Guanajuato es una ciudad que siempre tiene algo que contar. Las vivencias de las personas que viven, que visitan la ciudad trascienden porque cada experiencia está pintada aunque sea un poco de color paranormal, ya que aquí en el subsuelo están los cadáveres que murieron durante las inundaciones que enterraron casas y a las personas en ese otro Guanajuato latiente debajo del actual.

Esta ciudad ha crecido bastante, tanto que las nuevas casas se hicieron a un lado de la carretera panorámica que recorre gran parte de la ciudad desde las alturas y desde ahí se puede ver el centro histórico y su belleza arquitectónica.
Mi amigo Felipe fue de las personas que hizo su casa al borde de la panorámica y muy cerca de la Mina de Rayas, obvio paso de mineros y burreros en tiempos antiguos y ahora de muchas almas en pena que siguen su camino hasta las entrañas de la tierra.
Pues bien, ahí hizo su casa mia amigo, en pleno paso de esas manifestaciones fantasmales. Felipe me cuenta que en su casa han pasado cosas inexplicables que a él y a su familia los han mantenido atentos a las apariciones y ruidos que de repente suceden, así que la angustia que viven aún es latente porque esas cosas pasan cuando menos las esperas.
Recientemente me platicó que hace tiempo, una noche en que estaba solo en su casa, ya cansado decidió irse a dormir después de dejar la cocina acomodada, pues siempre lo hace terminando de cenar. Ya estando en su cama, en plena duermevela, escucha ruidos provenientes de algún lado de la casa, él lo adjudica al viento que golpea las ventanas en esa zona de la ciudad, pues se ubica arriba y recibe el viento frío serrano, mi amigo se acomoda en su cama no hace mucho caso y se dispone otra vez a dormir. A los minutos, de nuevo, ya quedándose dormido, escucha como si alguien en la cocina estuviera tirando todos los trastes al suelo, se incorpora en su cama pensando que es su imaginación y no, los ruidos son tales que las ventanas retumban de ruido, Felipe, por el miedo, recordemos que encontraba solo en su casa, decide quedarse en su cama, no mover ni un dedo, inmóvil, y aunque quiso quedarse dormido, no pudo hacerlo.
Al alba, con los primeros rayos de sol, Felipe se levanta y va a ver qué pudo haber pasado en la cocina, pensó en que iba a encontrar muchos platos y vasos rotos en el piso, baja a la cocina y nada, todo en su lugar, tal y como lo dejó anoche. Desconcertado no acaba de entender qué fue lo que pasó, y entonces voltea al ventanal que da la patio interior y ve uno de los cuadros de vidrio estrellado, como si algo lo hubiera golpeado por dentro, como si el golpe fuera con tanta furia que lo dejó a punto de romperse, pero esto en verdad era inexplicable pues qué o quién pudo haberlo hecho, no hubo respuesta y hasta la fecha no la hay, me dice Felipe. Quién sabe qué pasó.
Dicen los que saben que cuando los ruidos del menage de la cocina suceden es porque las almas hambrientas buscan las sobras de comida o las migajas que quedan en el suelo, en la estufa, porque necesitan comer esas entidades para obtener energías, y al no encontrarlas su furia es tal que provocan las psicofonías de trastes cayendo, quebrándose, porque en realidad lo hacen pero en otra dimensión, y luego esos entes buscan salir por algún lado, a veces se van por las puertas otras por las ventanas, así que el vidrio estrellado es la evidencia de que pese a su ira, no pudo salir de la casa por ahí, tuvo que irse por algún otro lado.
Yo pienso que quién sabe, igual y sigue escondido en la casa de mi amigo y es por eso que no los dejan en paz. Esas almas están trabadas, si luz, en la nada, sin salida.
¿Quieres conocer a mi amigo Felipe? Él tiene ésta y otras histomagias para contarte.
Ven, lee y anda Guanajuato.
