Histomagia

GUANAJUATO

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A Lucía. Descansa en paz amiga.

Creyendo que Guanajuato es una ciudad donde la noche es toda una fiesta, miles de turistas nocturnos llegan cada día para conocer y disfrutar esas noches y madrugadas donde la música de las estudiantinas, el mariachi y los ecos de los callejones y los que salen de la antigua ciudad enterrada, se escuchan y pierden en el mismo barullo que la gente, con su algarabía, hacen.

Los diferentes cafés son lugares que permiten escapar de esos sonidos que otras veces eran tentadores, pero que ahora con más de 50 años de edad, para muchos de los que vivimos aquí, sólo evocan recuerdos que pasan como pantalla de cine en la cabeza.

Me cuenta mi amiga Lucía que esta semana salió de noche a verse con un amigo que no veía hace mucho. Y sí, definitivamente comprobó que los oídos ya no están para esos trotes de andar tras la estudiantina o detrás de los mariachis oyendo de a gratis las canciones persiguiendo banca por banca en el Jardín Unión a todo músico que diera señales de vida con su canto. ¡Ahhh, qué tiempos aquéllos!

Me dice mi amiga que estaba esperando en una de las bancas a su amigo, ella realmente a estas alturas pedía que llegara pronto para ir a refugiarse a algún café y no escuchar la música simultánea que no deja dormir a los árboles del jardín ni deja descansar las fuentes que habitan allí; ya desesperada cerró los ojos pidiendo en sus adentros que el silencio se hiciera presente. Abrió sus ojos y sí. El silencio estaba con ella, sólo con ella. Miró a su alrededor y las caras de las personas que pasaban frente a ella, iluminadas por unos faroles cuya luz era parduzca, y que caminaban por el piso rojo del jardín ahora antiguo, se veían grises y secas, como llenas de polvo; miró a su alrededor y el mariachi ya no estaba, estaban árboles grandísimos… un carro antiguo pasó frente a ella, en el suelo empedrado, era una callecita que rodeaba el jardín. Viró su cabeza buscando el Teatro Juárez y ahí estaba. Sólo que no estaba ni la Giganta ni la estatua del músico tuno que ahora desde hace tiempo lo acompañan. Hombres con sobreros, mujeres con enaguas y rebozos con sus caras ajadas por el tiempo, la miraban con curiosidad, cuchicheaban con voces inaudibles, el silencio imperaba desde esa época antigua eso era indiscutible… Lucía no daba crédito y decidió cerrar los ojos y pedir, no, no pedir, suplicar que los sonidos del Guanajuato vivo, presente, regresara. Sintió en su cara el viento frío de la noche, pero el silencio la seguía acompañando, no quiso abrir los ojos, no quiso saber de ese desliz temporal, ¿eso era? Pasaron los minutos y en el colmo de la desesperación por la calma allá afuera, decidió abrir los ojos, en cuanto los abrió vio a su amigo que llegaba con la eterna sonrisa y su  buena vibra; desesperada lo abrazó y eso fue suficiente para que el sonido del barullo típico de esta ciudad nocturna llegara a sus oídos como hace unos minutos… miró a su alrededor y la chica de los pays, el tuno con su capa, el mariachi en el bar, el agua cantarina, los árboles que no descansan sus hojas movidas por el viento, todo, todo seguía como siempre, como ahora, como en este presente. Se apuró a jalar de la mano a su amigo para huir al primer café que se le ocurrió, no ahí, ya no quería estar ahí. El café del Ágora del Baratillo fue su refugio y salvación, pidieron capuccinos y pastel para ponerse al día, la noche pasó, la plática y las risas estuvieron cubiertas de añoranza de tiempos antiguos, juntos… se despidieron en el jardín.

En su camino a casa, Lucía solo atinó a pensar que esos instantes fugaces de ese viaje al pasado la hicieron valorar lo que ahora tiene. Esta ciudad te enseña, esta ciudad te cuida, te muestra su pasado, porque está hecha de historias como cada uno de nosotros. Los que saben dicen que las historias de las ciudades y de las personas están hechas de silencios porque somos una compilación de tiempos pasados, sobre todo aquí en esta mágica ciudad que tiene sus casas enterradas debajo de la actual, porque aquí lo enterrado representa la mente y en el corazón de este lugar…y sí, los espíritus y fantasmas que rondan cada calle, callejón y plaza siguen mostrándonos una ciudad viva, colonial, cantarina como las palabras que relato en cada histomagia. ¿Quieres conocer de noche el centro de esta ciudad con almas vivas y muertas? ven, lee y anda Guanajuato.