Desde el Faro

EL CONCERTINO

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25 Años con la OSUG

Con el arco y el violín en cada mano, es como un guerrero. Es un líder musical con responsabilidades muy diversas, desde afinar a la orquesta hasta trabajar en estrecha relación con el director; además es el violinista más hábil y conocedor del grupo, y simultáneamente, es el principal intermediario entre el director y los demás músicos.

Es un excelente intérprete como solista, cultiva habilidades de liderazgo, enseñanza y comunicación, ayuda en los procesos de audición y contratación de los intérpretes, resuelve problemas técnicos, artísticos, e incluso personales entre los integrantes de la orquesta; y cuando se escucha la tercera llamada, casi para iniciar el concierto, sale al escenario, recibe aplausos, afina a la orquesta, recibe el saludo del director y comienza la ejecución de la obra; pareciera que su responsabilidad ha concluido, pero, todos los músicos de cuerda observan y escuchan sus movimientos.

Aún más, si la obra en cuestión contiene una parte solista para el violín, él la interpreta. A Dimitri Kiselev, concertino de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato, le gusta mucho interpretar “Sherazade”, del compositor Nicolay Rimsky – Korsakov; y aunque nunca la ha interpretado con la OSUG, le apasiona “La Meditación de Thais”, de la ópera “Thais”, hermosa melodía – tal vez la más bella escrita para el violín -.

Dimitri nació un 22 de octubre, en Moscú; desde muy pequeño cantaba y pintaba, su padre era violinista y los ensayos de su grupo eran en casa; a los 5 años comenzó a estudiar el violín. Por la mañana recibía la educación básica, y por la tarde, la educación musical; no era la vida normal de un niño, porque mientras los demás jugaban, él estudiaba y estudiaba; recuerda sus ansias por correr tras la pelota de futbol, algunas veces, podía hacerlo, pero la mayor parte del tiempo, no.

Después, siendo adolescente, ingresó al Conservatorio de Moscú; luego, se integró a varias orquestas financiadas por el Estado Ruso, con una de ellas, permaneció un mes en Chernobyl – donde fue el desastre nuclear – , ahí llegaron a interpretarse hasta cinco conciertos al día; los músicos estaban conscientes del peligro que representaban las radiaciones atómicas, aún así cumplían su labor, además, cargaban con todo el equipo de trabajo. Por supuesto que el repertorio era muy nacionalista, incluía el folclore de las entonces 15 repúblicas soviéticas.

Ya para 1996 la vida era muy difícil en toda la Unión Soviética; ese año, recibió una llamada de quien había sido su maestra de violín en Moscú; esto cambió su existencia; después de 18 horas de vuelo, llegó al Aeropuerto de la Ciudad de México, fue un 22 de octubre, lo recuerda bien por ser el día de su cumpleaños; el destino final fue Aguascalientes; era la época en que Gordon Campbell era el director de la orquesta hidrocálida; con ellos participó como extra, y luego, fue concertino.

Para 1999, otra llamada transformó su destino, Mikhail Rovinski, entonces chelista de la Sinfónica de Guanajuato, le recomendó probar suerte con la OSUG; el director era José Luis Castillo; recuerda que de él aprendió mucho; otro buen director era Enrique Bátiz, pero con él la situación laboral siempre fue difícil, su trato era grosero, y el concertino tenía que mediar entre el temperamento del conductor y las protestas de sus compañeros; esta situación fue la prueba de fuego para el violinista, templó su carácter.

Luego, llegaron a dirigir a la sinfónica universitaria, Juan Trigos, Orozco y Roberto Beltrán; para Dimitri, Castillo – actual director de la Filarmónica de Jalisco – y Bátiz han sido los mejores.

LA OSUG, UN TRAMPOLIN

A lo largo de los últimos años, muchos atrilistas han emigrado a otras orquestas en busca de mejores condiciones laborales; en la OSUG se preparan, consiguen un nivel más alto y se van; la orquesta de Guanajuato se ha convertido en especie de “trampolín”, la situación es preocupante, sin embargo, el violinista asegura que no se ha perdido el nivel, y lo comprueba con los éxitos de la temporada 2024; el resultado se debe a la entrega de los músicos y a los directores invitados.

LA ACTUALIDAD

En la presente temporada, la orquesta ha tenido a 9 directores invitados; de ellos, el concertino asegura: “la maestra Grace Echauri tiene pequeñas fallas, pero sabe tocar y marcar cada movimiento”; “Juan Carlos Lomónaco es un excelente músico”, “Guido María Guida- quien dirigió la ópera Parsifal- es como un dios griego que vive en El Olimpo, tiene altísima calidad, pedir más es ofender al Creador”, “soy un fan de Iván López Reynoso, tiene excelente educación musical y extraordinario talento”; Ludwig Carrasco es un director hecho y derecho”; “Daniel Missyk, es una chulada”, y a Enrique Diemecke lo califica como “una bomba atómica”. Para él, Laura Reyes y Mariana Martínez, aún no alcanzan suficiente madurez.

EL FUTURO CERCANO

Y aunque la OSUG no tiene director titular – grandes orquestas, como la Sinfónica de Londres, tampoco lo tienen -, Dimitri Kiselev, quien se observa en la gráfica que ilustra esta nota dialogando con sus compañeros durante un ensayo dirigido por Scot Yoo, en diciembre del 2015, no le teme al futuro de la orquesta universitaria; por lo pronto, asegura que el público podrá disfrutar del placer de la música durante los próximos conciertos con obras como: la Sinfonía No. 1, de Richard Strauss; la Sinfonía “Heroica”, de Beethoven; o la inquietante Sensemayá, de Silvestre Revueltas.