Homicidios de ayer y de hoy

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Rodrigo Borgia (Foto: Especial)

Casi siempre que hay una muerte violenta, la verdad es ocultada al público, con lo cual, entre otros muchos efectos, se instala la paranoia. Esta preocupación social, generalmente alentada cuando hay disponibilidad indiscriminada y sin límites de aquello que mata, termina también causado decesos por stress, enfermedades relacionadas con cuadros emocionales, etc. a tal grado que las personas empiezan a disminuir su asistencia frecuente a cenas, festividades, conferencias, cine, escuelas y en general lugares donde se congregue mucha gente.

Como ocurre siempre ante una crisis, aparecen los vivales que procuran beneficiarse ofreciendo toda suerte de medidas, como aumentar la seguridad y garantizar, hasta donde sea humanamente posible, disminuir la posibilidad de una muerte violenta o inesperada. Estos comerciantes de la tragedia, por igual ofrecen medidas preventivas, antídotos, elementos de reacción, oraciones y curas milagrosas y hasta amuletos.

En esta ocasión no voy a abundar en los comentarios acerca de las muertes violentas de personajes relevantes en el siglo pasado que van desde el zar Nicolás II y su familia (1918), hasta Gadafi, Bin Laden o Hussein, pasando por Indira Gandhi en la India, John F. Kennedy, Martin Luther King, Juan Pablo I, John Lennon, Anuar El- adat (Egipto), Olaf Palmer y por supuesto líderes mexicanos de muy diversos ámbitos. Porque las muertes de contrincantes, enemigos políticos o militares, son tan antiguas como la humanidad misma. Seguramente Usted está al tanto de la forma en que murió un papa católico, padre de 5 hijos, uno de los cuales tenía fama por despiadado y hostil, aun contra sus colaboradores. El padre de este César, registrado en su nacimiento como Rodrigo Borja, fue temido en muchos círculos de Italia e incluso a la fecha si algún grupo o familia se distingue por su proclividad al homicidio se le compara con los Borgia. Alejandro VI, jefe de este clan cuasi-diabólico, que no solo era ducho en el conocimiento de los efectos de los venenos, sino que incluso inventaron combinaciones para no permitir que algún sentenciados por ellos se les fuera vivo, también murió de fea manera. Se dice que envenenado, el hecho es que su cuerpo papal presentaba tal grado de putrefacción, que apenas fue exhibido en la noche y a la luz de las velas para luego ser enterrado sin pena ni gloria.

El uso de venenos para acabar con los que pueden causarnos problemas, parece ser tan antiguo como el hombre mismo. Primero en la cacería y luego como arma “secreta” los venenos se usaron, en la India, China, Egipto, la antigua Grecia, el Imperio Romano e increíblemente alcanza su clímax, justo en el renacimiento, donde ya los avances científicos, habían permitido recopilar datos de plantas, minerales y combinaciones letales, y hasta elaborar algunos antídotos.

Es tan importante el conocimiento de tales temas, que desde el siglo XV se forma un distinguido grupo de alquimistas y envenenadores, denominado el Consejo de los Diez. Al igual que hoy ocurre con los mercenarios, estas personas y los discípulos egresados de escuelas que divulgaban tales conocimientos eran contratados, por reyes, militares de alto rango y nobles, para ultimar a sus enemigos. La paga era mayor en tanto el resultado fuera seguro y las causas indetectables. ¿Le parece que hay alguna similitud con datos que recientemente haya escuchado? ¿Podría usted asegurar que los zetas, los templarios, la familia o tantos otros grupos criminales que hoy son famosos, no son una suerte de reencarnación perversa de aquellos envenenadores asesinos a sueldo?

Con aquello de que la tecnología está tan desarrollada, tal vez ya sea posible viajar en el túnel de tiempo; por ello es muy probable que los causantes de más de 30 mil muertes solo en Francia, allá por la época posterior a la Edad Media, sean quienes han venido a México a causar más de 50 mil decesos, sin posibilidad de derrotar a tales perversos, que se las arreglan para usar en vez de veneno, armas rápidas y furiosas; GPS que rastrean o extirpan, según se trate de ubicar o hacer perdediza a una persona —como supuestamente ocurrió con el jefe Diego— y hasta aviones con pilotos fantasmas  a quienes no se puede culpar de invadir soberanías.

Si algún científico o investigador de inteligencia, pudiera corroborar esta hipótesis, tal vez se explique por qué el cáncer ha atacado a mandatarios incómodos, como Chávez, Lula o Castro, en tanto en México deja fuera de la competencia a precandidatos de buen look como el señor Lujambio. Hasta los niños de primaria a mediados del siglo pasado, sabían que un factor importante que permitió a Hernán Cortés ganarle a los aztecas, fue justamente la viruela. El pueblo después de ser diezmado, no retobó mucho porque se les dio la libertad de emborracharse sin límites. Así mitigaban el miedo nuestros ancestros indígenas; en tanto hoy, los clase medieros y ricachones lo hacen comprando alarmas, blindando sus coches, no saliendo a ningún antro, contratando guaruras o policías auxiliares y procurando comer en casa, antes que acudir a una cena donde quien sabe, si le receten carne con clenbuterol, cerdo con cisticercos, pollos con hormonas o verduras fumigadas con veneno.

Por lo pronto su Usted realmente quiere estar seguro. Trate de no ser importante, no se inscriba en concurso alguno. No piense en cambiar de país, hay otros donde las cosas están peores. Ni se le ocurra ser candidato de nada. Aunque sepa que le mienten vea el futbol, las inauguraciones del mundial o de las olimpiadas en su televisor. No use celular, ni cable ni nada con lo que lo puedan localizar luego de que alguien anónimamente le haya señalado como maloso. O sea: no exista, viva como si este fuera el siglo III antes de Cristo, utilice lo aprendido para sembrar en sus macetas de casa lo indispensable y acostúmbrese a vivir casi como ermitaño.