El Laberinto

¿Resentido?

Estaba comentando alguna publicación sobre cierta rubia famosa de prominente delantera y “cuestionables” (usando ya el término en la rayita más alta de mi indicador de amabilidad) opiniones políticas, criticando las segundas por cierto, cuando una horda de  pajilleros de la red atacaron sin piedad insultando mi físico y edad para coronar con un término que me anda bailando desde entonces en la cabeza: resentida.

Bien lo decía el señor Antonio Gramsci (1891-1937) las clases dominantes no solo tienen el poder económico y el uso de la fuerza, también tienen de su lado el aspecto ideológico, que se impone a través de los productos culturales y que es imprescindible para mantener el orden, pues incluso los menos beneficiados lo consideran justo o necesario. O dicho de modo coloquial la razón por la que se soportan las cachetadas es porque creemos que quien nos las da merece hacerlo y porque además soñamos con algún día ser el cacheteador. ¿Y esto que tiene que ver con la rubia sensual del primer párrafo? Todo.

Resulta que, para una parte importante de la población, las personas que cuentan con algo de lo que nos han enseñado a desear tener ya sea belleza, dinero, fama o poder, lo merecen, han luchado por ello, están en la cúspide de nuestra escala social por el hecho de que lograron ser mejores que el resto. Esto se sustenta también en la falacia de que todos si le “echamos las suficientes ganas” podríamos llegar a estar en ese sitio, es decir, convertirnos en el cacheteador en lograr de cuestionarnos si en realidad es necesario que alguien ande repartiendo cachetadas, para empezar.

Y aquí viene entonces la carta abierta del “resentimiento”: cualquier opinión contraria a dichas figuras de autoridad puede ser fácilmente desechada por alguien de mente chatita diciendo que la crítica proviene de la “envidia” que se le tiene a dicha figura y no de sus horrendas acciones.

Y ahí vemos a obreros defendiendo a millonarios evasores de impuestos soñando con algún día ser uno de ellos; a latinos defendiendo al señor anaranjado por la posibilidad de ser algún día un ciudadano americano que gane en dólares, y a pajilleros defendiendo a la rubia esperando que todas queramos ser como ella para que así abunden y con suerte, alguna de ellas los voltee a ver.

Volviendo al resentimiento puro y duro, cuando la desigualdad es tan notoria es normal y hasta necesario que exista, el problema es más bien la forma en la que éste es canalizado, yo no odio a quien está beneficiado por el estado actual de las cosas, sino al estado actual de las cosas. Y no, no sueño ser la rubia bustona, sueño con un mundo donde quepan formas más comunes y asequibles de belleza, aunque para como están las cosas la apariencia es el menor de los problemas.