Histomagia

ELLOS

En estas fechas en que el calor no aminora y el sol es implacable, en Guanajuato muchos cuevanenses toman como vía rápida para trasladarse a pie los túneles que en verdad, para muchas personas y en especial para la gente que trabaja les resulta benéfico por la sombra y fresco, ya que además de la reducción del tiempo,  ayuda a poder llegar si excesivo sudor ni acalorados y sobre todo, tranquilos sin estrés. Excelente ayuda.

Así como el decir, subo a tu casa o bajo al centro, aquí, dada la geografía del lugar, es bastante común usar los túneles hechos por mineros y trabajadores de la ciudad. Eso sí, hay personas que desde que comenzaron en sus empleos usan el túnel – haga frío o calor- como camino directo a sus labores y de regreso a sus casas.

Esta es la histomagia de Omar, un joven deportista que hace algunos ayeres, su trabajo estaba en Pozuelos, y él vivía a un lado del otrora Cine Guanajuato, vecino del edificio Central de la Universidad de Guanajuato.

Omar nos cuenta que para llegar y regresar tranquilo de sus labores, decidió tomar como camino cotidiano el túnel que va de Embajadoras a Pozuelos. Así que por muy tarde que saliera, él tomaba el túnel, todo estuvo bien hasta que una noche en que salió demasiado tarde de su trabajo, tomó el túnel vía Pozuelos-Embajadoras como siempre, pero esta vez, dada la hora estaba prácticamente solo, no pasaban carros ni personas, el silencio sólo era interrumpido por el chirrido de alguna conexión eléctrica de las lámparas que lo iluminaban, pero eso no le importó, acostumbrado a esos ruiditos, siguió su camino y él,  siendo deportista, en verdad no era problema recorrer ese túnel una vez más, era claro que lo recorría más rápido que la mayoría.

Esa vez aunque veloz de repente se dio cuenta que su avance era mínimo, sintió como que estaba en una caminadora, haciendo el paso, pero sin avance; volteó hacia atrás para cerciorarse que sí estaba recorriendo el túnel iluminado, y ese túnel daba fe de que sí lo estaba recorriendo, de hecho un buen tramo. Desconcertado por la situación, volteó al frente y siguió caminando, ahora aún más aprisa que de costumbre. En eso, casi al momento sintió que una piedrecilla caía en su espalda, siguió, no le hizo caso, pues pensó que eran piedritas que caen de la peña, piedra perforada que las máquinas atraviesan para hacer el túnel. Eso pensaba, cuando de pronto sintió que “algo o alguien” estaba acompañándolo, no estaba solo. Para asegurarse volteó otra vez y para su sorpresa seguía en el mismo lugar, no avanzaba, esta vez decidió correr por en medio de la calle del túnel, no había carros pasando, por los vivos no habría problema, pero por los muertos era otra cosa…en eso, cuando apretó el paso sintió como que había más personas detrás de él, “ellos” comenzaron a tirarle piedritas en la espalda, “ellos” iban también corriendo detrás de él, a su paso, Omar cerró los ojos y pensó: “Esto no está pasando, esto no está pasando…” pero sí, sí le estaba pasando a él, cuando abrió sus ojos, para su sopresa ya estaba a dos zancadas de llegar a la salida del túnel, sintió alivio cuando al poner el pie fuera del túnel esas piedritas dejaron de estrellarse en su espalda. Agitado y respirando fuerte, valiente, muy valiente, volteó hacia el túnel y sólo alcanzó a escuchar como si un grupo de personas se alejaba de él, de la salida, arrastraban pesados costales con piedras, luego, silencio, el chirrido y sólo su respiración agitada se escuchaban.

Al llegar a su casa le platicó lo sucedido a su esposa, quien devota le pidió que rezaran juntos para que esas almas solitarias descansen en paz de una vez. Así lo hizo.

Desde ese día cuando caminada por el túnel, por muy tarde que fuera, jamás volvió a sentir piedritas en su espalda. El rezo surtió efecto.

Dicen los que saben que las almas de los fallecidos salen cuando la energía es tanta que  se manifiestan de diversas formas, tal vez era la forma en que alguien o algo le decía te estamos acompañando, pero cuando esos entes te atacan es porque están enojados con su final, que debió ser muy doloroso y pienso que siendo mineros su fin fue macabro.

Ahora, pienso que si eso pasa en los túneles mágicos de Guanajuato, no me quiero imaginar qué es lo que pasa en las entrañas de la tierra donde los mineros bajan cada día cientos de kilómetros para sacar el mineral, oro o plata, cuánto mineros que ellos ven sólo son almas que murieron ahí y que estarán en esas vetas por la eternidad. La tierra tiene sus secretos y sus almas condenadas a estar dentro de ella.

¿Quieres conocer a Omar? Tal vez te cuente más de estas histomagias que sólo ocurren en esta mítica ciudad.

Ven, lee y anda Guanajuato.