Las cosas como son

Sistema familiar y sistema laboral

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Un aspecto fundamental en el trabajo con las organizaciones tiene que ver con la experiencia aprendida acerca del sistema al que uno pertenece desde su nacimiento. El primer sistema humano es la familia, y es allí donde uno aprende las dinámicas esenciales que, después, en la mayoría de los casos, marcarán los derroteros de la vida. En ese sistema se requiere que si hay un papá, este se comporte y funcione como un papá. Lo mismo tendríamos que decir acerca de la mamá y de los hijos. Pues bien, la interacción entre esas personas marca nuestro aprendizaje: según sea lo que se vive en la familia, los hijos aprenden cómo actúa la vida, cómo se participa en el mundo, y entonces deciden qué harán, a qué dedicarán sus días por venir.

Adquieren así la certidumbre de cómo comportarse: determinación, pasividad, iniciativa, desafío, cargar más de la cuenta, deshacerse de responsabilidades, ser formal, desempeñarse con entusiasmo, ser buscapleitos, volverse ayudador profesional, y un largo etcétera. Digamos, de forma sintética, que cada uno aprende en su familia cómo plantarse ante la vida y ante el mundo, y con ese conocimiento se enrola en actividades empresariales, organizacionales y laborales. ¿Será eso suficiente para cumplir un desempeño preciso y efectivo en ámbitos profesionales?

La respuesta es sí, temporalmente; y no en el largo plazo. Sí, porque esa experiencia guía los pasos, conduce al sitio exacto donde uno tendrá su oportunidad de validar lo que es, aquello para lo que se preparó, su vinculación ancestral, aquello para lo que sirve, pues. No, porque los ingredientes del sistema familiar no sirven para el sistema laboral u organizacional, mejor dicho: no son los más óptimos. En principio, porque el sistema familiar se mueve con base en el amor, mientras el sistema organizacional se mueve mirando la tarea, el cometido, la misión al servicio de la vida. En seguida, porque en la familia los padres dan y dan a los hijos y ellos no tienen que compensar en la misma medida. En las organizaciones hay un pacto de por medio a través del cual la persona se compromete a realizar tal o cual actividad o servicio o trabajo, a cuyo término recibe una retribución, se espera que negociada previamente, con la que se balancea ese sistema.

Finalmente, para los alcances de esta colaboración, uno pertenece a su sistema familiar sin que le hubiesen preguntado si lo deseaba o no, mientras que al sistema laboral empresarial u organizacional uno llega por voluntad, uno lo elige, uno incluso llega a solicitar lo admitan. Con esas diferencias a la vista, queda claro entonces que se necesita otra manera de conducirse, se necesitan otros puntos de vista. De ahí que quienes suponen que los compañeros del trabajo son una familia están mirando su ambiente laboral con su aprendizaje del sistema familiar. Algo parecido sucede con quienes esperan que su trabajo les dé y les dé ventajas, prestaciones, remuneraciones, o lo que sea, pues han empalmado en la imagen del trabajo o de la empresa la imagen de alguno de los padres.

Lo cierto es que el acuerdo básico establece la dinámica de la compensación. Por último, de acuerdo con nuestros ejemplos, hay quienes esperan hacer una larga vida en su trabajo, sin cuestionamientos o puestas en riesgo de la pertenencia. Esa visión pasa por alto el hecho de que las organizaciones se rigen por la utilidad, por fines que tienen que ver con la vida y con el mundo en un sentido diferente a como lo hace la familia. Por eso los contratos pueden terminar, por eso existen finiquitos, por eso hay despidos: porque han cambiado las prioridades de la empresa con respecto a sus empleados. Obvio, cuando pasa algo de lo recién descrito, se obliga a la empresa a indemnizar al trabajador, a dejarlo que se vaya con dignidad, y a dejar el ambiente laboral libre de las deudas que suelen generarse cuando se maltrata a alguien , cuando se hiere su dignidad, cuando se saca ventaja de su desgracia.

¿Qué nos queda entonces? Disfrutar la vida familiar tal como es. Reconocer que se trata de dos ámbitos diferentes, y que para el mejor desempeño en el laboral hace falta capacitación, adquisición de habilidades, incorporación de conocimientos nuevos, para decirlo en breve: incrementar la experiencia de funcionar en un sistema que no es el familiar. En tal caso hace falta correr el riesgo de crecer, de convertirse en un profesionista, en un aprendiz, eficiente, hábil, con claridad en cuanto al ámbito donde se desempeña, sin falsas expectativas, y sin merma de la propia fuerza, la que proviene de las facultades y los talentos correspondientes.