Histomagia

ALMAS SIN VOZ

Guanajuato se caracteriza en estas fechas por recibir muchos visitantes y también mucha agua de lluvia que en cierta forma la bendice, y el frío viento de la sierra que logra llevar los sonidos de los sin voz que andan por aquí entre tanta gente, porque el secreto de esta ciudad radica en que el viento corre buscando un porvenir que se quedó trunco al morir quienes habitaron antes esta mágica ciudad, las almas siguen aquí y muchas de ellas en silencio otras más llorando su soledad.

Debe ser horrible que nadie te tome en cuenta aunque hayas sido bueno en vida o si la maldad y envidia te corrompió y nunca en vida lo aceptaste…la muerte y la soledad a veces aquí se niegan aunque esas almas, espíritus se manifiesten como fantasmas o espectros de la noche soñando que su voz de esa vida perdida sea escuchada por los aún vivos esos que quedamos por aquí.

Me cuenta mi amigo Miguel que ahora en estos tiempos cervantinos le ha tocado trabajar hasta muy tarde e irse a dormir muy de amanecer, así dice, porque eso de las madrugadas se pasan tan rápido que cuando menos lo esperas los primeros rayos de luz aparecen entre los cerros y se proyectan en las calles aún con gente festejando tal vez que están en una ciudad que invita a la cultura, a caminarla sea la hora que sea.

Y sí, caminar por las húmedas calles de Guanajuato te llevan a encontrarte con todo tipo de seres, literal, me dice, porque ayer domingo él, aún de madrugada, vio a una mujer caminar entre la lluvia, pensó que era una chava más disfrutando del silencio de lo momentáneo del silencio aquí. Lo extraño es que la ropa de la mujer era antigua, igual y era una actriz, de alguno de los eventos del Cervantino, pero lo raro es que no estaba mojada, estaba perfectamente seca, lo que era inexplicable porque el viento frío y la llovizna tupida hacía imposible que no estuviera mojada su ropa y su largo cabello negro.

Ella era joven, dice Miguel, pero no le pudo ver bien su rostro, aparte las luces de la calle tintineaban y en su vaivén sólo le permitían verla parcialmente. Mi amigo todo empapado, pasó de largo, deseaba ya llegar a su casa, pero se detuvo en seco al escucharla decir: “porque tú sigues de frente…¿Qué no me ves? dime que me ves, dime que me ves», ante el silencio como respuesta, ella soltó un llanto tan amargo… mi amigo quiso contestarle, de inmediato volteó y sólo alcanzó a ver que ella se perdía tras el muro de una de las casonas más grandes del centro de la ciudad.

Miguel, cansado de su jornada nocturna, en vez de espantarse sintió en su corazón una piedad y lástima por esa mujer y pensó que tal vez su consuelo es tener la esperanza de que alguien valiente le diga que sí la ve y la escucha, y sentirse bienvenida en la eternidad de su muerte fantasma.

Dicen los que saben que esas almas sueñan en verdad desde su oquedad volver a ser vistos y que en verdad hacen un esfuerzo incluso vendiendo su alma al innombrable,  lo que los deja condenados a repetir, en un bucle eterno, su imagen y voz para otros porque lo malo es que ellos no se ven, ellos no se vuelven a ver ni a escuchar, y lo saben, ese es su castigo eterno por desear volver a lo que no valoraron nunca: su vida aquí.

¿Quieres conocer esa casona del centro de la ciudad?

 Ven, lee y anda Guanajuato.