LIBRO DEVELA ORIGEN DE RELIGIOSAS QUE HABITARON EL EX CONVENTO DE SAN JERÓNIMO

  • Las monjas jerónimas de la Ciudad de México, siglos XVI al XIX. Estudio osteométrico muestra que la congregación no solo aceptaba a españolas o hijas de estas
  • La coedición (INAH-UCSJ) se presentó en la 37 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia

CDMX.- Una parte de la historia de las monjas que habitaron y fueron sepultadas en el Ex Convento de San Jerónimo, en la Ciudad de México, entre los siglos XVI y XIX, se revela en un libro que muestra que la composición social del monasterio novohispano no estuvo conformada únicamente por mujeres españolas y criollas, como se creía a partir de las fuentes históricas, sino que alojó a una diversidad poblacional, la cual incluyó mestizas, indígenas e, incluso, afrodescendientes y asiáticas.

De acuerdo al comunicado de prensa, coeditado por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y la Universidad del Claustro de Sor Juana, Las monjas jerónimas de la Ciudad de México, siglos XVI al XIX. Estudio osteométrico se presentó en la 37 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia.

La obra es resultado del trabajo de los investigadores adscritos a la Dirección de Antropología Física, Josefina Bautista Martínez y Mauro de Ángeles Guzmán; al Centro INAH Morelos, Pablo Neptali Monterroso Rivas; el investigador independiente David Alberto Torres Roldán y la antropóloga física María Teresa Jaén Esquivel, quien falleció en 2014, pero fue pionera en los estudios de dicha colección, proveniente de un salvamento arqueológico realizado en las décadas de 1970 y 1980.

A partir de esqueletos de individuos depositados entre 1585 y 1878, en dos áreas específicas, correspondientes a momentos históricos diferentes: Estacionamiento (fechado entre 1585-1625) y Coro Bajo (posterior a esa fecha y que abarcó hasta 1878), se determinó la morfología craneana de manera individual y por grupos temporales. Asimismo, se asignaron diferencias por grupos biológicos, observando que algunas osamentas tenían atributos distintos a los del grupo dominante.

Ello permitió a los autores aplicar sus conocimientos sobre rasgos morfoscópicos para clasificar las diferencias craneofaciales observadas, estableciendo varios patrones, los cuales se definieron de la siguiente manera: españolas, mestizas/españolas, mestizas/indígenas, indígenas, así como casos aislados de indígenas con modificación cefálica intencional, asiáticas y mulatas.

Posteriormente, se aplicó la craneometría y, una vez establecidas las dimensiones craneocerebrales y craneofaciales, el conjunto de datos fue sometido a análisis estadístico para contrastar la hipótesis sobre la conformación de diferentes grupos humanos en la muestra de estudio.

“Estos datos determinan que a esta orden religiosa no solo ingresaban mujeres españolas o hijas de estas, sino también de otros grupos biológicos. Al parecer, para entrar a esta orden, lo importante era tener recursos económicos. Es un dato preciso porque las fuentes históricas decían que únicamente aceptaban hispanas, pero la antropología física, a través de los restos óseos, demostró que no fue así”, aseveró Bautista Martínez.

La obra fue comentada por la profesora-investigadora de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía, Paula Mues Orts, quien indicó que el texto puede verse como un modelo exitoso de estudio, que pasa de la precisión disciplinar a la interdisciplinar, ya que es “una mirada profunda de la antropología física, con bases en la historia social de las monjas. Es un microcosmos privilegiado para obtener información precisa y cotejable”.

Por su parte, la académica del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM, Abigail Meza Peñaloza, consideró que, a través de la lectura de los huesos, se descifraron transformaciones relacionadas con la actividad física y las condiciones de vida del convento, pero también la existencia de redes de apoyo que sostuvieron a las mujeres enfermas, lesionadas o con condiciones congénitas severas.

“Sus esqueletos, más que simples objetos de estudio, fueron abordados como documentos biológicos que invitan a adentrarnos en la experiencia completa de mujeres que habitaron un espacio profundamente regulado por la religión, pero también por las complejidades del mundo terrenal”, finalizó.