El espacio de Escipion

ATENTO AVISO: Se acabó el sexenio

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Andrés Manuel López Obrador está en campaña, la realidad del país no. Es cierto, el presidente debe comunicar al país con intensidad y entusiasmo que los destinos de la nación marchan por buen camino. Pero, el secretario de Hacienda, Arturo Herrera Gutiérrez, la segunda figura de mayor peso en un gobierno y sobre quien recae gran parte de la responsabilidad de la estabilidad de México, quien tiene el encargo ético de difundir cómo va la economía del país, nos ha dicho todo lo contrario: estamos mal y podríamos estar peor.

En las pocas salidas mediáticas que ha hecho el titular de Hacienda, cuyo cargo y poder de decisión y ante los vacíos de poder en el gabinete lo colocan como “vicepresidente”, esta semana advirtió ante diputados de MORENA que México “enfrentará la peor crisis económica que ha vivido desde 1932”. Tal cual: si bien habrá una recuperación lenta y tardía para el año siguiente, el impacto económico por las secuelas de la pandemia y, aunque no lo dice, por los errores cometidos por este gobierno (cancelaciones de obras públicas e inversiones privadas, recortes a programas estratégicos, plan de austeridad sin ton ni son, erogaciones a una política energética poco efectiva, apoyo marginal a micro y pequeños empresarios, entre otros).

Así, el la SHCP prevé que Presupuesto para el 2021 estaría en 5.8 billones de pesos, un tanto menor al PEF 2020. Mario Di Costanzo, ex titular de la CONDUSEF y ex “secretario de Hacienda” del primer “Gobierno Legítimo” de AMLO en 2006, calculó que este presupuesto estaría destinado casi la mitad al pago de la burocracia: “(el pago de) sueldos en el gobierno será para 2021 de 1.3 billones de pesos y el de gastos de operación de 1.2 billones. Es decir, el 43% del total del Gasto Público”.

Con sutileza, Herrera Gutiérrez nos informó que se acabaron los “guardaditos” (fundamentalmente en fideicomisos), que no se contrataría nueva deuda (pero que “ésta se incrementará entre 10 y 17 puntos del PIB por efecto del tipo de cambio) y que nos prepararemos porque la crisis obligará “a enviar un paquete económico, muy cuidadoso, muy prudente, muy responsable y que requerirá la comprensión y solidaridad de muchos, porque habrá menos recursos».

Por primera vez desde la conformación del blindaje financiero en 1999, el secretario de Hacienda mexicano no presumió como sus antecesores un “buen manejo de las finanzas públicas”, tampoco “la estabilidad en los precios”, ni siquiera echó cuentas alegres al éxito de las políticas públicas para generar empleos y reducir la desigualdad, porque sinceramente eso no ha ocurrido ni ocurrirá en el horizonte medio y de largo plazos, mientras los titulares de despacho del gabinete económico no hagan trabajo extraordinario.

El Banco de México, gracias a su autonomía, se ha convertido en el mejor controlador de la inflación y en orientar parte de las discusiones que hay sobre lo que sí y no era efectivo para enfrentar la crisis de la pandemia, como lo han destacado Jonathan Heath y Gerardo Esquivel, ambos críticos y autónomos pero simpatizantes de la 4T. Los análisis y sugerencias que han difundido ambos economistas, sin lugar a dudas, es lectura obligada por los legisladores y el presidente de la República para cuando analicen el proyecto presupuestal del 2021 y más allá.

Si en el pasado, como oposición, los que ahora tienen el control de la política económica criticaban que la estabilidad y el crecimiento no se habían traducido en una mejora en la situación económica de las familias mexicana, la actual circunstancia de la economía del país deja peores saldos a los que pregonaban en su ascenso al poder.

La agenda presidencial, sin embargo, está operando para restablecer los hilos rotos con la iniciativa privada: “Las tuberías rotas del sistema circulatorio de la economía se han soldado nuevamente”, decía Franklin D. Roosevelt en su Discurso sobre la supervivencia de la empresa privada” en octubre de 1936 (citado por Esquivel en su análisis sobre el impacto económico del covid-19, por cierto),

Casi a la par de Arturo Herrera, Andrés Manuel López Obrador reitera que su gobierno “tiene una buena relación con la iniciativa privada”, pero reiteró su discurso en contra del tráfico de influencias y contra la corrupción “desde arriba”. Nadie, en su sano juicio, puede más que aplaudir el combate a la corrupción y sancionar la impunidad, pero quizá ya es hora de dar un mensaje que no sea la amenaza y la hostilidad a las inversiones nacionales y extranjeras, y mejor aún, es momento se rectifiquen decisiones que están desgastando un sexenio que parece finalizar en lo económico.

La actual circunstancia del país requiere no sólo discursos que den certidumbre al rumbo que quiere llevarnos la 4T, sino también datos que sean verosímiles, pues no basta elogiar el apoyo “a los pobres” cuando hay cifras que hablan de retrocesos, los cuales no se ven sólo en los múltiples programas de bienestar que, además, carecen de transparencia.

Si el sexenio estaría casi aniquilado en lo económico, puesto que diversos especialistas hablan de una recuperación para después del 2024, en lo político y lo social, la llamada “cuarta transformación” le urge actuar con ética pública y no pensar sólo en los propósitos electorales. Es momento de separar lo institucional de lo partidista, la realidad de la propaganda. Es momento de que al menos haya resultados en la oferta de que son “distintos” y que hay un gobierno que habló con responsabilidad y de frente a los más de 30 millones que le dieron su confianza, pues éstos y otros más, estamos apenas sintiendo cómo se eleva la temperatura de esta gran olla de presión que es la crisis económica.