El espacio de Escipion

Chihuahua, primer round 4T vs “Vendepatrias”

La Marcha por la Seguridad y la Defensa de la Soberanía Nacional en Chihuahua, realizada el pasado 16 de mayo por la dirigencia nacional de Morena, tuvo como objetivo exigir la comparecencia en el Senado y promover un juicio político contra la gobernadora panista María Eugenia «Maru» Campos, bajo la acusación de haber permitido la intervención de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en asuntos locales sin autorización ni coordinación con la Federación. Sin embargo, más que un acto de defensa soberanista, la movilización pareció funcionar como una medición de fuerzas internas de cara a la definición de la candidatura al gobierno estatal y como una prueba de la capacidad de respuesta del PAN en la entidad.

La pregunta central es quién obtuvo ventaja política y quién terminó asumiendo el costo de una apuesta que durante el fin de semana trasladó la confrontación entre simpatizantes de la 4T y del PAN al terreno digital y discursivo.

La manifestación también debe leerse en varios niveles. Su organización de último momento obligó a dirigentes y operadores político-mediáticos nacionales a respaldar lo que inicialmente parecía un mitin de alcance limitado del morenismo local. Todo indica, además, que hubo dificultades logísticas y de movilización para sostener una convocatoria más amplia en Ciudad Juárez, lo que terminó reflejándose en una asistencia menor a la esperada y en una operación política apresurada.

Si Morena apostaba a que esta movilización revertiría la tendencia política y de opinión adversa derivada del caso Rocha Moya, el resultado luce insuficiente. La estrategia no logró desplazar la conversación pública hacia Maru Campos ni modificar de manera clara la agenda mediática, todavía marcada por los señalamientos sobre el Cártel de Sinaloa y sus presuntos vínculos políticos. Por el contrario, la cobertura en medios nacionales e internacionales ha seguido incorporando información sobre la operación del CDS en relación con instituciones del Estado.

El contexto también era complejo para Morena porque no parecía haberse calibrado del todo el desgaste de la convocatoria previa del 5 de mayo, impulsada por el exgobernador panista y hoy senador Javier Corral para promover un Frente en Defensa de la Soberanía Nacional. Lo que buscaba reposicionarlo políticamente en la entidad terminó acompañado por protestas y descalificaciones, en un momento especialmente adverso y con un actor cuya capacidad de arrastre ya mostraba límites.

El costo político también alcanzó a Ariadna Montiel Reyes, quien acudió con buena parte del aparato partidista en una primera prueba de su capacidad de movilización y de contención. El cálculo político resultó débil si, como parece, se sobredimensionó el respaldo real de Morena en la entidad y el rechazo ciudadano hacia Maru Campos. El resultado fue una manifestación por debajo de las expectativas y marcada, además, por episodios como los abucheos contra Andrés López Beltrán, independientemente de si éstos fueron espontáneos o promovidos por adversarios.

Contra lo que esperaban quienes impulsaron la convocatoria, el PAN, que inicialmente no parecía especialmente interesado en convertir el episodio en un cierre de filas en torno a Maru Campos, encontró una oportunidad para articular una contracampaña. Andrea Chávez, Adán Augusto López y Rubén Rocha terminaron ocupando un lugar central en esa respuesta, y sus imágenes fueron utilizadas para reforzar una narrativa opositora asociada con la crisis de seguridad y la discusión sobre la narcopolítica.

Si el mitin también servía para medir posicionamientos rumbo a la gubernatura, el episodio parece haber reordenado parcialmente las percepciones internas. Tras el desgaste derivado de las asociaciones negativas en torno a Andrea Chávez, Cruz Pérez Cuéllar, actual alcalde de Ciudad Juárez, podría salir fortalecido como uno de los perfiles con mayores posibilidades de encabezar la candidatura. Esa lectura se ha visto reforzada por el trato favorable que le han dado voces afines al oficialismo en el ecosistema digital.

La disputa propagandística entre el PAN y Morena por la gubernatura de Chihuahua se ha intensificado en el plano nacional y digital. En esa confrontación se entrecruzan dos temas que probablemente influirán no sólo en 2027, sino también en 2030: la soberanía nacional y la estrategia frente al narcotráfico. De un lado, la 4T busca colocar la defensa de la soberanía como eje para señalar a PRI y PAN; del otro, la oposición intenta concentrar la discusión en la seguridad, el crimen organizado y la presunta consolidación de un «narco régimen». Más allá de las exageraciones de ambos bandos, el punto de fondo es que Chihuahua se ha convertido en un laboratorio de narrativas nacionales.

El trasfondo inmediato de esta confrontación se encuentra en el choque declarativo entre los gobiernos de México y Estados Unidos a raíz de un operativo de seguridad en la Sierra Tarahumara, en el municipio de Morelos, Chihuahua, el pasado 19 de abril. A partir de ese episodio se reactivó el debate sobre el alcance de la intervención estadounidense en asuntos de seguridad dentro del territorio mexicano y sobre los límites de la cooperación bilateral en esta materia.

El saldo de la manifestación del sábado tiene varias lecturas. Para Morena y para Ariadna Montiel, deja como advertencia que la información proporcionada por las dirigencias locales no siempre refleja con precisión el terreno político y que la capacidad de movilización digital no se traduce automáticamente en respaldo presencial. Andrea Chávez, por su parte, enfrenta el reto de administrar el impacto de este episodio sobre su imagen pública en la entidad. Como efecto adicional, Andrés López Beltrán quedó expuesto a una prueba pública poco favorable, al aparecer sin control claro del escenario y con una recepción que evidenció sus límites políticos actuales.

El PAN, por su parte, aprovechó la coyuntura para defenderse con recursos que también suelen ser objeto de crítica cuando los emplea el oficialismo. Además de contener políticamente la movilización morenista, el episodio contribuyó a reposicionar a Maru Campos dentro de las conversaciones nacionales a sonar para abanderarlos en 2030 y a fortalecer, en el ámbito local, a Marco Bonilla como una de las figuras con mayor proyección para encabezar la candidatura panista en 2027 y el bloque antimorenista en la entidad.

En suma, este primer round político dejó ver un tránsito de la propaganda a una fase de mayor confrontación territorial, simbólica y organizativa, con riesgos evidentes para la estabilidad del debate público. En las próximas semanas, las solicitudes de juicio político cruzadas contra Maru Campos y Rubén Rocha seguirán su curso institucional en el Congreso. Su desenlace no sólo tendrá implicaciones locales, sino que también será observado con atención por actores externos interesados en cualquier señal de desgaste, error político o escalamiento del conflicto.

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