Depresión, la gran epidemia de hoy*

Depresión, la gran epidemia de hoy*

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Afecta a 264 millones de personas

Sesión del Seminario Permanente de Bioética organizado por el PUIS

Fabiola Méndez   

©Gaceta UNAM 

La depresión es una enfermedad crónica no transmisible que puede durar mucho tiempo, lo cual tiene un costo en los años de vida saludable; además, es una de las principales causas de discapacidad en el mundo, ya que según cifras de la Organización Mundial de la Salud, afecta a 264 millones de personas.

María Elena Medina-Mora, directora de la Facultad de Psicología, afirmó lo anterior en el contexto de la sesión de septiembre del Seminario Permanente de Bioética, organizado por el Programa Universitario de Investigación en Salud (PUIS).

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El padecer depresión es muy grave y complejo, porque no se puede resolver en una consulta, pero no es reconocido ni atendido por las autoridades correspondientes, aseveró Samuel Ponce de León Rosales, coordinador del PUIS, al comentar la sesión.

Medina-Mora explicó que la situación previa a la pandemia en cuanto a depresión no atendida ya era delicada; no obstante, el riesgo se incrementó por todo lo desencadenado durante la crisis sanitaria y, posteriormente, por las secuelas de la Covid-19. Este aumento de casos del padecimiento lleva a considerar a la depresión como la gran epidemia, título que dio nombre a esta sesión del seminario.

Durante su exposición, la especialista definió que es una enfermedad poco agradable, la cual se asocia a sufrimiento físico; alrededor de la afección hay estigmas de la sociedad de que está en las manos del paciente su mejoramiento, pero esto no es así, se requiere de ayuda profesional.

La experta en psicología social enfatizó lo indispensable de cambiar la forma en que se da tratamiento a este mal, ya que se agrava en condiciones de pobreza y al no cumplirse las necesidades básicas, lo que aumenta las brechas de desigualdad relacionadas con salud.

Algunos de los síntomas son un estado de disminución del interés o capacidad de disfrutar todas las actividades, pérdida de peso o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, agitación o lentitud psicomotoras, fatiga o pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva, disminución de la capacidad para pensar o concentrarse y pensamientos recurrentes de muerte.

Al mencionar las consecuencias de este trastorno mental, la académica recalcó que es la principal causa en el orbe de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad, es decir de días vividos sin salud. “Uno de los mayores costos de la depresión no atendida es lo que se le llama presencialismo, pues las personas están perfectamente bien para trabajar, pero no producen, lo cual significa una pérdida importante para el Producto Interno Bruto, los individuos y sus familias”.

Apuntó que hay muchos estigmas alrededor de este mal, ya que se rechaza a la persona enferma, a los profesionistas y a las instituciones que lo atienden. Es algo que afecta más a la mujer que al hombre y, en el peor de los desenlaces, la puede llevar al suicidio “a pesar de contar con tratamientos eficaces”.

Esto se da por la falta de atención temprana, pues, a decir de Medina-Mora, los tratamientos no llegan a la población y no hay abasto de medicinas. “En el Seguro Popular se incluyó a las enfermedades mentales, pero tuvo una intervención mínima; la mayoría de los pacientes siguieron sin contar con medicamentos… Al ser una enfermedad crónica se deben tomar durante mucho tiempo y si no se hace hay recaídas”.

Primero, otros males

Un factor asociado a la falta de atención se debe a que el gobierno ha dado prioridad a la mortalidad, es decir, a afecciones como el cáncer y trastornos cardiovasculares.

“México es uno de los pocos países en donde los pacientes llegan a la atención en hospitales de tercer nivel, sin pasar por otros niveles de atención; ya llegan tarde, en muchos de los casos después de años de haber presentado los primeros síntomas”, detalló.

La especialista expuso que la situación se agrava cuando se asocia la depresión a enfermedades físicas; no obstante, si se atiende, la adherencia al tratamiento y el diagnóstico mejoran para el paciente.

