Guanajuato es una ciudad donde las familias viven muy, pero muy juntas. Una casita de repente se convierte en una sucesión de cuartos que albergan a todos los miembros de una familia; son tan cercanos que los conflictos internos o con los vecinos son inevitables, pero también es cierto que muchas de las veces se ayudan. Aunque esta ciudad se ve hermosa por su arquitectura de terrazas y que aparenta desde lejos que las casas están encima unas de otras, la verdad de lo que sucede dentro de ellas muchas de las veces es un misterio.

Me cuenta mis amigo José que cuando él era niño en su casa vivían con ellos sus abuelos; su abuelita era sanadora del alma, porque tenía sus altares a varios santos católicos a los que les rezaba para poder ayudar a quién lo necesitara. Ese cuarto siempre le daba miedo, me dice que pensaba que los ojos de los santos lo seguían con la mirada y que le hacían muecas como que cobraban vida ante él, por eso sólo una vez bastó para no volver a entrar ahí.
Me dice que una de las experiencias más impactantes que recuerda es aquella vez que una madrugada en que las lluvias llegan de repente a esta cañada, se despertó al escuchar los toquidos fuertes a la puerta del cuarto de sanación de sus abuelita; se levantó de su cama y se asomó a la ventana pequeña que daba al patio común de su casa; desde su ventanita podía ver a una señora vestida de negro acompañada de un señor como muy débil. Ve que sale su abuelita y los invita a entrar a ese cuarto, José no tenía que esforzarse en escucharlos, él oía sus voces, la de la señora es la que sobresalía, pues casi gritaba que la ayudaran a salvarlo de la desgracia que le habían puesto en el alma. Me dice José que no sabe qué es lo que pasó realmente, pero ni la señora ni el hombre pudieron dar un paso para entrar al cuarto, su abuela entonces comenzó a rezar de manera desesperada, pero con mucha valentía y fue entonces que él los vio, jura que los vio: vio salir caminando a esos santos del altar que de inmediato sostuvieron en sus brazos al hombre, la mujer soltó al hombre y cayó de rodillas exhausta. Al instante la lluvia paró. Su abuela no dejaba de rezar y los santos le posaban sus manos en los ojos, en los hombros, en el pecho en las piernas, en los pies, en las manos, como cubriéndolo para absorber las energías y que la energía mala saliera de él. Pasaron minutos cuando el hombre cayó al suelo, su abuela lo abrazó y miró al cielo dando gracias. La mujer de negro sólo lloraba en silencio, agradecida con mi abuela le besaba la mano.
Mi amigo no sabe cuánto tiempo duró esa curación, pero lo que sí recuerda es que una luz azul tenue como de amanecer se proyectó en el patio iluminando toda esa escena que he descrito, José volteó al cielo y miró sorprendido cómo las brillantes estrellas estaban unidas por un hilo de oro, eran como una red brillante que no daba miedo, pero que se imponía ante la naturaleza humana. José volteó al ver la escena de curación y ya no estaba nadie, ni los santos, ni su abuela, ni los señores, el patio estaba callado, y ahora sí, la luz del amanecer caía sobre el lugar dando una paz infinita con la que de seguro esa red de estrellas tuvo que ver, ella es la que cura desde la inmensidad del cosmos y de la fe.
José nunca le preguntó nada a su abuela, no supo qué sufría ese señor; aún hoy duda si lo que presenció fue de verdad o una prueba de que estamos rodeados y somos energía pura de estrellas del cosmos, pero lo que sí le aterra tanto hasta el día de hoy, es el cuarto de esos santos que existe ahí cerca de él, porque aunque no sabe si fue cierto, verlos de pie, moviéndose como si fueran humanos, fue verdaderamente aterrador.
Dicen los que saben que veces nos encontramos en encrucijadas emocionales donde las energías que nos rigen desde tiempos ancestrales aparecen en nuestro espíritu y nos dejan agotados por pensar y sentir tanto en lo que nos preocupa. Los chamanes o chamanas nos llevan a un estado de conciencia en donde el propio cuerpo halla su curación al conectar con la espiritualidad o con tu ser interior o ese ser exterior que es Dios. Y sí, como se sabe, siempre buscamos ayuda para sanar el alma o el cuerpo y eso depende de nuestras creencias y sobre todo de tener fe.
¿Quieres conocer ese lugar donde sucedió esta histomagia? Ven, lee y anda Guanajuato.
