Tocar fondo

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Ayer no es sino la memoria de hoy, y mañana es el sueño de hoy.

Yibrán Jalil Yibrán (1883-1931) Escritor libanés

De acuerdo a los datos oficiales con respecto a contagios por coronavirus y defunciones por Covid-19, que ofrece tanto la Secretaría de Salud Federal, así como del Estado de Guanajuato, resulta necesario el análisis y reflexión de esta información, con el fin de tratar de plantear conclusiones útiles para enfrentar esta situación devastadora, que nos viene representando esta pandemia, que se ha instalado entre nosotros en los últimos meses, sin que podamos ver todavía en el horizonte una solución que nos restituya medianamente el optimismo.

Por el contrario, tal parece que en todos los frentes en los que la virulencia se ensaña como agente activo, los efectos negativos se multiplican. A la fecha sigue creciendo el número de contagios y el número de fallecimientos, sin que se logre reducir el elevado índice de letalidad, muy por arriba del valor promedio mundial. Asimismo, es patente contemplar con impotencia el colapso de varios giros productivos, comerciales y de prestación de servicios, ante el pasmo de las autoridades, tanto estatales como federales, y con una población heterogénea, e incluso dividida, con respecto a la apreciación conceptual de la pandemia, así como en las actitudes y conductas, con las que se viene respondiendo, individual y socialmente, frente a esta problemática situación.

Es necesario insistir que el manejo de la información debe alejarse sustancialmente del manoseo de filiación política, con el que se tiende a presentar los datos de acuerdo a las conveniencias de las diversas fracciones partidistas, es decir, en forma arbitrariamente focalizada, lo que de ninguna manera favorece las intenciones de ofrecer a la población un panorama real y objetivo, que sirva de contexto para el establecimiento de medidas homogéneas de control efectivo. Así, algunos medios periodísticos son proclives a presentar cuadros en los que se exagera el dramatismo, en contraste con los medios oficiales, demasiado inclinados a suavizar los efectos negativos de la pandemia.

La realidad al día de hoy, es que en el país se tienen reportados casi 380 mil casos confirmados de contagio y un número que se acerca a los 43 mil fallecidos por Covid-19. Cantidades alarmantes, con las que no se puede jugar a la ligera, adoptando una actitud subjetiva de falso optimismo. En número absolutos, México se ubica en el cuarto lugar de fallecidos, detrás de Estados Unidos, Brasil y el Reino Unido, este último con cerca de 46 mil fallecidos, cantidad que, si se mantiene la tendencia estadística nacional, se puede superar en menos de una semana.

Algo no se está haciendo bien y en lugar de tomar las riendas para redirigir las estrategias, el gobierno federal trata de justificarse con otros datos, esgrimiendo que este tipo de comparaciones no son realistas y que más bien se debería estimar el número de fallecidos (como si fueran simples números) relacionándolos con el número de habitantes. Bueno, pues haciéndolo de esta forma, calculando el número de fallecidos por cada 100 mil habitantes, las cosas no mejoran sustancialmente, pues de acuerdo a la Johns Hopkins University (JHU), México ya se ubica en el quinto lugar con una relación de 33.8, detrás del Reino Unido con 68.8, Perú 55.8, Chile 47.6 y Brasil 40.7.

Si no se plantean con seriedad estos números y, sobre todo, con un gran respeto por la población mexicana que está siendo víctima de esta terrible epidemia, pareciera que se trata de estadísticas deportivas, en lugar del cuadro desolador de angustia y sufrimiento. Pero tenemos que seguir, pues el caso es tocar fondo con el estado de la situación sanitaria de contagio, y observar la realidad cruda de lo que nos sucede. Otro valor de gran inquietud, es el índice de letalidad que está produciendo la enfermedad en varias regiones del país, valor que se calcula dividiendo el número de fallecidos por el número de casos confirmados, y que de acuerdo también a datos del día de hoy ofrecidos por la JHU, México ocupa el deshonroso segundo lugar en el mundo, con una tasa de 11.7%, detrás del Reino Unido, que presenta un valor de 15.3%, inconcebible para este país europeo de gran desarrollo científico y tecnológico.

Sin embargo, el mismo reporte alerta sobre la veracidad de los valores, ya que los datos registrados pueden diferir por causas como el cómputo real de contagios confirmados, que tal vez resulte menor debido probablemente al número reducido de pruebas de laboratorio, que es lo que puede estar ocurriendo en México. De esta forma, en el caso hipotético de un número más elevado de contagios confirmados por pruebas de laboratorio, el índice de letalidad sería por supuesto menor.

