El espacio de Escipion

Estado y poder político, Claudia ocupa su lugar

Que nadie subestime a la presidenta Claudia Sheinbaum. Que nadie dude que sabe ejercer el poder político y que no lo tiene compartido. Y tampoco que nadie dude que no se siente mareada en un tabique sexenal, ni mucho menos sentirse dueña del “movimiento de regeneración nacional”.

Porque contrario a quienes dudaban, internos y externos a la 4T, de quién manda en Palacio Nacional, basta con ver la coreografía política de los últimos días: todos alineados, nadie se sale del guion, y los que intentaron improvisar, pues ya están aprendiendo que aquí no hay espacio para solos ni para ocurrencias, por eso están fuera Noroña, Adán, Arriaga y otros de más bajo perfil; no hay lugar a duritos, doritos y blanditos, es el proyecto de Claudia Sheinbaum en marcha.

Lo importante es que todo fluye con una precisión casi tan milimétrica que hasta parece casualidad que siempre, siempre, la última palabra la tiene la presidenta. Pero, claro, eso debe ser pura coincidencia. Porque en este país, como todos sabemos, las decisiones monumentales se toman por consenso… solo que el consenso, como es de todo Poder Ejecutivo, viene en papel membretado, con la firma de la jefa máxima, la propia, no la que pretenden usar en su nombre: el poder no se alardea en discursos y manotazos, sino en acciones visibles, palpables, concretas, sin tanto rollo.

Lo que sucedió en México, en otro fin de semana digno de serie política de alguna plataforma de streaming, fue un auténtico despliegue de temple, fuerza y voluntad presidencial: ahora sí, la jefa de Estado decidió romper con la abdicación del uso de la Fuerza, así con F mayúscula, y esa tradición sexenal de mirar hacia otro lado ante el uso de la violencia oficial contra “enemigos”. Y aquí la pregunta obligada: ¿se usará nada más contra el crimen organizado? Aguanten tantito, que la lista de prioridades tiene su propio guion y tiempos de estreno para dilucidar hacia dónde vamos.

Resulta relevante que el Estado decida ahora recuperar el control del territorio y sacudirse ese lastre que cargamos desde hace casi cuarenta años, cuando las élites del PRI se dedicaban a pelearse por el control del poder político y, ya de paso, por el negocio turbio de las drogas. No es cosa fácil, ya no hay cabezas en el CDS ni en el CJNG.

Esa incomodidad institucional se intensificó en tiempos del foxismo: ¿a quién se le ocurre desmantelar los aparatos de inteligencia policial y militar para dejar en su lugar a jóvenes itamitas que apenas y sabían usar el Excel en el extinto CISEN? Y peor aún, la incapacidad para anticipar el efecto del 11-S, que nos dejó la frontera como pista de carreras para narcotraficantes centro y sudamericanos. ¿Será que Fox y Calderón nunca se dieron cuenta que por este efecto crecieron los monstruosos golfos, zetas, mayos, chapos y menchos?

Ni hablar de la negociación entre crimen y política, municipio a municipio, gobernador por gobernador, que era un secreto a voces y terminó por convertir este país en una especie de Estado paralelo—y eso, no es invento, lo hemos contado tantas veces que ya hasta parece chiste de sobremesa. Y no sobra repetirlo, pero cayó una cabeza, mas la hidra venenosa sigue viva y activa cobrando piso, robando ganado y arrebantado grandes hectáreas de propiedad privada y del Estado.  

Estamos entrando en un cambio total en el paradigma de la política de seguridad: conjunto de principios rectores que la actual presidencia define cómo el Estado percibe las amenazas, identifica los activos a proteger y prioriza los mecanismos para gestionar los riesgos y amenazas. Para ello los cambios constitucionales que permitieron la militarización, en este momento, tienen total legitimidad y justificación.

Así de didáctico y esto no es un regreso al modelo de seguridad democrática del calderonismo mexicano o del uribismo colombiano, pero mantiene esencias que son difíciles de quitar, como la colaboración de las agencias de inteligencia de los Estados Unidos ¿Fuerza de Tarea Interinstitucional Conjunta Anticarteles (JIATF-CC), como lo reportó el New Yok Times?

Más allá de las lecturas que seguirán su curso, y no por amarrar navajas, pero los llamados que ha lanzado la presidenta en lo que va del 2026, más que hacia afuera de su grupo político lo hace directamente hacia las élites de Morena y la 4T: “no se equivoquen, no se hagan bolas, la que manda soy yo”, les diría más directamente. Aquí la voz que cuenta es la de ella. Y si alguien tiene dudas, pues que se acomode bien el cinturón, porque su sexenio apenas comienza a tomar fuerza y las instrucciones vienen en mayúsculas, subrayadas y hasta con negritas: “La que manda soy yo”.  Y esto, esto es lo relevante de la reciente demostración de autoridad.

Así que, a los de Morena y la 4T, mejor que no se hagan bolas y que vayan anotando el recordatorio en la agenda, no sea que se les olvide quién lleva el timón. Y para variar, tampoco esperen que la presidenta reparta el poder como si fueran dulces después del desfile de chiquillos verdes y petistas; aquí el único regalo es el mensaje, y ese llega con dedicatoria especial a cada uno que crea que esto es una democracia participativa. ¡Vaya que queda claro!

El momento de Claudia no es casualidad, lo vemos con lupa en cuatro frentes donde ha decidido ponerle toda la carne al asador: economía, política interna, política social y seguridad pública. ¿Que si en la economía ha innovado? Por supuesto, y algo tan alejado a la tentación estatista de la 4T, ha ratificado ese modelo de desarrollo que mezcla el neoliberalismo más recalcitrante con el asistencialismo de feria, una receta tan mexicana que no la encuentras ni con Obama (por citar al clásico). Y para que todo fluya, los pactos con las fuerzas políticas se tejen como si fueran chambritas, aunque sus emisarios sigan sordos y mudos por el salinismo, tan ocupados en mirar su ombligo que ni ven ni oyen a nadie. Claro, la receta es infalible: si funciona, es mérito propio; si algo sale mal, seguro es culpa del pasado… o de la oposición, que para eso están. Mientras tanto, llegó la presidenta, abran cancha que es su momento.

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