– En la última de una serie de charlas en varios campus universitarios, se reconoció a estudiantes de nivel medio superior, quienes ganaron el reto de lectura de una de las obras del investigador español
Guanajuato, Gto., a 25 de marzo de 2026.- En el marco de la 68a Feria Internacional del Libro de la Universidad de Guanajuato (FILUG), el Dr. José Miguel Mulet, catedrático de biotecnología en la Universitat Politècnica de València e investigador en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas, presentó en diversos campus la charla “Somos lo que comemos”, donde invitó al público a descubrir cómo el lenguaje ha moldeado la forma de alimentarse.

En el Patio Jesuita de la UG, el especialista mostró que cada ingrediente y cada nombre en la cocina guarda una historia que trasciende fronteras y épocas, revelando que lo considerado “tradicional” es, en realidad, el resultado de siglos de intercambio, adaptación y transformación cultural.
«La historia de la alimentación está profundamente ligada a la evolución del lenguaje, la cultura y los procesos históricos. Comprender qué comemos hoy implica mirar hacia los primeros centros de domesticación, donde surgieron los alimentos básicos que dieron forma a distintas civilizaciones», dijo.
Uno de los principales focos fue el “creciente fértil”, considerado el origen de la alimentación en occidente, lugar donde se cultivó el trigo, la cebada y la avena, así como se domesticaron animales, tales como ovejas y cabras. De manera paralela, en China se desarrollaron productos fundamentales, como el arroz y la soya.
Durante el conversatorio, Mulet también destacó cómo las traducciones y errores lingüísticos han influido en la percepción cultural de los alimentos.
«Un caso emblemático es el del fruto prohibido en el relato bíblico. Contrario a la creencia popular, no se menciona la manzana en el texto original, sino que esta asociación surgió por un error de traducción del latín, donde la palabra malus podía interpretarse como ‘mal’ o como ‘manzana’. Además, históricamente, la manzana ni siquiera formaba parte de la dieta en la región cuando se escribió el texto», explicó.
Por otro lado, los intercambios culturales han sido determinantes en la difusión de ingredientes. Durante la Edad Media, el corredor árabe permitió la circulación de productos, como el arroz, el azúcar, las espinacas y las zanahorias desde Asia hasta Europa, sin restricciones comerciales existentes en otros territorios fragmentados.
Este intercambio explica por qué platos similares pueden encontrarse en distintas partes del mundo. Preparaciones basadas en arroz, por ejemplo, aparecen en diversas culturas, lo que evidencia una conexión histórica entre ellas.
El ponente mencionó que existen los “accidentes congelados”, es decir, situaciones históricas específicas que dejan huella en el lenguaje.
«El descubrimiento de América provocó una transformación profunda en la nomenclatura de los alimentos. Muchos productos adoptaron nombres indígenas (chocolate, aguacate o maíz), mientras otros recibieron denominaciones basadas en similitudes con alimentos conocidos (pimiento, piña)», apuntó.
Durante la charla, se destacó la influencia de los conflictos bélicos en la gastronomía. Un ejemplo claro es la pizza, popularizada globalmente tras la Segunda Guerra Mundial, cuando soldados estadounidenses la conocieron en Italia y, posteriormente, la difundieron en su país, donde evolucionó hasta convertirse en un producto distinto.
Incluso platos emblemáticos, como la paella, revelan una historia más reciente: aunque sus ingredientes tienen orígenes antiguos, su preparación depende del uso de utensilios modernos: la sartén de metal, desarrollada en la Revolución Industrial.
De manera similar, platillos icónicos, como el mole poblano, cuentan con registros relativamente recientes. La primera receta documentada de este corresponde a 1831, contrario a la creencia de que su preparación es completamente prehispánica.
Al finalizar la charla, se realizó el reconocimiento al estudiantado de la Escuela de Nivel Medio Superior Centro Histórico León por ganar el premio del reto de lectura “Leyendo ciencia en el Colegio: rumbo a la FILUG 68”, donde se invitó a jóvenes de esta y otras escuelas a sumergirse en el libro de José Miguel Mulet, ¿Qué es la vida saludable? Mitos y verdades sobre la salud para vivir más y mejor.
En el evento, se contó también con la presencia de 243 estudiantes de las ENMS Silao, Salamanca, Guanajuato, Celaya, San Luis de la Paz, Pénjamo, Irapuato y León por participar y adentrarse al mundo de la lectura científica.
Igualmente, asistieron integrantes del Coloquio Interinstitucional de Ciencias en Diálogo, proyecto en conjunto del Centro de Investigaciones en Óptica, Centro de Innovación Aplicada en Tecnologías Competitivas, Centro de Investigación en Matemáticas y la Universidad de Guanajuato.
