Histomagia

VIAJE EN EL TIEMPO

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Para Lena

Guanajuato es una ciudad que por sí misma se detiene en el tiempo: sus casas, callejones y muchas de las personas que aquí viven y se convierten en parte del paisaje, tanto que se dan el lujo de aparecer de repente ya sea en sueños, o en esta realidad que hace que nuestra vida guanajuatense lejos de los barullos de las grandes ciudades, parezca un viaje en el tiempo.

Un amigo mío, Arquitecto de profesión, recién me ha contado una historia que deja, en verdad, mucho muy lejos los relatos que giran en torno a la subida del muerto o de los íncubos y súcubos que a más de uno han aterrorizado.

El Arqui me relata que en una de las tantas obras a restaurar, cuando llegó a ver a uno de sus compañeros, éste le dice que vaya con la Contadora y le pregunte por Juanito. Él va a buscarla y cuando la encuentra le pregunta por tal personaje. Extrañada por el interés, ella comienza a contarle que temprano por la mañana, un sábado, aprovechando que no había nadie que interrumpiera un trabajo que necesitaba terminar, se da a la tarea de ir a ese edificio antiguo situado en plena plaza central. Guanajuato se caracteriza por situar oficinas de Gobierno en casas antiguas que antes eran habitadas por familias de renombre, con el fin de conservar el aire Colonial de la ciudad.

Ella relata que, cansada por todo el trabajo del día anterior, llegó al edificio, entró al primer cuarto, sirvió un poco de refresco en un vaso y se dispuso a esperar a otra compañera, recostada en un sillón que ahí estaba; de pronto, se da cuenta que se le dificulta moverse, que la oficina no debe de tener ningún sillón, ni mucho menos la profusión de cuadros que cuando los mira se desvanecen ante sus ojos…ella no sabe qu¡e está pasando, pero  claramente esa no es la oficina que día tras día es su segundo hogar. No supo cuánto tiempo estuvo así, pero en cuanto pudo moverse, poco a poco y con dificultad, se paró y salió al patio que estaba inmediato a la puerta de entrada diaria a la oficina, pero que en ese momento la puerta no estaba ahí, solo había una pared enorme decorada con diversas macetas y plantas muy frondosas. Desconcertada, escucha que alguien barre el patio, ese alguien la toca en el hombro; ella, muerta de miedo,  se da vuelta y él le dice que no debería de estar ahí. La Contadora le pregunta ¿Quién es usted? Y él le responde: Soy Juanito. Ella lo ve. Él traía puesta una camisa blanca, muy blanca de estilo antiguo. Lo cuestiona sobre si es él el dueño de la casa. Él le responde que no, que son Dueñas y que están allá abajo y señala unas escaleras que ella jamás había visto.  De repente voltea a su alrededor y se da cuenta de la luz tono mandarina que se cuela por las ventanas, es el atardecer, y también cae en la cuenta de que no sabe cuánto tiempo ha pasado, y por una corazonada sabe que de regresar al cuarto en donde comenzó todo, todo volverá a la normalidad.

Ella regresa rápidamente dándole la espalda a Juanito, él le insiste en que salga de la casa, ella corre, llega al cuarto y ve que ya está en su oficina, todo normal. Sintiéndose a salvo, quiere refrescarse la garganta, toma el vaso con refresco y ve que ese líquido está cubierto con una capa blancuzca como de baba blanca, como si hubiera estado muchísimo tiempo ahí.

No sé qué pensar de esta narración, pero lo que sí sé es que ella cruzó una línea del tiempo, en donde conoció al sirviente Juanito que aún cuida la casa en donde actualmente está una sucursal bancaria que, por cierto, es mi banco. Nadie cree que pueda suceder, pero sucede en esta ciudad situada en diversos tiempos.

En verdad, hoy o mañana, ven, lee y anda Guanajuato.

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