El depósito, consistente en los entierros de una mujer, que al momento de morir tenía entre 15 y 17 años, acompañado de figurillas femeninas, platos, cajetes y malacates
- La interpretación de la ofrenda prehispánica descubierta en 2023, en el CCUT, es dada a conocer en la revista Arqueología Mexicana
- En otro artículo, el Proyecto Tlatelolco pormenoriza el hallazgo, en la fosa común del Gran Basamento, de tres parturientas fallecidas en el siglo XIX
CDMX.- En los últimos años, el Proyecto Tlatelolco, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), ha explorado contextos funerarios que, a través de estudios de antropología física, revelan las condiciones en que fallecieron cuatro mujeres parturientas. Se trata de una adolescente tlatelolca, que pasaría a ser considerada una cihuapipiltin, y tres jóvenes adultas que vivieron en el México independiente.

De acuerdo al comunicado de prensa, ambos casos son dados a conocer en el No. 197 de la revista Arqueología Mexicana: “Tlatelolco. Investigaciones recientes”, donde el director del Proyecto Tlatelolco, Salvador Guilliem Arroyo, y la antropóloga física Miriam Angélica Camacho Martínez presentan los artículos “La parturienta del Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT)” y “Las madres del cólera”.
En el primero, Salvador Guilliem aborda el hallazgo de una ofrenda en la rampa de acceso del estacionamiento del CCUT, como parte de un salvamento arqueológico realizado en 2023. El pozo se localizó en una estructura asociada al último momento constructivo del recinto ceremonial de México-Tlatelolco, fechado hacia 1506-1515.
El depósito, consistente en los entierros de una mujer, que al momento de morir tenía entre 15 y 17 años, acompañado de figurillas femeninas, platos, cajetes y malacates, y de un recién nacido, de aproximadamente dos meses, se dedicó a un templo donde –a la luz de esta interpretación–, debió venerarse a las cihuateteo, mujeres que alcanzaba el estatus divino al fallecer en el alumbramiento.
“El parto era considerado como una batalla contra la muerte, donde el trofeo o cautivo era el recién nacido. Igual que un guerrero, la mujer luchaba por la perpetuidad de linaje, quien moría al dar a luz y se transformaba en un ser divino, para residir en la Casa del Sol, en la parte occidental del cielo, rumbo que coincide con la orientación del templo donde se ubicó esta ofrenda”, señala el arqueólogo.
Los autores subrayan que los tlatelolcas contaban su parentesco por ambas líneas, por lo que no es de extrañar que los análisis hechos por la antropóloga Camacho Martínez, indicaran que la madre tenía dos anomalías congénitas asociadas con la endogamia: dens invaginatus o “diente en diente”, una malformación del esmalte y la dentina; y ausencia de fusión en la primera vértebra cervical.
Asimismo, las patologías del nonato se vinculan con una deficiencia nutricional desarrollada por vía materna, como escorbuto, que pudo ser resultado de la alimentación exclusiva de maíz. “Si la mujer murió durante o poco después del parto por sepsis (debido a las reacciones periostales), al igual que el recién nacido, esto podría explicar su hallazgo al pie de la estructura, en conmemoración del templo, quizá, asociado a Cihuapipiltin (mujer preciosa)”, concluyen.
Las madres del cólera
El anterior no es el único ejemplo a través del cual el Proyecto Tlatelolco ha estudiado la manera en que se mantuvo el nexo entre madres e hijos después de la muerte, así como sus condiciones de salud y nutrición.
Ambos investigadores también exponen el descubrimiento, entre 2022 y 2025, de los restos de tres mujeres inhumadas, cada una con un infante, en el Gran Basamento del recinto sagrado. Cabe mencionar que la estructura prehispánica fue reutilizada como fosa común, ante la mortandad ocasionada por la epidemia de cólera de 1833.
Dichos entierros corresponden a mujeres que rondaban entre los 25 y 39 años, y neonatos con alrededor de 30 semanas de gestación, salvo uno que, al contar con 38 semanas, existe la posibilidad de que haya llegado a término.
El hallazgo de los bebés en el regazo de sus madres puede significar que debieron haber sido bautizados, señalan: “Cuando la partera veía peligro de muerte en el recién nacido, aun dentro de la madre, estaba obligado a bautizarlo, incluso, cualquier parte del cuerpo que saliera de la cavidad pélvica”.
Camacho Martínez explica que la presencia de hipoplasias del esmalte y marcas de actividad ocupacional, por trabajos arduos, así como las deficiencias nutricionales, llevan a proponer que estas mujeres pertenecían a la población pobre de la Ciudad de México. “Es raro encontrar niños en este tipo de contextos, ya que a menudo había un lugar especial para ellos. A pesar de la gravedad del cólera, estas mujeres fueron colocadas en ataúdes con sus infantes, lo que implica la intención de que permanecieran juntos”, finaliza la experta.
