Somos Todos Migrantes Peregrinos

Somos Todos Migrantes Peregrinos

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Imagine no possessions / I wonder if you can / No need for greed or hunger /

A brotherhood of man / Imagine all the people sharing all the world.

 John Lennon

Eva comió de la fruta prohibida y la compartió con Adán, y ambos se dijeron engañados por la serpiente. El Señor Dios los expulsó del Paraíso por haber desobedecido sus mandatos y entre otras calamidades les sentenció: comerás el pan con el sudor de tu rostro, hasta que vuelvas a la tierra de que fuiste sacado, porque polvo eres y al polvo regresarás. Adán y Eva son obligados a abandonar su territorio, a cambiar de residencia, a emigrar. En esta alegoría, el ser humano se convierte en inmigrante, establecido en un nuevo territorio para tratar de desarrollarse, formar una comunidad y sobrevivir bajo las condiciones de su espacio–tiempo. Siguiendo con la alegoría, Caín, al asesinar a Abel es maldecido por Dios que lo condena a vagar errante por el mundo, convirtiéndose entonces en el primer transmigrante.

¿Debemos culpar a Dios de lo que pasa en el mundo? Es factible pensar que desde la prehistoria los seres humanos se enfrentaron entre sí por codicia, por ambicionar lo que tiene el otro y emprender una lucha para quitárselo por la fuerza, ya que por alguna razón oscura unos y otros sienten tener la certeza de merecer el bien por el que luchan, en lugar de pensar en beneficiarse mutuamente al compartirlo. En la historia los ejemplos de codicia humana son innumerables y hasta hoy, la humanidad aún no ha alcanzado el nivel de desarrollo como para que la justicia y los nobles sentimientos formen parte del pensamiento y de la conducta cotidiana.

¿Quién le puso fronteras al mundo?, ¿quién convino con el reparto de la tierra y sus recursos?, ¿acaso Dios delegó en alguien la concesión de bienes raíces?

A partir de la imaginación de los griegos, Pandora abrió el ánfora de la que salieron las desgracias del mundo, el hambre, la pobreza, las enfermedades, los vicios, las plagas, sólo quedó la esperanza dentro de la jarra. Desde luego que los infortunios han sido en todos los tiempos, democráticamente distribuidos. Sin embargo, la riqueza ha sido, y es, privilegio de un número reducido de personas en el mundo y en datos interesantes y verosímiles, se señala que menos del diez por ciento de la población mundial acumula casi el ochenta y cinco por ciento de la riqueza del planeta, además de que esa fracción ostenta la fuerza y el poder no sólo para defenderla, sino para acrecentarla, a costo del aproximadamente noventa y dos porciento de la población que trata de retener con las uñas, el cerca del diecisiete por ciento del capital total.

Si hablamos de pobreza en México, es difícil aceptar que más de cincuenta millones de mexicanos no cuentan con los ingresos suficientes para satisfacer las necesidades básicas de casa, vestido y sustento requeridas por sus familias, y más triste aún es conocer que, de acuerdo a la UNICEF, alrededor de diez millones de niños viven hoy día en condiciones de pobreza alimentaria, situación que ha sido agravada por la pandemia de Covid-19 y sus variantes, especialmente a partir del 2020. Por supuesto que esto no es privativo de nuestro país, pero tampoco es un consuelo saber que en el ranking mundial existan países que viven bajo circunstancias mucho peores que las nuestras, y que las estadísticas indiquen hoy, cerca de mil millones de seres humanos en el mundo vivan en pobreza extrema, entendida como la imposibilidad de alcanzar los estándares mínimos de nutrición, salud y vivienda.

Así pues, dentro del mismo México han existido flujos importantes de migración en búsqueda de mejores niveles de subsistencia, como lo fue el éxodo de miles de habitantes de muchos de los estados de la República hacia el Distrito Federal, a todo lo largo del siglo veinte, y que hizo de la capital una megalópolis extremadamente difícil de controlar y con enormes desigualdades en su interior. Actualmente, miles de pobladores de los estados con menores índices de desarrollo humano tratan de encontrar mejores condiciones de vida en los estados con mayores oportunidades laborales. No obstante, la mayor atracción para muchos mexicanos es la de cruzar la frontera de los Estados Unidos en busca de vivir el sueño americano.

Las causas de esta migración con destino hacia el norte son variadas, si bien para una gran proporción de migrantes, se origina por la situación regional de violencia, miseria y falta de oportunidades de empleo digno. A pesar de las dificultades, riesgos y peligros que se han acrecentado, los Estados Unidos siguen constituyendo el principal polo de atracción, debido a que, si se logra rebasar la frontera, el bracero o espalda mojada, tiene cierto grado de certeza de lograr un trabajo que, si bien puede tratarse de rango inferior, le proporcionará un salario impensado en su país de origen. Es tal la magnitud de la inmigración de mexicanos, que ya superan el diez por ciento de la población de los Estados Unidos, establecidos principalmente, y esto resulta paradójico, en los territorios que México perdió en la guerra con el vecino del norte entre 1846 y 1848.

