Histomagia

VIENTO AZUL          

Guanajuato ha sido, es y será un lugar mágico en donde se suceden historias que representan su cultura de tradiciones místicas y fantasmales que nos dejan conocer lo que la hace ser a la vez colorida por la algarabía de los estudiantes y turistas, y melancólica y taciturna al caer el azul de la tarde noche que da la bienvenida a las madrugadas oscuras que muestran lo que está más allá de los muros de piedra y de los tiros de las minas eso que está oculto y que se presenta a los cuevanenses de manera cotidiana y a veces, sólo a veces se dejan ver por esos extraños que vienen a visitar la ciudad.

Andar por la ciudad de Guanajuato es transportarse en el tiempo, las casonas de estilo colonial hacen que imagines todo lo que ha pasado a través de su historia dando cuenta de que las batallas sucedidas aquí han dejado muchas almas perdidas que son traídas en el vaivén de los vientos fríos de la sierra que te tocan en el rostro con sus manos heladas por el frío de la muerte y de ese aire que las trae de vuelta a la ciudad, ese aire tan frío que aparece en las madrugadas y amaneceres que filtran muchos tonos de azul.

Me cuenta mi amigo Daniel que él y su familia han vivido de cerca experiencias que dan fe de que los espíritus y fantasmas en incluso almas atormentadas aprovechan el frío que se siente aquí en Guanajuato y se aparecen para asustarlos o incluso, si tiene suerte, como le sucedió a un tío suyo, le digan en dónde dejaron las ollitas con oro o plata sacados de las minas. Pero como dije no todos tienen esa suerte y dice mi amigo que ojalá lo que él vivió con estos espectros, no le suceda a alguien más.

Me dice que una tarde en que estaba en la azotea de su casa ahí por el rumbo de la Panorámica cerca de la Mina de Rayas, se disponía ya a bajarse a su cuarto cuando vio como una hermosa puesta de sol lo encantó, dice que era tan espectacular, de esas que no se dan en Guanajuato, que se quedó absorto viendo como el sol le daba paso a las luces parduzcas de la tarde noche, y a una tímida luna creciente que se dejaba ver poco, pero que en cuanto se conjugaron la luz parduzca y la luna el ambiente cambió y la luna antes blanca se tornó azul.

En ese momento mi amigo sintió mucho frío y vio cómo una ráfaga de viento helado frente a su rostro tomó forma de una cara que por instantes se quedó mirándolo y sonriendo, Daniel se congeló, no pudo moverse, la luz azul estaba plenamente presente, y miró como ese rostro dio la vuelta, se conjuntó con otras ráfagas ahora blancas que parecían un tul volátil dejándose llevar por todas como legión hacia el centro de la ciudad volviéndose aire una vez más. Mi amigo pudo moverse y tal como la luz que atrajo con ella el viento frío de la sierra y las almas perdidas de y en  la historia, bajó corriendo a su cuarto tratando de encontrar refugio, no para su cuerpo, si no para su alma.

Desde esa noche, mi amigo jura que nunca ha salido durante esa transición de tarde a noche, porque de seguro ellas aparecerán. Esas almas recorren cada espacio vacío y a veces deciden quedarse en algún lugar, porque a ellas le llama el azul, el frío azul de las madrugadas y mañana que las dejan verse a sí mismas en ese azul como si fuera un espejo, como si fuera su reflejo eterno en el frío de su propia muerte.

Dicen los que saben que aquí las almas se pintan de azul y se visten así para disiparse en su viaje por la madrugada y en el mismo amanecer azulado, sólo se puede ver que se disipan con los primeros ratos de sol y se esconden en alguno de los rincones que encuentran entre callejones, plazas, casonas y monumentos. Esperan ese azul que las protege y refleja como esas almas vivas que pasean por la ciudad.

¿Quieres ver el azul místico de este lugar? Si es así, eres de esas almas que corren con el viento azul.

Ven, lee y anda Guanajuato.