Histomagia

¿DUENDES?

En Guanajuato es común que los turistas lleguen a visitar esta ciudad  fascinados por la hermosa arquitectura colonial que representa la historia vivida de misterios y relatos mágicos que los llaman a querer vivirlos  en carne propia y ver esos espantos y fantasmas que en verdad  todo el mundo sabe se suceden aquí.

Mi amigo Roberto me contó que una vez que vino a Guanajuato con su entonces novia, se hospedaron en el Hotel Castillo Santa Cecilia, construcción estilo medieval a las afueras de la ciudad, por la salida a la Sierra de Guanajuato que va a Dolores Hidalgo, tierra de José Alfredo Jiménez. Dice que ya habían investigado sobre el hotel y que vio que había muchas historias en las que se involucraban fantasmas, espectros y apariciones en el lugar, así que decidieron reservar en el lugar.

Me cuenta que cuando llegaron les dieron el cuarto cerca de la recepción, así que se quedó tranquilo de que sus cosas estarían seguras. La habitación era muy amplia, y al estilo medieval: paredes de piedra, espejos altos y anchos, buroes de madera casi casi sin tratar, al igual que el piso, y una cama King size perfecta para el descanso en pareja..

Me cuenta que lo rpimero que hicieron es ir a caminar y conocer la ciudad; fascinados por toda la algarabía que se vive en el centro histórico, pasearon por las plazas y comieron desde esquites en la plazuela de San Fernando hasta unos deliciosos tamales afuera del Templo de Belem. Pero aunque ya era tarde, las once y media de la noche, decidieron ir al Callejón del Beso a, como dice la leyenda, refrendar su amor dándose un beso en el tercer escalón y así lograr uno de los sueños de su pareja. Los encargados de la zona les tomaron la foto icónica y se las dieron impresa para llevarla de recuerdo a su ciudad.

Regresaron caminando al hotel, y cuando estaban en el cuarto su novia le comentó que iba al OXXO a comprar un cepillo de dientes y otras cosas, él le dijo que entonces se metería a bañar mientras regresaba.

Antes de meterse a bañar, Roberto recuerda que le tomó foto con su celular a la fotografía del Callejón del Beso, pues claramente sabía que su novia se la llevaría consigo para conservar el recuerdo sentimental que le representaba.

Cuando se estaba bañando dice que oyó entrar a alguien a la habitación y escuchó clarito el crujir del suelo, eran como unos pasos firmes a un lado de la cama, él pensó que era su pareja, de hecho le preguntó: “¿Ya llegaste amor?” y silencio, nadie le contestó, le pareció extraño. En cuando salió del baño vio que su pareja no había llegado. Pensó que las historias de fantasmas que le habían contado eran realidad. Sólo le pareció extraño. De rato regresó su pareja, mi amigo no le dijo nada, ella se metió a bañar y al salir, se dispusieron a descansar.  

Me cuenta Roberto que cuando él estaba en la duermevela escuchó que alguien le susurró a su oído una palabra que no recuerda cuál es, pero sí la escuchó, de hecho dice que sintió el vaho en su oreja, le pareció extraño, raro, abrió los ojos, vio que no había nadie, vio sus cosas y la foto en el buró, se quedó viéndola mucho rato, pero el cansancio lo venció y se quedó dormido acurrucado y muy abrigado para no sentir el frío que hace en esas fechas en Guanajuato.

Esa noche descansaron. A la mañana siguiente ya para irse a pasear, vieron que la foto que se habían tomado en el Callejón del beso no estaba, pensaron que se había caído, la buscaron el suelo, debajo de la cama, y no apareció; pensaron entonces que alguien había entrado a la habitación mientras dormían, pero no fue así, se hubieran dado cuenta, entonces le preguntaron a  la muchacha del aseo y le encargaron que si sabía de la foto y la pudieran recuperar le agradecerían mucho.

La muchacha les comentó que en ese hotel pasan muchas cosas extrañas que a ella mientras asea las habitaciones, le apagan la luz, le destienden las camas, que eso es lo común,  pero que nunca había escuchado que se robaran algo, mucho menos una foto, que estaría al pendiente. Pasaron los días. El último día de su estancia le volvieron a preguntar a la chica y ella les dijo que no, que había preguntado al personal y que  nadie sabía nada de su foto que de seguro el muerto o los seres elementales se la habían llevado. Fue la explicación que les dieron. Ellos extrañados por la repuesta sólo asintieron con la cabeza.

Esa tarde-noche que recogieron sus cosas y salieron al estacionamiento, voltearon a ver por última vez el ventanal rústico del cuarto en donde estuvieron, y pese a las luces azules que dan la bienvenida a la noche vieron cómo la cortina que estaba plenamente abierta en ese ventanal se cerró de pronto, como que ese ser se molestó al no ser escuchado por mi amigo, quién sabe qué le quería decir. Roberto piensa que qué bueno que eso o ese ser nunca le contestó, porque él le preguntó amorosamente pensando que era su pareja, pero bendito sea Dios no le contestó.

Los que saben dicen que nunca les preguntes nada a esos seres porque sin saberlo estableces un diálogo con ellos, y es como les dejas entrar a tu vida, a tu alma, y eso es lo que quieren.

Es bien sabido que Guanajuato, como pueblo minero perteneciente al camino de Tierra Adentro, al extraer tanta plata y oro, se movieron energías ancestrales que se quedaron por aquí. Incluso dicen que los españoles al llegar aquí vieron que era un lugar boscoso que se terminó por completo por la explotación minera, y dicen los que saben que al destruir los bosques ellos también corrieron a los duendes que ahí habitaban y estos seres pequeñitos que ahora se esconden en las casas y en los pocos árboles que quedan por la zona, y que en venganza, esos duendes roban las cosas que les gustan sean de quienes sean.

Roberto dice que eso cree que pasó, que el que le habló y se robó su foto era definitivamente un duende. Esta explicación lo ha dejado tranquilo, porque en verdad sabe Dios quien se robo su foto.

¿Quieres conocer el Castillo Santa Cecilia? Ven, lee y anda Guanajuato.