Marcó un antes y un después en las letras
La académica Alejandra Amatto analizó las diversas etapas, géneros e influencias del escritor argentino, cuya obra continúa generando nuevas lecturas y estudios
Leonardo Huerta Mendoza

El pasado 14 de junio se cumplieron 40 años del fallecimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges. “Cuando murió, en 1986, empezó una disputa por la construcción de su nombre. Estadísticamente, después de Cervantes y el Quijote, en nuestra tradición hispanoamericana no hay otro autor que sea tan citado, leído, consultado, estudiado, criticado, para bien o para mal, como Borges”, señaló Alejandra Giovanna Amatto Cuña, investigadora y profesora de la licenciatura y el posgrado en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) de la UNAM. “La literatura hispanoamericana es una antes y otra después de Borges. Esto es algo que no sucede todos los días ni con todos los escritores”.
Para empezar, agregó, es muy importante mencionar que no podemos hablar de un solo Borges. Recordemos que hablamos de un autor muy longevo, que nació en 1899 y murió en 1986, y que pasó por diferentes etapas.
“No es lo mismo el primer Borges, como lo llamó uno de los grandes borgistas que tenemos en América Latina y en México, mi maestro, Rafael Olea Franco, en su estudio El otro Borges. El primer Borges, que acaba de reeditar el Fondo de Cultura Económica. Comparto con él la pasión por ese primer Borges, diferente al Borges de los últimos años, el más leído, el más conocido”.
Al analizar la década de 1920, Olea Franco encontró que no es el mismo Borges el de Fervor de Buenos Aires, de 1923, que el Borges de 1944, de Ficciones, y el de 1949, de El Aleph. “Lo primero que tendríamos que recordar, a 40 años de su muerte, es que fue un escritor ‘todo terreno’, porque en esos tres grandes géneros, la poesía, el ensayo y el cuento, renovó la literatura hispanoamericana y, me atrevería a decir, mucho de la literatura universal”.
La literatura gauchesca
“Esa primera parte de Borges es de las que más me atrae”, señaló. “De hecho, mi tesis doctoral la hice sobre la tradición gauchesca en los ensayos de Borges”.
Por ese lado, es muy interesante ver al joven Borges, quien regresó de Europa después del periplo familiar en el que buscaban ver cómo avanzaba la enfermedad oftalmológica del padre, la misma que su abuelo tuvo y que él padecería. Este viaje sorprende a la familia en plena Primera Guerra Mundial.
Jorge Luis Borges regresa con el deseo de integrarse a la cultura argentina, de explorar el criollismo un poco trasnochado, básicamente porque los movimientos vanguardistas ya tienen mucha influencia en la Argentina de esos años. Incluso, llega con la novedad del ultraísmo, un movimiento que él ayudó a crear.
Al regresar retoma su contacto con esa raíz criollista, de la que se perdió durante los muchos años que estuvo fuera, y crea esta mitología de las orillas, de la tradición gauchesca. “No hay que olvidar que uno de los libros fundamentales dentro de la formación de Borges fue el Martín Fierro, de José Hernández, y va a ser un gran admirador de autores de literatura gauchesca del siglo XIX, como Eduardo Gutiérrez o Hilario Ascasubi, y va a participar en el grupo Martín Fierro. También en el periodo de Don Segundo Sombra, la gran obra de Ricardo Güiraldes, de 1926, que señala el cierre de la literatura gauchesca”.
El Borges de finales de la década de los 20, y quizá de los primeros cinco años de la década siguiente, es el de Historia universal de la infamia, de 1935, un libro de cuentos que va a tener toda una coreografía de relatos universales, y que cierra con esa gran obra maestra de la tradición gauchesca: “Hombre de la esquina rosada”, que empezó a trabajar desde mediados de la década de 1920, dijo la investigadora.
Después vendrá un Borges que comenzará a crear otros temas dentro de la tradición fantástica y de la tradición policial, pero el tema de lo gauchesco siempre va a estar presente en su literatura. “En su poesía, en sus ensayos, incluso en sus cuentos de la década de 1970 va a regresar, porque nunca fue un tema ni menor ni liminal en su literatura”.
Lo gauchesco está en relatos que después van a salir en libros como El libro de arena; va a seguir la genealogía de Juan Moreira, novela de Eduardo Gutiérrez publicada en 1879; pero también va a estar presente en sus libros de ensayos.
“En 1932 publica Discusión, un libro de ensayos muy significativo, en cuya primera edición hay textos dedicados al coronel Ascasubi y a Martín Fierro. En la edición de 1952 de Discusión, esos ensayos se van a fusionar en La poesía gauchesca”.
En los años 40 va a dar conferencias muy importantes sobre el tema gauchesco. “Por ejemplo, ‘Aspectos de la literatura gauchesca’, que dio en el Paraninfo de la Universidad de Montevideo en octubre de 1945; en esa conferencia leyó un poema fundamental para entender lo gauchesco con lo político. En el Poema conjetural hay un verso que dice: ‘Vencen los bárbaros, los gauchos vencen’. Esa conferencia va a aparecer impresa en 1950”.
Siempre va a retomar el tema gauchesco, más allá de que sea un autor universal en los años 40, en los que publicó Ficciones y El Aleph, sus dos maravillosos libros de cuentos de esa década.
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