El espacio de Escipion

Se buscan opositores a la 4T

Hace algunos años —siete y medio para ser exactos— en un despliegue de sarcasmo, ironía y mordacidad, casi como quien lanza un chiste de mal gusto pero con la esperanza de que alguien lo tome en serio, planteamos que el bloque del entonces PRD (hoy reciclado y aderezado como Somos México), junto con el PAN y el PRI, bien podrían haberse organizado una campaña nacional e incluso más allá de nuestras fronteras para ver si por fin encontraban a alguien que los guiara en construir una agenda propia, un nuevo discurso, alguien que tuviera el choro para las masas que jalara a todos los inconformes con el régimen actual, y si se pudiera hasta tener un tipo de líder carismático, algo así como su propio Andrés Manuel, pero ahora desde la trinchera de la derecha o la izquierda opositora.

Aunque, siendo honestos, más allá de la ausencia de una personalidad con liderazgo fuerte, lo que realmente les pesa a los partidos opositores es la falta de una agenda política concreta que logre conectar con ese ciudadano inconforme. Se han visto múltiples ejemplos que ponen en duda la autenticidad de sus llamados a la “resistencia civil”, los cuales se basan en una crítica superficial que sostiene que todo lo que proviene de la autodenominada 4T representa “un peligro para la vida democrática del país”.

Con ese mismo discurso han desfilado figuras como Santiago Taboada, Ricardo Anaya, Xóchitl Gálvez y Alessandra Rojo. ¿Pero qué contenido sociopolítico tiene esa arenga? Ninguno; está vacía porque carece de acción, se limita a la difusión, al discurso, al pronunciamiento y a la pura pose para una pieza de TikTok o mensaje en X.

En este contexto, la oposición parece perdida en un ciclo de declaraciones sin fondo, donde el protagonismo se convierte en la única estrategia visible. Sin propuestas claras, se convierte en un eco repetitivo de reclamos que no logra trascender ni motivar una movilización social real. La ciudadanía inconforme busca algo más que frases rimbombantes; demanda soluciones a sus demandas concretas, ideas claras y una visión sin maniqueísmos de asesores extranjeros que le dé sentido a su desencanto.

Bueno, pues tan huérfanas de inteligencia están que su más notable triunfo, el freno a la propuesta de reforma electoral de la presidencia de la República, se las dio ese par de partidos incómodos y acomodaticios PT y Verde, aliados temporales de Morena. Y, por si fuera poco, esperan que sean las disidencias de la 4T las que les den candidatos triunfadores para el 2027 y si se puede hasta el 2030.

Reciben cascajo así sea que gane en sus encuestas internas y, faltaba más, recurren a estrategias electorales viejas, exitosas sí, pero con la enorme diferencia de que funcionaron porque eran gobierno, controlaban presupuesto, mayorías, medios, cooptaban bases sociales y robaban bases por bola. O sea, de lo mismo que ahora se quejan de Morena.

El PRI, por ejemplo, lanzó el plan “Defensores de México”, encabezada por la ex perredista Rosario Robles para liderar la estrategia electoral del 2027, pues cree el señor “Alito”, menos conocido como Alejandro Moreno, que Chayito puede replicar las exitosas Brigadas del Sol que colocaron al PRD como segunda fuerza política nacional a fines de los años 90 del siglo pasado o las “Adelitas” que ayudaron al triunfo de Enrique Peña Nieto.

Por su parte, el PAN, luego de su frustrante relanzamiento neoderechista que colocaba a este instituto político como plato limpio para servir a los intereses financieros del desinflado Tio Richie, dice que mejor no y ahora nos promete regresar a sus “orígenes” con el “Plan de Acción por México” y convertirse en un instrumento de los ciudadanos sin partido y que, en ese sentido podrían repetir las hazañas del otrora “Amigos de Fox” o el “Ave Azul” que los hizo crecer en la docena de años en la presidencia.

Por su lado, el PRD chuchista se avienta un volado con el plan de “Somos México” para congregar tamales de todos los sabores (izquierdistas, socialdemócratas, liberales, neoliberales, conservadores) para ver cuál de todos puede cuajar, mientras Movimiento Ciudadano seguirá beneficiándose como cachavotos de las fracturas en el PAN y PAN, fiel a su papel en estos tiempos de la Cuarta Transformación.

Como sea, la pluralidad de la sociedad mexicana podría garantizar triunfos opositores, si se aplican los candidatos, claro está, en Michoacán, Querétaro, Aguascalientes y Chihuahua, y si se brincan las trancas, San Luis Potosi y Nuevo León. Digamos que todo dependerá del nivel de división en el morenaje nacional y de la calidad que le metan los candidatos a pelear por ese voto de los inconformes.

Un apunto final. Hablando de banderas y causas ausentes en la oposición, ahora que está en punto crítico el derrame de hidrocarburo en más de 230 kilómetros de litorales en el Golfo de México, afectando a más de 40 poblaciones de Veracruz y Tabasco, además de derrame petrolero de la refinería de Dos Bocas afectando al 80 por ciento de la actividad pesquera, restaurantera y agrícola de esta región tabasqueña, nos recordó que fue el otrora Pacto Ribereño de mediados de los años 1980, sin duda, fue el principal motor del movimiento lopezobradorista, mucho más que la bandera democratizadora que llevó dos éxodos a la Ciudad de México.

En ese entonces, Campesinos y pescadores de cuando menos nueve municipios de Tabasco denunciaron afectaciones como pérdida de suelos agrícolas y afectación de cuerpos de agua productivo, generando gran movilización hasta lograr que, en 1992, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos reconociera la afectación de 80 mil hectáreas de la zona costera y tierras bajas, por lo que obligaba a Pemex la reparación del daño en 40 millones de dólares, aproximadamente.

Lo demás es historia, porque con ello ganaron base social de apoyo incondicional, banderas de lucha y, especialmente, recursos económicos para movilizarse. (Por cierto, encargado de hacer los pagos de esta millonaria indemnización a los afectados de las actividades petroleras era el entonces subscretario de Gobierno de Tabasco, Adán Augusto López Hernández).

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