El Laberinto

Vacías

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Descubrir una palabra, hasta ese momento desconocida, disfrutar de su sonido, conocer su significado, pasearla todo el día en la boca como un dulce, aprovechar cada ocasión para usarla, repetirla, desmenuzarla, pronunciarla encadenada, hasta que las sílabas pierden el orden, hasta que queda sin forma y  vacía de sentido y se acomoda junto con el resto de las palabras ya conocidas. Todo esto siempre ha sido increíblemente divertido, para mí, porque me permite describir mejor el mundo.

Pero ahora he visto una tendencia peligrosa y similar, pero en modo ultra amargo, como la peor de las toronjas en discursos, principalmente de odio, no se busca el significado, se usa mal, se pasea todo el día en la boca, en la yema de los dedos para soltarla a la menor provocación, pierde el sentido y la dimensión y después se coloca en lenguaje cotidiano, deforme y maltrecha o se guarda en la lista de insultos. En lugar de retratar al mundo, lo hacen extremadamente opaco y confuso.

Estoy convencida de que las palabras tienen un propósito, que contienen algo y que describen específicamente una cosa, una acción o un fenómeno, con los objetos no hay tanto problema, un dado es un dado, pero cuando son términos que describen situaciones más complejas, principalmente si éstas afectan a otras personas, pues pueden minimizar la gravedad de un fenómeno o satanizar a algún grupo o práctica.

Por ejemplo sucedió con el término bullying, que se convirtió en sinónimo de llevarse pesado y que además abandonó las aulas para volverse universal, “me va a bullear mi familia” “me bullean en el trabajo”, incluso llegó al punto de que los maestros afirmaban categóricamente que existía bulling en sus aulas y al pedirles ejemplos solo me contaban bromas, pesadas sí, pero que no incluían el aislamiento y acoso sistemático y dirigido que incluye el término. Entonces el mal uso de la palabra invisibiliza el fenómeno, retrasa soluciones y no le hace justicia a quienes lo padecen.

Igual sucede con el racismo, que no es solo hacer bromas sobre la apariencia o costumbres de las personas, si no quitarles derechos y oportunidades, ya que el racismo va respaldado por el poder y la impunidad, sin importar el color de los involucrados, pues varía por región, el racismo inverso, es decir desde una minoría, no existe ¿se pueden invertir los papeles? Claro, pero implica un cambio en el poder y por lo tanto, sigue siendo racismo a secas.

Importan las palabras y como se usan, lo primero para resolver un problema es nombrarlo y conocerlo y estas interferencias vacían a las palabras, el resultado es similar a cuando un médico se equivoca de diagnóstico, imagina que te traten una herida profunda como un rasguño, a que un bombero corra a apagar un incendio que en realidad es un chispazo, en sí que el remedio va a ser muy poco o demasiado, en proporción. Cuiden las palabras.