Histomagia

EL ENAMORADO

Guanajuato es una ciudad donde los fantasmas y espantos llegan a todas horas. Mi suegra Doña Boni tiene un mar de historias pasadas de su familia, sobretodo porque en aquí la familia González González era muy renombrada y concocida, porque tenían carnicerías y negocios de ultramarinos.

Cuenta Doña Boni que su abuelita Conchita tenía una cantina en la plaza del Mariachi donde los parroquianos pasaban sus penas con alcohol. Su abuelo Demetrio González “Trescalés” se dedicaba al medio taurino siendo picador y atendía el bar preparándole a los trabajadores mineros, mezcal con capulines y esa bebida escarlata los mineros la tomaban con peculiar emoción pues era un manjar para sus sentidos despué de salir de las en trañas de la tierra.

Don Demetrio tenía un hermano llamado José, éste era bien parecido, alto y muy guapo, por lo que era un hombre enamorado muy mujeriego, cuya vestimenta se caracterizaba por siempre portar un gabán y andar a caballo; los fríos de la sierra que llegaban en las madrugadas justificaban su abrigo.

Una de esas madrugadas vio pasar cerca de él una muchacha muy guapa, sin pensarlo bajó de su caballo y con el temple que da el alcohol comenzó a enamorarla; al principio la mujer no le hizo caso, eso axacerbó las ganas de seguirla, fue entonces que ella se recargó en una reja como esperándolo, pero siempre dándole la espalda. Para Don José fue un sí, entonces se le acercó por detrás, la acorraló en la reja y en un abrazo la tapó con el gabán, y al querer darle un beso, fue que sintió el verdadero terror: la mujer cubría su cara con su pelo, pero ella no tenía rostro, en vez de labios tenía unas fauces deformes que expedían un aliento fétido y ante los ojos de Don José lentamente se convirtió en una calavera, se desvaneció su vestido y quedó abrazando un esqueleto que de inmediato soltó, se subió a su caballo y a galope huyó de ahí, escuchando que el silencio de la noche se rompiá con un grito ensordecedor que le pedía que no se fuera, el no le hizo caso y se fue a refugiar a casa de su mamá ahí donde hoy es la Casa de la Cultura.

Desde ese momento, la actitud enamorada de Don José se calmó sólo un tiempo, pero en cuanto se curó de espanto, regresó a las andadas, y genio y figura hasta la sepuntura.

Dicen los que saben que las noches son de las mujeres espanto, esas que quieren tomar el alma de los hombres que recorren las calles y callejuelas de esta mágica ciudad. Doña Boni sabe muchas historias y a sus 85 años tiene siempre presente su origen que le dio su identidad, ¿quieres conocerla? Ven, lee y anda Guanajuato.