Histomagia

Callejones floridos

Compartir
El próximo viernes se celebra el Día de Muertos (Archivo)
(Foto: Archivo)

En Guanajuato si cada peatón que pasa tratara de contarnos sus historias, seguramente estarían llenas de sabores, fantasmas, almas en pena, de día o de noche, vientos helados o sol resplandeciente, lluvia torrencial o vientos de lluvia olorosos como las flores de la vida cotidiana de los ciudadanos. Diversidad de aromas coloridos son los que mueven y conmueven tanto a vivos como a muertos en esta fascinante ciudad.

El Callejón Florido es una de las maneras que Guanajuato tiene para engalanarse; las familias del centro de la ciudad se esmeran en adornar los balcones de sus casas coloniales de flores vivas, tal vez para contrarrestar la muerte que en silueta pasa atraída por el aroma floral, dicen que ella no se queda porque no está su favorita: el cempasúchil, la flor de los muertos de la tradición azteca, pero ello no impide que pueda enamorarse de un olor que impregne su esqueleto de nubes.

Enamorados, entonces, la muerte y los habitantes, de estas latitudes, reciben los meses de primavera con flores en sus balcones, en sus casas, en los templos y en las plazas flores de jacarandas las tapizan de morado; hasta hay un Día de las Flores, es el jueves, en marzo o abril, antes de la Semana Santa. En los meses de invierno resurge el colorido con flores de muerto en los altares que hacen en sus casas para sus difuntitos, tradiciones pues. En navidad con nochebuenas y con la rama dorada: el muérdago para besarse bajo su magia de amorosa eternidad. El verano inicia con llevarle flores a la Virgen de Guanajuato en mayo; todo mundo le hace los honores pidiendo recibir sus bendiciones y cobijo durante todo el año. En otoño, que la producción de flores baja, las plazas se ven hermosas con hojas secas que se las lleva el viento a recorrer su último camino en la ciudad. Mueren bailando al son del viento de la montaña y de los cerros.

Creo que los guanajuatenses adornan sus casas como homenaje a los muertos que transitan todos los días al salir de su enorme tumba que es el otro Guanajuato, el que está escondido y que con la magia del trajín de los visitantes y tarareos de las amas de casa, se conmueven con dichos adornos y se dejan llevar por el homenaje póstumo que recuerda que la vida en Guanajuato es eterna, es casi como el sueño de Calderón de la Barca donde “la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

Tradiciones florales son las que nos hace revivir todo el año desde dar la bien venida a la primavera hasta dar fiesta, paz y descanso a nuestros muertos; así, nuestras casas se embellecen con la ofrenda, la tradicional cajeta de muertos, los papeles volando al viento y el vaivén de siluetas fantasmales que visitan y esperan su comida y bebida favorita, hasta su cigarrito, lo que representa el no me olvides que sus familiares les brindan con honor. Tú las verás. Ven para el Día de muertos, te aseguro que te encontrarás algo más que ofrendas. Lee y anda Guanajuato.