Este domingo, cuando la noche comenzó a tender su manto de niebla y oscuridad sobre la Ciudad de México, el Zócalo capitalino fue invadido por una jauría de zombis. Eran cientos, miles de ellos reunidos en jauría, manada, rebaño o guardianes, como se les quiera llamar. Lo cierto, es que no pocos niños, adolescentes y adultos, oscilaron entre la risa, el asombro y el miedo.
Maquillaje de heridas, rostros putrefactos, criaturas de pesadilla y personajes arrancados al cine de terror y a la literatura más macabra, protagonizaron este domingo la edición 19 de una caminata que mezcló arte y cultura popular, creatividad y solidaridad; piel sucia y desgarrada, ojos hundidos, sangre escurriendo por el rostro y ropas manchadas de todo.
Eran miles de muertos vivientes que se apoderaron este 18 de octubre de las calles de la ciudad. Pero no hubo que llamar a los servicios de emergencia, era la Marcha Zombie 2026 que llevó el horror fantástico desde el Monumento a la Revolución hasta el Zócalo, a manera de antesala de Halloween y las celebraciones de Día de Muertos en la capital.
La decimonovena edición convirtió las caracterizaciones de pesadilla en protagonistas de una manifestación cultural que, además de convocar a aficionados al terror, al maquillaje artístico y al disfraz, incorporó una causa social: la recolección voluntaria de alimentos para apoyar a quienes los necesitan. Miles de familias fueron a ver gratis el espectáculo.

La concentración comenzó a las 10:00 horas en avenida de la República, frente al Monumento a la Revolución, mientras que la salida se programó puntualmente para las 16:00 horas. La participación fue gratuita y la invitación estuvo abierta tanto a quienes se caracterizaron como zombis como a quienes eligieron otros monstruos y personajes del horror.
Aunque hoy se asocia al zombi con cadáveres que regresan de la tumba para perseguir a los vivos, su historia es más compleja y tiene raíces en las creencias populares de Haití. El Museo Nacional de las Culturas del Mundo ha explicado que el concepto tradicional haitiano no corresponde exactamente al monstruo sanguinario que popularizó Hollywood.
En ese imaginario, el zombi es una persona sometida a un estado de muerte aparente y condenada a perder su libertad, una representación vinculada con el miedo a la esclavitud y al sometimiento. El cine transformó esa figura para convertirla en uno de los monstruos más reconocibles del planeta. Al mismo tiempo, el zombi ya es un personaje universal.
Una fecha fundamental es 1968, cuando el director estadounidense George A. Romero estrenó Night of the Living Dead (“La noche de los muertos vivientes”), una película que ayudó a establecer las características del zombi moderno y convirtió a los muertos vivientes en una amenaza colectiva capaz de reflejar los temores y conflictos sociales.

La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos conserva la cinta como parte de su acervo cinematográfico. Así, una figura vinculada con creencias y temores históricos pasó a las pantallas, los cómics, los videojuegos y, finalmente, a las calles, donde los aficionados recrean sus versiones más terroríficas con heridas falsas, nacidas de un talento verdadero.
El espectáculo de la Marcha Zombie no dependió de que los participantes den miedo por sí mismos, sino de su capacidad para crear una apariencia convincente. La caracterización puede incluir pelucas, látex, prótesis, pintura, sangre artificial, vestuario envejecido o desgarrado, lentes de contacto, heridas abiertas sobre la frente, o una mordida simulada.
Por eso, la marcha también funcionó como una vitrina de maquillaje de efectos especiales y creación de personajes. Algunos asistentes preparan sus atuendos durante días, otros más aprovechan los servicios de caracterización, maquillaje y orientación sobre actitudes histriónicas instalados en el punto de concentración, mediante una cuota de recuperación.
El recorrido tocó Paseo de la Reforma, avenida Juárez, Eje Central Lázaro Cárdenas y la calle 5 de Mayo, hasta llegar a la Plaza de la Constitución y unió dos sitios emblemáticos: el monumento dedicado a la Revolución Mexicana y el Zócalo, escenario de ceremonias cívicas, manifestaciones políticas, celebraciones populares y grandes concentraciones.

En esa ruta, la marcha trasladó los personajes de la ficción a un espacio cotidiano. El contraste entre las fachadas históricas, las avenidas modernas y las figuras de apariencia cadavérica formó parte del atractivo de la caminata: durante tres horas el paisaje urbano pareció salido de una película apocalíptica. En el Zócalo se tomó la foto del recuerdo.
Una horda que también ayuda. Detrás de los colmillos, máscaras y heridas, la Marcha Zombie incorporó una dimensión solidaria, la convocatoria invitó a donar arroz, frijol, alimentos enlatados y otros productos no perecederos en el centro de acopio instalado frente al Monumento a la Revolución, en colaboración con Alimento para Todos, I.A.P.
Los donativos fueron voluntarios sin ser una condición para participar. Esta característica resulta relevante porque convierte una actividad recreativa en una oportunidad de enorme apoyo comunitario. El disfraz es una elección individual, pero la ayuda alimentaria, en cambio, puede beneficiar a personas que no desfilaron y enfrentan necesidades concretas.
La Marcha Zombie no debe confundirse con el Día de Muertos, aunque ambas coincidan en el calendario otoñal. La tradición mexicana tiene fuertes raíces históricas y prácticas comunitarias propias. La marcha se alimenta principalmente del cine, los videojuegos, el maquillaje de efectos especiales, y las representaciones contemporáneas de monstruos.

En la Ciudad de México, donde octubre abre la temporada de disfraces y celebraciones relacionadas con la muerte, la Marcha Zombie encontró nuevamente su escenario: las calles del Centro Histórico, por donde avanzaron los monstruos de la ficción para recordar que, a veces, el miedo también puede convocar a la gente para convivir y ayudar.