Para tratarla óptimamente, hay que tener en cuenta que hay varios tipos de depresión o episodios que pueden variar con el lapso del tiempo o incluso algunos que pueden durar años.

Por otro lado, la también profesora de la Facultad de Medicina insistió en que tener síntomas no quiere decir que ya se padezca la enfermedad, hay que tener cuidado con la instrumentación para diagnosticarla.

Por ello, señaló que se mide mediante el trabajo experto, por la manifestación de los síntomas, con escalas de instrumentos diagnósticos, cuestionarios con una gama amplia de preguntas con duración de al menos dos horas entre otros instrumentos.

Por medio de ellos se ha encontrado que en los últimos 12 meses el padecimiento en poblaciones jóvenes ha aumentado; “esa población está viviendo una crisis, hay índices muy altos en necesidades de atención en este sector por la falta de oportunidades en educación y trabajo”.

En ese sentido, advirtió que la población enferma en las primeras etapas de la vida, la infancia, adolescencia y juventud. Lo grave es que de 32 por ciento que ha padecido psicopatologías en su vida, sólo 19 por ciento ha recibido tratamiento, en muchas ocasiones en etapas ya críticas.

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Sus primeras apariciones

Este mal preocupa porque es altamente discapacitante en las relaciones sociales y puede hacer sus primeras apariciones con la exposición a la violencia, el abuso sexual y la violación, ya que son un factor asociado a ese trastorno.

De acuerdo con Medina-Mora, tener depresión en la adolescencia y no recibir tratamiento significa 3.2 por ciento más riesgo de abandonar la escuela, con lo que se perdería la oportunidad de una mejor vida; 18 por ciento más riesgo de presentar dependencia a drogas; 6 por ciento de riesgo de abuso sexual, “con esto se reproduce el ciclo violencia–pobreza con el que hay que terminar”, exhortó.

Para lograrlo, dijo, hay que atender la salud mental y los determinantes sociales que la causan como la pobreza, acceso a servicios, ambientes inseguros, violencia familiar, “tenemos que incrementar el tratamiento, pero también trabajar de manera conjunta en el avance social. Si se instrumentan medidas de desarrollo y la persona tiene una depresión grave, no podrá aprovechar estas oportunidades, se requiere salud mental”.

Y para tener resultados, primero se debe trabajar en el tiempo en que un individuo recibe atención versus empieza con la manifestación de los primeros síntomas, debido a que la población vive muchos días sin salud porque no tiene acceso a los medicamentos. La gente tarda hasta 14 años en tener un tratamiento”.

Asimismo, subrayó, se tiene que trabajar en la atención desde los primeros niveles de salud, pues la mayoría de los tratamientos se da en la consulta ambulatoria o en hospitales de tercer nivel cuando ya se está en una situación más grave.

El bajo presupuesto en salud mental, la disminución de consultas médicas, la no integración de la salud mental a los servicios de salud y no considerarla como un servicio esencial son factores determinantes para que el mal aumentara durante la pandemia.

“NO SÉ CÓMO SOBREVIVÍ”

Cuando se tiene depresión se batalla todos los días. Miras en el espejo el rostro de la enfermedad, escuchas el eco de las palabras del psiquiatra, los temblores y el aletargamiento del cuerpo causado por los antidepresivos.

Marisol* fue diagnosticada con este padecimiento y lleva varios años tomando antidepresivos y asistiendo a psicoterapia. Comparte su testimonio con Gaceta UNAM, pide que no mencionemos su nombre completo ni el lugar donde trabaja. La afección que padece le ha traído críticas e incomprensión.

Su voz se quiebra cuando le pregunto cómo es un día cotidiano con depresión. “Es una cosa muy fuerte, no te sientes dueña de ti misma. Cuando empecé a medicarme y a asumir que la tenía, a veces me podía levantar, meterme a bañar y quedar lista para arreglarme e irme a trabajar, con una gran responsabilidad, y era una situación muy difícil no poder lograrlo, volverme a quedar dormida hasta que alguien me llamaba y me decía: te estamos esperando, ¿vas a venir? Eso era muy desesperante. Yo sabía y sentía que las personas a mi alrededor me miraban con lástima. Algunas con preocupación y otras evidentemente con mala actitud.

