En sus páginas, el autor repara en tres elementos de la memoria otomí-chichimeca: la peña, el agua y el cuervo
- Los titulares del INAH, la Ucuvi y el Centro INAH Oaxaca, Omar Vázquez, Diego Prieto y Manuel Bañuelos, comentaron la obra en la 37 FILAH
- En sus páginas, el autor repara en tres elementos de la memoria otomí-chichimeca: la peña, el agua y el cuervo
CDMX.- Frente al deterioro de los ecosistemas, Desantrópica: hacia una antropología de la vida. Etnografía, memoria y correspondencias vitales (Editorial Tirant, 2025), de Alejandro Vázquez Estrada, insta a dar un golpe de timón y ajustar el enfoque hacia una antropología donde nos comprendamos, no como parte de la naturaleza sino como naturaleza misma.
De acuerdo al comunicado de prensa, sobre esa idea giró la presentación de este libro, el cual, a decir del director general del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Omar Vázquez Herrera, “se suma a los amplios proyectos de antropologías de la vida, el giro ontológico y los perspectivismos que plantean el debate, más allá de lo humano, entre la naturaleza y cultura, desde la identidad de una antropología de frontera”.
En la 37 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia, el titular de la Unidad de Culturas Vivas, Patrimonio Inmaterial e Interculturalidad, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, Diego Prieto Hernández, expresó que las páginas contienen una denuncia al antropocentrismo, como detonante de las crisis civilizatoria, ecológica y moral en que estamos inmersos.
A eso, añadió, “el autor lo nombra como ‘antropocentrismo capitalista necrourbano’, una definición lacerante. Creo que Vázquez Estrada una pregunta fundamental: ¿Es posible construir un humanismo desantrópico? Esto significaría encaminarnos a un humanismo donde la comunidad constituya el centro de la vida y donde el ser humano ya no sea el eje, sino que varias existencias se interconectaran con reciprocidad; uno orientado a una utopía pluriversal”, consideró Prieto Hernández.
El director del Centro INAH Oaxaca, José Manuel Bañuelos Ledesma, comentó que la lectura de Desantrópica “es capaz de asombrarnos sobre nuestra ignorancia y las limitaciones del pensamiento racional en la comprensión de la conexión profunda de los pueblos indígenas y comunidades campesinas con los ecosistemas”.
Y es que el Alejandro Vázquez Estrada toma como sujetos de estudio tres elementos fundamentales de un relato que trasciende en la memoria colectiva otomí-chichimeca: la peña, el agua y el cuervo. La peña es el hábitat de múltiples expresiones de vida, espacio sagrado primigenio y refugio ancestral indígena; el agua es alma que brota de ella como fuente de vida, nutre al medio ambiente y permite la sobrevivencia de la comunidad; y el cuervo es el inteligente observador que, al viajar por el viento, dispersa semillas y se comunica tanto con la divinidad creadora como con la humanidad.
“Alejandro Vázquez nos exhorta a renovar nuestra forma de percibir, aproximarnos y relacionarnos con la naturaleza para recuperar, desde el sentido ontológico y epistemológico, la generación y socialización del conocimiento, contra la voracidad del antropocentrismo capitalista”, señaló Bañuelos Ledesma.
Sobre la estructura de su obra, el docente e investigador de la Universidad Autónoma de Querétaro anotó que el primer capítulo “discute con los posthumanismos y los nuevos materialismos. El segundo es una discusión sobre la etnografía: cómo construir un método que dé cuenta de los vínculos y entrelazamientos que van más allá de lo humano, y que no lo reduzca a cultura material, contexto o materia prima, sino que se reconozcan como formas de creación de mundos desde una posición de sujeto.
“Allí recupero la experiencia con los escaloneros de la Peña de Bernal, que suben sin equipamiento cuatro veces al año. ¿En qué momento olvidamos esos lenguajes?, ¿cuándo dejamos de escuchar y visibilizar esos elementos semánticos que muchos pueblos mantienen?”, cuestionó el autor.
“La etnografía ha puesto a la observación como la única forma de percibir y registrar los fenómenos, pero, ¿qué pasa si utilizamos otros sentidos?, como lo hacen los escaloneros con el viento y con la piedra, porque aprender a dialogar con la peña implica cerrar los ojos. El reto de Desantrópica es criticar este ventriloquismo humano y situarnos en las posibilidades que tienen estos diálogos cada vez más complejos”, finalizó Vázquez Estrada.
