Histomagia

MÁGICO DÍA

Guanajuato es una ciudad que espera con ansias cada verano porque además de que hay gran afluencia de turistas, los cuevanenses le dan la bienvenida a la temporada de lluvias con las fiestas de San Juan y Presa de la Olla.

Aquí, desde 1847 el día de San Juan es considerado como un día mágico que trae a la ciudad el temporal de lluvias y con ello la prosperidad de la ciudad con las cosechas del bajío y la protección divina  en cada gota de lluvia de Guanajuato. La gente  se queda en el parque Florencio Antillón, y en las carpas convive con la familia, vecinos y amigos. Es día de afianzar bondades consigo mismos y con la naturaleza.

Por ello, dicen los que saben que esta madrugada del 23 de junio se deben de hacer los rituales de bendición del agua. Por la tarde noche, se debe de llenar un cuenco de vidrio o barro con agua, ponerle yerbas y flores, dejarla a la intemperie y antes de que salgan los primeros rayos del sol del 24, bañarse con esa agua y pedir abundancia y protección para ti y tu familia.

También puedes prender una vela y pasar siete veces tus manos, como si saltaras arriba de la flama, y en cada salto pedir que las energía de este día de San Juan y la naturaleza se lleven el mal que pueda estar cerca de ti o tu familia, al final dar gracias a San Juan Bautista por lo recibido.

Uno para que siempre tengas dinero en casa es tomar una moneda, lavarla con agua y sal, dejarla a la intemperie, y antes de que salga el sol, tomarla y ponerla en tu cartera, no debes gastarla nunca y así el dinero nunca faltará en tu familia.

Todos estos rituales deben de realizarse con fe y con el compromiso de ser mejor persona y hacer el bien a la naturaleza, a los animales y a tus semejantes. En ese tenor, la histomagia de mi amigo José es insólita, eso le pasa por andar caminando cerca de la Presa de la Olla entre la noche del 23 y madrugada del 24 de junio pues ese mero día pasan cosas extrañas en Guanajuato.

Me cuenta José que cada 24 de junio, que a él le ha tocado ver y vivir cosas de otros tiempos al caminar a un lado de la encantada Presa de la Olla, Aquí las personas salen a pasear cerca de la Presa y le dan la vuelta paseando entre puestos de comida, juegos, y grupos musicales que animan la algarabía que se da en ese día en la ciudad.

Me cuenta que después de estar de fiesta con sus amigos, se separó del grupo y se puso a caminar  en la poco a poco solitaria Presa. Ya de madrugada le dio hambre, buscó con la mirada en dónde comer algo, a la distancia vio una lucecita a lo lejos, y en verdad ya con hambre se fue acercando paso a paso y el olor de las fritangas le dieron la certeza de que ya había encontrado el lugar perfecto para cenar. Llegó al lugar y vio claramente que era un puestecito que tenía comal y anafre con carbón -ya poco usual-  en donde una viejecita muy ancianita cocinaba tacos, enchiladas y pambazos.

El puestecito estaba prácticamente arrumbado cerca de la peña, en un recoveco que sigue ahí, casi enfrente de la Atalaya que es la vigía de los muertos que están en la presa manteniéndolos a raya para que no se salgan, y de los vivos que van a visitarla, y ese puesto era el último en el que seguían preparando comida pese a la hora. Todos se habían ido.

José se acercó, saludó a la señora, la viejita le contestó amablemente y le dio la mano para saludarlo. Él pensó que qué raro, pero se la dio, dice que todo estaba normal sólo ese saludo le extrañó, pero su hambre lo hizo pedir de inmediato de cenar. Mientras le servían de comer le preguntó a la señora por qué estaba tan noche preparando alimentos, la viejita le contestó que ya estaba por irse, pero que seguía esperando a que sus hijos llegaran en su burro para levantar el puesto e irse a su casa que quedaba allá arriba en Calderones. Mi amigo le dijo que seguro se habían atrasado por las lluvias y el camino sinuoso hace que debas caminar con más cuidado. Ella sólo asintió, y esbozo una sonrisa y le dio su comida en un plato de barro. Mientras, el silencio se apoderó del lugar, un viento helado bajó de la sierra y le recorrió los huesos a José quien miró a la ancianita que le ofrecía el plato de su cena, lo tomó y José comió tan rápido como pudo porque algo en su interior le decía que algo no estaba bien.

Terminó de cenar, le entregó el plato y le preguntó que cuánto era, la viejita le dijo que no era nada, que ya estaba por cerrar, que ella le daba las gracias por notarla, por verla en el camino, que hace mucho tiempo que está ahí esperando, que muy pocos la han visto, sólo los que tiene buen corazón la ven, los demás ella los ve pasar de largo, olvidando que este día de San Juan es para dar gracias y pedir ser mejor persona siempre, no sólo por momentos.

José se quedó extrañado por la respuesta, pero le agradeció, la bendijo a ella ya sus manos por preparar comida tan rica, y le dijo que esperaba que su familia llegara pronto por ella. Ella lo miró con una mirada de tristeza infinita, como si ya supiera que su espera sería eterna.

José caminó hacia abajo, ya era hora de ir a su casa, se dijo, quiso voltear a despedirse de la ancianita, volteó y ahí donde había comido hace segundos ya no había nada; ni  el puesto ni la viejecita, todo había desaparecido. Mi amigo se espantó tanto que comenzó a correr y correr y no paró hasta su casa ahí por el callejón de Perros Muertos.

Al día siguiente, les contó a sus compañeros de cuarto lo vivido: “Es imposible” le dijeron, pero él asevera que lo que vivió fue verdad, y que la señora fue real pues le dio la mano, la comida y además habló con él.

Dicen los que saben que una de las cosas extraordinarias que pasan el  24 de junio el día de San Juan, es que se abren brechas temporales que permiten sólo a algunos a que vivan experiencias como la de mi amigo. Gracias Dios que José sólo vivió la experiencia con esa señora, porque ha habido casos en que quienes tienen la suerte o no  de viajar en el tiempo por esas brechas y son encontrados en otros continentes o incluso nunca aparecen y se quedan como la ancianita en su tiempo, esperando a alguien, como ella que sigue esperando a su familia a que la regrese a casa cada año cada día 24 de junio, desde hace tanto tiempo.

¿Quieres vivir lo que sucede en la ciudad la madrugada del 24 de junio? Ven, lee y anda Guanajuato.