CAMINO SIN RETORNO
Ella, su Mercedes, parecía brillar cada vez que sonreía; él al mirarla sentía que el amor crecía en su interior hasta llenarlo todo sin compasión, y en medio de aquel tumulto, debía reprimirse para no correr a abrazarla. Pedrito entonces era un niño despierto, feliz y ocurrente. La vida era distinta. Hoy, la realidad era tan gris que lastimaba.