Al flujo de migrantes nacionales se ha sumado la de miles de centroamericanos, y hoy también de cubanos, haitianos y, en menor medida, de africanos, que viviendo asimismo en situación de pobreza extrema en los países de origen, optan por dirigir sus pasos hacia los Estados Unidos, enfrentando los riesgos de muerte, violencia, robos, extorsiones y secuestros, al atravesar nuestro país para llegar a la frontera, de tal forma que ahora en México se realizan tantos arrestos y deportaciones de migrantes ilegales, que en el mismo territorio estadounidense.

El mayor drama reside en la migración infantil sin compañía de adultos, que se pierden entre los datos estadísticos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, pero que suman decenas de miles de menores centroamericanos y de México, que fueron detenidos después de pasar la frontera de Estados Unidos. Es difícil hasta imaginar el estado de pobreza y violencia que deben experimentar unos padres, para decidir desprenderse de sus hijos con el fin de liberarlos de las infames condiciones locales.

Las estructuras del poder de la gran la capital del dinero especulativo, de la fabricación de armas, del consumo de drogas, la Gran Babilonia, ha levantado muros cada vez más altos, cierra sus fronteras con apoyo del ejército y de la tecnología más avanzada, pero actuando con la astucia necesaria para aflojar cuando ha requerido unilateralmente de mano de obra barata y surtido de estupefacientes. Al migranteilegal se le puede pagar menos y no se le conceden derechos laborales y, por otra parte, a México y Centroamérica se le pueden vender armas para simular el combate contra el narcotráfico. La cúpula del poder predica moral, cuida su capital y no tendrá ningún escrúpulo en incrementarlo. Pero hoy la situación tiene tintes de explosiva y se escapa de las manos. La gravedad con respecto al flujo de migrantes, exige de mejores y más humanas alternativas de solución, asomarse a las causas y no sólo tratando de controlar los efectos que se multiplican por todo el mundo y esto exige una seria revisión a los sistemas geopolíticos que, en afán de mantener sus privilegios, pueden ciertamente estar provocando una crisis de costos inimaginables para todos.

En tanto, los países que dan origen al flujo migratorio, siguen viviendo en condiciones de corrupción, violencia, injusticia, falta de empleo, deficientes servicios de educación y salud, demagogias que aparentan democracia. Con un tejido social desgastado por la pobreza, violencia y marginación de la mayor parte de sus habitantes y una clase política preocupada, y gastando buena parte de los presupuestos nacionales, en campañas patéticas para seguir aferrándose al poder y que sabe cobrar por las concesiones de los presupuestos para enriquecerse ilícitamente, formando una élite plutócrata aglutinada en asociaciones delictuosas insultantes. La esperanza no parece existir en la caja de Pandora ¿No seremos capaces de romper estos patrones?

Las organizaciones internacionales festejan el Día del Migrante, estableciendo en sus acuerdos el respeto irrestricto a los derechos humanos de los migrantes; el reconocimiento a la contribución de su trabajo en los países de admisión; la condena al racismo, a la xenofobia y a todo tipo de expresiones de discriminación; el apoyo humano al tránsito migratorio; la propuesta de planes de regularización para los migrantes ilegales; desafortunadamente, son acuerdos que están muy lejos de cumplirse.

Miles de haitianos tratan de cruzar el río Bravo, con la esperanza en el rostro de que serán recibidos humanitariamente del otro lado de la frontera, pero esa esperanza les estalla como latigazos en la espalda, así literalmente, con las fustas de los Rangers texanos, imágenes que sacuden al mundo. Muchos sentencian que eso les tiene que pasar porque son ilegales, otros se atreven a calificarlos de migrantes ociosos, viciosos y revoltosos. Todo mundo tiene el derecho de esgrimir sus razones. Pero el mundo se convulsiona, grandes regiones de África, Oriente Medio, América Latina y el Caribe, Europa Oriental, Asia, viven en un estado de injusticia social, violencia, guerras intestinas, pobreza, hambre, enfermedades, ignorancia, angustia y terror. No queda más remedio que ponerse a caminar, algunas veces hasta sin tener conciencia del rumbo, tan sólo con una pizca de esperanza en una mochila ligera a las espaldas.

A las estructuras del poder les interesan más bien las fluctuaciones de la Bolsa, si el río está revuelto, habrá ganancia para los pescadores. Imagine all the people sharing all the world, eso es sólo para soñadores que viven en la utopía… pero la idea puede resultar también un buen negocio, mientras sea el otro el que comparta la zalea.

Finalmente, todos somos migrantes peregrinos en nuestro paso por esta vida; tal vez en algunos, o en muchos, existan dudas sobre la vida del mundo futuro. Pero ¿Qué será de nosotros si no somos capaces de obrar con compasión?