“Un día muy triste de mi vida fue cuando me reincorporaba a mi trabajo después de unas vacaciones. Me veía fatal. Mi mejor amiga me decía: todo va a estar bien, estoy contigo. Yo no tenía cabeza para organizar mi trabajo, no tenía cabeza para liderar el trabajo. Sólo tenía ganas de llorar, meterme debajo de mi escritorio y no querer saber nada.

“Sin ganas de vivir, sin saber para qué estoy aquí. La desesperación de la gente que te rodea. No quería continuar, no me interesaba nada. Tuve que ir entendiendo poco a poco que era una condición de vida y que no iba a ser para siempre.

“Me hacía bolita en un sillón, sólo quería dormir y me intentaban preparar cosas para que comiera. Yo no quería comer. A veces sólo llegaba, comía y me hacía bolita en ese sillón a dormir toda la tarde esperando no despertar, pero siempre despertaba. Me despertaban y era para volver a comer e irme a mi cama y volverme a hacer bolita y quererme morir. Mi mamá entraba y me decía: tienes que trabajar, ya báñate, se hace tarde. Yo no sé cómo sobreviví.”

*Se cambió el nombre de la entrevistada para cuidar su identidad.

Daniel Francisco


Rebasa este mal casos de Covid-19

Se extiende la depresión

Hasta el inicio del otoño de 2021, se calcula que en el ámbito global la depresión afectaba a 264 millones de personas, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.

María del Carmen Ramírez Camacho, académica de la Facultad de Psicología (FP), habló del tema y aseveró que este mal “también ha derivado en una problemática económica para los diferentes países que han tenido que enfrentarlo, y que además contribuye precisamente a una carga global con respecto a la morbilidad.”

La cifra estimada de individuos con depresión rebasa incluso la de contagiados acumulados en el orbe por la Covid-19, que es de más de 219 millones, agregó.

Al dictar la conferencia Depresión en Tiempos de Covid, convocada por la Unidad de Desarrollo de Materiales de Enseñanza y Apropiación Tecnológica de la FP, Ramírez Camacho indicó que, para considerar una alerta por depresión, los síntomas se presentan de manera continua por más de dos semanas. “Son sensaciones similares a la angustia, preocupación, y a la pérdida de interés en aquellas actividades cotidianas atractivas para las personas en cuestión.”

Pero en México, dijo, también se han posicionado sintomatologías como el enojo o la irritabilidad, sobre todo entre los más jóvenes, además de un estado de fatiga constante, e incluso un sentimiento de inutilidad.

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Medidas y sugerencias

Para quien tiene depresión una sugerencia sería cuidar la calidad del sueño, debido a que se relaciona directamente con el estado de salud general. “Si no es adecuado, habrá problemas de concentración y falta de energía”.

Agregó, además, que la alimentación debe ser equilibrada, con por lo menos tres alimentos al día, lo que ayudará a mantenernos atentos a nuestras actividades diarias.

“¿Qué hago si pienso que estoy deprimido o si alguien cercano está en esa condición? Lo más relevante es solicitar un primer contacto de ayuda. Acudir con alguien de confianza, incluso con un médico familiar o general, que puede canalizarnos con un especialista.”

Cuando se trata de una tercera persona, debemos preguntar sin temor, porque quizá ésta requiere ayuda y no sabe cómo pedirla. Invitémosla a caminar, y que nos relate cómo se siente, eso funcionará, concluyó.

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*Tomada de Gaceta UNAM. Publicada con fines no lucrativos. Si usted está interesado en estos temas, visite el sitio: https://www.gaceta.unam.mx/depresion-la-gran-epidemia-de-hoy/