En Guanajuato actualmente es común que cuando llegan los calores la ciudad se vuelve caótica; los visitantes y ciudadanos se mezclan en las calles principales y la verdad sus voces no se escuchan quedan inmersas en los ruidos de la ciudad: música, tránsito de carros, sonidos de bocina, los pasos pesados de la gente, un caos en verdad a la hora que sea, incluso en las madrugadas.Esto es hoy, antes en esta ciudad no era así. Todo ha cambiado.

Me cuenta mi amigo Raúl que cuando recién él llegó a Guanajuato, la cuidad era muy tranquila, tanto que podías salir a caminar por el lugar todas las madrugadas y aunque la algarabía de la ciudad se iba como a las 11 de la noche, algunos bares se quedaban abiertos y la música cercana y lejana se mezclaban en un vaivén hipnótico como ambientando el lugar y diciendo que las tensiones ya se iban y ahora quedaba sólo escuchar a la misma ciudad. En verdad se extrañan esas madrugadas esperando siempre el alba con sus liuces azules y el frío que exigía una buena taza de café o atole de ahí del baratillo o un buen desayunp ahí en la cafetería El Pingüis en pleno Jardín Unión o ir a la Escuela de Arquitectura a su cafetería por unas quesadillas con su salsa o de plano ir al Mercado Hidalgo o al de Embajadoras para poder desayunar rápido e ir de inmediato a clases en la Universidad.
Raúl me cuenta que en ese entonces la tranquilidad y la soledad de la madrugada hacía que las palabras que salían de sus bocas encontraban eco en las mismas calles, callejones y plazas, tantas veces él había escuchado el retorno de las voces de su grupo de amigos y de él que no le extrañó escucharla una vez más, sólo que una vez, ahí, caminando por la calle Sopeña, Raúl escuchó otras palabras diferentes a lo que ellos estaban platicando; extrañado volteó a ver a sus amigos para darse cuenta que ellos continuaban en la plática como si nada, sólo él se había dado cuenta de esas voces que los seguían porque eso es lo que pasó: esas voces seguían su camino, como si este evento de caminar en grupo por la madrugada se replicara en otro tiempo en ese mismo espacio, pensó que era su imaginación, pero no, porque que cuando los vio, vio a personas parecidas a ellos riendo y platicando exactamente eran una réplica de ellos, sin dudarlo Raúl pensó que eran aparecidos, pero, ¿cómo se explicaba el que eran ellos o algo parecido a ellos? Para ese momento ya iban llegando a la esquina donde está “La Dama de Las Camelias es él”, caminaron hacia el Templo de San Francisco y Raúl jura que vio cómo las caras de esos seres se transformaron en horribles rostros de espanto al ver que ellos iban a pasar cerca del templo y al instante literalmente se esfumaron ante sus ojos no sin antes gritarle a mi amigo un no infinito.
Raúl siguió caminando y por dentro sólo dio gracias a Dios que sus amigos no se dieran cuenta, que esas cosas se hayan ido y que se hayan alejado de él para siempre, pues desde esa madrugada nunca más los (se) volvió a ver.
Dicen los que saben que los seres mimic existen, son esas energías que se presentan en seres o criaturas o entes que imitan a otro; representan la parte sombra de la persona, esa parte que todos tenemos pero que muchos no la aceptan, entonces la réplica existe energéticamente y aunque tú no te des cuenta, esa energía te sigue como si fuera tu sombre real, y a veces sólo a veces se aparece, ya sea para ayudarte o para recordarte tu mortandad, o sólo asustarte como le pasó a Raúl esta vez.
¿Quieres saber más de lo que pasaba antes en este lugar? Ven, lee y anda Guanajuato.
