El Laberinto

¡Me quiero volver chango!

He andado pensando en las ventajas que tiene la existencia de los changos, específicamente de los bonobos, sobre la de cualquier adulto promedio. Y los changos nos ganan por paliza, crianza colectiva, poca agresividad, alimento gratis, estructura social horizontal, no tienen que lidiar con el SAT, ni decidir que estudiar, sin explotación laboral, sin trastes que lavar… en fin, que si gustan pueden buscarme en el árbol más cercano que ahí estaré comiendo fruta plácidamente.

Fuera de broma, todo este asunto de los Therians, que defino como personas que se identifican un poco más de lo habitual con otras especies animales (no me miren feo, en mi corazón yo soy un mapache) y que lo utilizan como medio de identidad y socialización, me tiene muy entretenida con los memes pero muy preocupada por todo lo que conlleva y que es mucho menos divertido.

Y va por muchas esferas así que vamos a brincar de rama en rama viéndolas. Para empezar, la necesidad de pertenecer y de ser diferentes es bien normal, más cuando se está en la adolescencia, en mis tiempos se creían vampiros o Bunbury o Gokú y se agrupaban a través de estas identidades con personas similares, lo cual es una excelente forma de conocerse a uno mismo, de probar límites y de convivir, ya de grandes ese germen se asimila y pues ahí tenemos adultos expertos en lo gótico, músicos o dibujantes de comics y coleccionistas, que son personas completamente normales y que incluso encuentran ahí un medio de subsistencia. 

Si quieren vestirse de perros y gatear, pues bien por ellos que ya le perdieron el pavor al cringe y  a lo mejor después van a ser actores o protectores de los animales o cosplayers o botargas. O tal vez solo se les pase la moda y ya está.

Me preocupa más que les está ofreciendo el mundo a los therians, que prefieren refugiarse en este Peter Pan de peluche y la respuesta es triste, un futuro repetitivo y negro, un mundo que trata mejor a los animales que a los niños, unos antecesores que los juzgan pensando un montón de cosas horribles de ellos satanizando lo que se sale de estándar, como siempre, y pegándole a los más vulnerables. Y que amenacen con patearlos, echarles agua o esterilizarlos me parece exagerado y monstruoso.

Luego está la arista más filosa de este tema, los therians se han vuelto la materialización de todos los argumentos ridículos de las personas transfóbicas que siempre salen con su: “¡Ay! yo me creo un helicóptero”, “yo me identifico como un niño de tres años”, “si no me aceptas como perro, es perrofobia” y un largo y disparatado etcétera. Y ahí andan estos prejuiciosos lamiéndose los bigotes y creyendo que tenía razón, que se suman a los adultos enojados o preocupados y a los medios que andan dejando de lado cuestiones importantes por pensar en chicos vestidos de perro y a frustrados sacando su violencia por ahí, habiendo tantos villanos reales en el mundo. ¿Saben que no he visto aún? A un solo therian, pero de que dan ganas, dan ganas.