El espacio de Escipion

¿Por qué tanto miedo a la intromisión de la CIA en México?

Como va siendo costumbre, otro fin de semana enredado, rodeado de las acciones e insinuaciones del poderoso vecino del norte hacia nuestro país, conflictos que parecieran títulos de películas de terror o de espías en conflicto: “Están entre nosotros”, “Siempre estuvieron aquí”, “Sé lo que hicieron el sexenio pasado”, “Los enredos de los espías”. Siéntase libre de agregar tu favorito, querido lector, ¡porque el catálogo es infinito y esto apenas es el inicio, ahora sí en serio-en serio!

Y es que como si fuera sorpresa, los agentes la CIA en México siguen operando con su tradicional estilo: invisibles, discretos, y sólo asoman un poquito la cara cuando el relajo se pone bueno. Ejemplos hay muchos, como el ocurrido y poco esclarecido al público, de agosto de 2012, en Tres Marías, cuando policías federales balearon a un convoy de la DEA y marinos, si bien quisieron decir que fue confusión y malentendido, los bien informados supieron del pleito de agencias gringas la CIA y la DEA, mientras las fuerzas armadas mexicanas actuaban de patiños de los mismos por órdenes superiores. Aplausos reprobables para los que ni sabían para quién trabajaban durante la docena trágica albiazul del 2006 al 2012, que fue cuando más acentuaron su presencia sin avisar a nadie del alto mando mexicano.

O qué decir de la versión cada vez más fuerte que sostiene que, en el caso del asesinato de Enrique «Kiki» Camarena en 1985, el mártir de la DEA, no solo fue producto de venganza de los narcos mexicanos, sino que agentes de la CIA colaboraron o voltearon la mirada para proteger su negocio de tráfico de armas y drogas, todo para apoyar a la «Contrainsurgencia» nicaragüense para financiar su armamento. Sí, así de oscura la trama, digna de la administración de Ronald Reagan y documentada por Insight Crime y otras agencias de investigación. ¿Quién necesita guionistas cuando tenemos a los gringos produciendo sus propias tramas y apostando a la desmemoria colectiva?

Y para ponerle más sabor, no faltan las historias de cómo tuvimos a más de un presidente mexicano a sueldo de la CIA. Total, ¿para qué invadirnos si con un par de fichas en Palacio Nacional basta para controlar el tablero? LEA usted bien porque esto no es nuevo.

Pero ahora el asunto se pone más enredado, porque en plena crisis de popularidad de Donald Trump, México vuelve a ser la piñata favorita del mandatario color naranja. ¿Por qué perder tiempo en Venezuela, Irán o Ucrania cuando el sur tiene mejores pretextos para cambiar la percepción de debilidad y descontrol que podría llevar a la derrota electoral en noviembre próximo? Hasta parece que nuestro país es el comodín de todas las malas noticias, y la inseguridad interna gringa siempre tiene un culpable conveniente del lado mexicano.

Por si fuera poco, el presidente de Estados Unidos recicla amenazas como si fueran latas de refresco, prometiendo intervenir militarmente si no se desmantelan los cárteles de la droga, esos que ahora son terroristas de tiempo completo o si no hacen entrega de los políticos, funcionarios y empresarios corresponsables de la adicción a las drogas que tiene en vilo generacional a los Estados Unidos.

Cuando mueren agentes de la CIA y funcionarios mexicanos en un operativo en Chihuahua, y se descubre el “error administrativo-burocrático” de no avisarle al Ejército, una “excepción” según la propia Presidenta, o una “traición a la patria” como apuntan los masiosares quienes sólo atinan a gritar ¡traidores! y conformarse con la caída de la gobernadora simplemente por mera ocurrencia electoral, cuando el asunto es harto delicado, porque el Estado mexicano en esta etapa de la Cuarta Transformación se siente no sólo infiltrada sino amenazada.

¿Cómo es eso? Bueno, no es por asustarlos, pero los próximos capítulos prometen muchos giros y sustos, sobre todo porque como lo han deslizado medios y legisladores estadounidenses, esperan que políticos mexicanos sean preparados para aparecer en la portada de los principales periódicos, y tomen nota, no cualquier tipo de político, porque si leemos entre líneas el embajador de Trump en México ya lanzó la advertencia sobre la corrupción desbordada de los gobiernos de Morena y la falta de certidumbre para los capitales gringos; declaraciones bien calculadas, con acciones visibles, previas a la primera elección federal intermedia que pondrá a prueba la capacidad de maniobra de nuestra presidenta. Y no está fácil, porque Chihuahua es importante geoestratégicamente para los Estados Unidos, lo mismo que Baja California, Durango, San Luis Potosí, Querétaro, Aguascalientes y Nuevo León, o sea…

En medio de todas las interpretaciones, de juanesescutias que se siguen tirando de la bandera nacional, hay acciones que dicen más que mil palabras y una de esas tiene que ver con la reacción de los encargados de atender la agenda antidrogas y anticárteles en México. Una de las voces cercanas ha dicho que hay demasiado ruido, cuando lo que prevalece es la cooperación y que así debe seguir, porque es un interés de estabilidad regional.  Es decir, podría el aparato de propaganda seguir gritando y llamando a defender la patria, pero lo que prevalece es la colaboración como se demostró con la detención de “El Jardinero”, a quien apuntaban ya como sucesor del finado líder del CJNG.

¿Qué sigue entonces? Pues que quizá entonces veamos muy colaboracionistas a varios de los desvisados entregándose voluntariamente como trofeos para evitar una crisis bilateral mayor o generarle una crisis al gobierno mexicano. La historia, como buena serie de suspense, apenas está comenzando. ¡No le cambien porque quizá antes del próximo fin de semana tengamos adelante del siguiente capíulo!

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