El Laberinto

Parece broma pero…

Compartir

Un día cualquiera entre semana, en una tienda de cadena de esas relativamente baratas, adentro de una colonia como hay muchas, una señora como tantas está comprando cosillas de aquellas que a todos se le olvidan, mientras usa sus audífonos que le evitan conversaciones incómodas y esa espantosa música que ponen cualquier hora, en cualquier tienda de cadena de esas relativamente baratas en una colonia como hay muchas.

De pronto, un sujeto se cruza en el pasillo: es delgado, desprolijo, tiene el rostro tapado, brinca como un niño pequeño, no tiene mucho gobierno de sí mismo, la señora (es decir la que tecleó este escrito) se retira un auricular para enterarse de la situación y escucha al tipo reír mientras le pregunta ¿te asusté?

Parecería gracioso un imbécil buscando atención a costa de provocar sobresaltos en una tienda de cadena de esas… bueno ya saben de cuáles y riendo de las expresiones de sus conejillos al saltar, me hubiera reído también o le hubiera lanzado alguna de esas cosillas que a todos se les olvidan y que casualmente (o no tanto) llevaba en las manos, salvo que el tipo en cuestión era el de seguridad de dicho establecimiento y estaba armado hasta los dientes, aunque no se los vi.

Tan sólo pagué apurada, mientras le decía al cajero con voz bajita que si estaba en peligro parpadeara tres veces (no lo hizo) y salí lo más corriendo que mi dignidad y edad me permitieron, mientras de reojo veía como asustaba a otra incauta señora consumidora.

Resulta que alguien como lo describí, no debería tener una escopeta de ese tamaño, un trabajo protegiendo a los demás, un momento de torpeza en horas laborables, pero ahí estaba. Y es que, si extrapolamos eso al mundo, más allá de la tienda y de la colonia estamos llenos de personajes así: payasos infantiloides buscando atención con intimidación, abusando del poder, con armamentos como para volvernos sombras de ceniza en una pared en ruinas. Con la seguridad y los recursos de países enteros en sus manos.  No es gracioso, es aterrador.

Ahora cada que veo las declaraciones y las acciones de estas figuras vistosas si me río, porque la burla la traigo en el ADN, pero me río preocupada notando lo bajo que hemos caído como sociedad, por lo circense (con todo respeto y amor para los cirqueros de verdad) y ridícula que se ha vuelto la geopolítica, mientras me pregunto ¿cómo hay gente que puede tomar en serio a figuras así?, ¿cómo hay quienes desestiman el peligro de esa forma? A esa tienda ya no vuelvo, pero ¿cómo me bajo del mundo?