunny, marca una pauta en los desafíos a los desplantes del gobierno estadounidense, desde el mismo corazón de su evento deportivo más visto en este país y otros más. Apenas la semana pasada estábamos hablando sobre el ascendiente movimiento anticolonialista y antifascista desde el mismo star system con posiciones directas de Bruce Springsteen, Billie Eilish, Lady Gaga, Sabrina Carpenter, Mark Ruffalo, Robert De Niro, Meryl Streep y otro más que han lanzado su repudio a las operaciones de la agencia de migración. La consigna “ICE Out” ya es un movimiento interno que trasciende las fronteras.

¿Y qué pensarán los guardianes de la tradición del American way of life, los que creen que el Super Bowl es sagrado y que el guacamole debe fluir sin interrupciones políticas? Pues ahí estaban, viendo cómo su fiesta nacional era “tomada” por caribeños, latinoamericanos y rebeldes musicales que no pidieron permiso ni tradujeron consignas. Seguro más de uno se atragantó con los nachos picantes al ver desfilar banderas y escuchar versos incómodos, porque nadie espera que la identidad y el arte se metieran en el menú del espectáculo (de SU ESPECTÁCULO), mucho menos cuando el gran circo suele disfrazar todo de brillo y fuegos artificiales.

Los artistas alrededor de Bad Bunny aprovecharon esos 13 minutos para enviar mensaje a millones de estadounidenses, en cuyas salas se discutía si lo latino era invasión o, peor aún… un contagio. ¿La respuesta? Tranquilos, ya no es invasión, ahora es conquista simbólica… y con ritmo tropical, indicando que el futuro ya no se escribe solo en inglés ni se baila al ritmo que dicta Wall Street.

Esto que pasó el domingo más que una ruptura de estilos o desafíos, dada la respuesta rabiosa del presidente estadounidense, es una convocatoria para en el mundo nadie calle, nadie se intimide, que esta oleada de neofascismos tenga un tope, un no más, nunca más. El desfile de banderas latinas en una coyuntura mundial de amenazas invasivas, de nuevo colonialismo y de tensión política, de discursos antiinmigrantes y criminalización del migrante.

Para digerir con calma, estos puntos clave de la «Rebelión del Star System» o el ahora llamado “Efecto Bad Bunny: a) romper tradición anglosajona, b) afianzar identidad y resistencia, colocar en el consciente colectivo un himno anticolonial y antisistémico en la pantalla de cada hogar estadounidense, c) desafío al status quo que quiere regresar a los peores años de exclusión social y racismo, y dado que cada minuto debe ser consensuado por los grandes inversores de este show, d) haber convencido a patrocinadores y productores del reconocimiento más fuerte en el momento más crítico: Estados Unidos también es latino, en su economía, en su fuerza laboral, en su cultura y en su futuro.

La rebelión y la resistencia están vivas, porque aún hay lelolai, hay banderas y llamado a que “no sueltes tu playa”, y el imperio descubre que, por más que controle la transmisión, no puede censurar la identidad colectiva. Si el Super Bowl era intocable, ahora también baila con flow boricua, mariachi, cumbia y reguetón; eso, ni sus millones ni su censura ni sus élites lo pueden evitar. Y repetimos la misma pregunta: ¿Y aquí qué están haciendo nuestras estrellitas, infuencers y personalidades de renombre mundial?