No obstante, en lugar de investigar a fondo sobre este punto, así, nada más sobre la marcha y con datos parciales apoyados sólo por la información genérica de las causas agravantes de la enfermedad, como diabetes, hipertensión, obesidad, edad avanzada y padecimientos respiratorios, las autoridades, con tintes de justificación, sencillamente endosan la culpabilidad a los obesos, mal alimentados y consumidores de bebidas embotelladas con altos niveles calóricos, lo cual puede ser verdad, pero no parece correcto desembarazarse así nomás, de la alta responsabilidad que representa sostener un sistema social de salud eficiente, con el que lamentablemente no contamos en este país, para atender debidamente a la mayor parte de la población mexicana, pues no se tiene el número suficiente de doctores, enfermeros, analistas, técnicos y personal de apoyo, quienes se comportan con verdadero heroísmo, a pesar de contar con recursos muy deficientes en insumos e infraestructura.

Tenemos que ser conscientes de que es fácil criticar, pero tratando de hacer una relación del curso de los acontecimientos, existen algunos factores que logran distinguirse en la confusión con la que se ha venido manejando, de manera oficial, el desarrollo de la pandemia en estos cerca de cuatro meses de duración, y que lejos de acercarse a un desenlace afortunado en el corto plazo, parece que las perspectivas indican la posibilidad de que el período se alargue aún más, si antes no se dispone de las vacunas que logren frenar la epidemia.

Un aspecto que me parece central es que se logre deponer la actitud de relativa indiferencia del presidente López Obrador, quien insiste con frecuencia en que no pasa nada, declarando casi a diario que ya estamos saliendo de la crisis, cuando los reportes del día siguiente indican lo contrario. Actitud acompañada de un simbólico rechazo inexplicable al uso de cubrebocas, como elemento coadyuvante para mitigar el grado de contagio. Pero es aún más significativa la ausencia total de acciones de convocatoria nacional, que le corresponde también hacer al presidente, integrando a gobernadores, científicos, académicos y líderes de opinión, para establecer estrategias funcionales, aplicadas en forma controlada a lo largo y ancho del país, sostenidos por presupuestos realistas, aplicando recursos para que se logre fortalecer significativamente el sistema nacional de salud, con personal, medicamentos e infraestructura.

Convocar asimismo a que se establezcan criterios uniformes, tocantes a períodos de confinamiento, distanciamiento social, uso de cubrebocas, procedimientos de desinfección, así como sobre el tránsito fluido de personas, evitando aglomeraciones, particularmente en espacios cerrados, sobre todo pensando en la reanudación de las actividades productivas, comerciales y de servicios diversos, lo cual resulta ya imperioso, pues existe la posibilidad de un colapso económico de enormes proporciones, lo cual tampoco es aceptado por el gobierno federal, que proclama, incluso pasando por encima de los datos fríos que reportan los mismos órganos oficiales, relacionados con los índices de crecimiento y tasas de desempleo, que la economía marcha bien, sin mayores preocupaciones y que la recuperación se verá reflejada en el corto plazo, sin señalar fondos y formas. 

La población merece ser informada con claridad y sólo algunos medios colaboran activamente, sin tintes de amarillismo ni con la ligereza oficial. El informe oficial que se presenta diariamente está desgastado y las tendencias de los modelos estadísticos se han visto muy rebasados por la realidad, todo lo cual sólo se trata de ajustar con justificaciones y pretextos, lo que ha provocado en el portavoz, descontrol y hasta altanería, al sentirse replicado es sus apreciaciones. Por su parte, el presidente no cambia de cariz y cuando lo siente necesario replica con frescor, que él tiene otros datos.

Informar con claridad, debe interpretarse como la difusión amplia y explicada de la normatividad que debe prevalecer en el contexto, aceptada con convencimiento general por autoridades y población, para lograr un efectivo bien común en las diferentes regiones del país, considerando con especial atención factores de densidad poblacional y características sectoriales, así como apoyada mediante la aplicación de un número suficiente de pruebas analíticas, como para focalizar con precisión las zonas de mayor contagio, evitando señalamientos prejuiciosos de orden político, lo que para el gobierno federal tampoco resulta favorable, pues los estados gobernados por Morena, están entre los que presentan los mayores números de contagios y letalidad.

Asimismo, es esencial la aplicación de operaciones de vigilancia y control, a fin de que todos los ciudadanos se conduzcan por el cauce normativo, conscientes de que las faltas a la observancia normativa resultarán en perjuicios sanitarios y económicos al interior de las poblaciones y, además, que los infractores deberán ser sujetos de penalidades administrativas.

Nunca es tarde para reestablecer el orden, sobre todo porque los fines son justos y necesarios. Pero se debe reconocer que poner un proceso de esta naturaleza en marcha, por desgracia está lejos de contemplarse en nuestro querido México. Nos queda la esperanza de que sea la misma ciudadanía, la que despierte y empiece a comprender que hay circunstancias, en las que el bien común debe prevalecer sobre los diversos intereses grupales y, por tanto, sepa cómo actuar en consecuencia ¿Será necesario tocar fondo?