Ocultos en el cine

Ocultos en el cine

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Cuando pensamos en la ciudad de Guanajuato, nos remitimos inmediatamente al misterio que provoca la planeación misma de la ciudad, las plazas, los callejones, la calle subterránea, los túneles, además del Museo de las momias ubicado en el cementerio de Santa Paula en donde siempre sientes que las estatuas se mueven, que el viento te llama y que los vivos conviven con los muertos, ya que son elementos mágicos que la definen. Pero hoy hablaré de una experiencia extranormal que le sucedió a mi amiga Gaby en una sala de cine que, como sabemos, a estas fechas, lucen semivacías por motivos de la pandemia, pues el aforo es de un poco más del 30 %, el punto es cuidar de los cinéfilos que ahora ya pueden disfrutar de a poco, imágenes en grandes pantallas.

Pues bien. Esta semana mi amiga fue a ver la película de “No time to die”. Ya casi para iniciar la función a Gaby se le olvidaron sus lentes en el auto, por lo que pidió amablemente a su esposo que fuera por ellos, pues con lentes oscuros es difícil ver el filme. Su esposo baja de inmediato, dándose prisa, pues los avances y anuncios previos ya estaban corriendo en la pantalla y tenía al menos 5 minutos para ir hasta el estacionamiento, abrir el carro y sacar el portafolio con los lentes, tomarlo y subir de inmediato para verla en cuestión desde el inicio.

Gaby esperaba impaciente, volteaba a ver la entrada a la sala con la esperanza de que ya llegara su pareja. A los minutos, iniciaba ya la función y la oscuridad se fue apoderando del lugar, en ese momento, alcanzó a ver con un haz de luz que iluminó un segundo la sala, a su esposo que ya venía casi corriendo, subiendo las escaleras a tomar su lugar para ver ya tranquilo la película. Esa poca luz fue fugaz, la sala quedó en la oscuridad total, Gaby escuchó a sus espaldas pasos y cómo su esposo se sentó en la silla de atrás, acomodándose para ver la función, pensó que ahora que hubiera un poco de luz le haría saber su error y que se sentara junto a ella. De repente a tientas pudo sentir que alguien estaba a su lado, en ese momento, con la poca luz intermitente logró ver que su marido estaba parado justo ahí, quitando la charola para sentarse y estirando el brazo con el portafolios para que tomara sus anteojos y disfrutar la película. Gaby se quedó paralizada, no supo qué pensar, sólo al iluminarse la sala con la claridad de la proyección logró ver que su esposo ya estaba sentado a su lado, y que atrás de ella no estaba sentado nadie. Trató de ver la película, pero estuvo inquieta durante toda la función, pues, aunque era evidente que no había nadie ahí, sentía el movimiento de acomodo de “ese algo”, el arrastre de los pies, el rechinar de la butaca…obviamente al salir le contó todo a su marido quien sólo insistió diciendo que no había entrado nadie con él, que sólo había subido esas escaleras él, nadie más.

No sé, yo pienso que hay muchas almas perdidas en este mundo, que buscan ubicarse en las sombras de la noche, de las casas o, en este caso de los cines, donde la oscuridad es precisa para poder poner las emociones a flor de piel, y sí, muchas de las películas que pasan, sobre todo este octubre, son sin duda de terror. Tal vez y sólo tal vez, algún hechizo trascendió la pantalla, o alguna persona llevó consigo a un acompañante que decidió vivir de las energías de quienes van y las irradian, tanto buenas como malas, dependiendo del filme a ver. Dicen los que saben que esas energías son parte de la comida de esos seres de oscuridad, son vampiros que siguen a quienes ven débiles, y esta vez, el esposo de Gaby fue el imán que lo llevó ahí, donde se quedó, en la sala 6 de ese cómodo y confortable cine de esta ciudad. ¿Quieres ver alguna función en este lugar? Ven, lee y anda Guanajuato.