Desde el Faro

LAS SEÑORAS DE POLANCO, HISTORIA DE NOBLEZA

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Surgieron de repente, sin que alguien las llamara, estaban ahí, a unos cuantos pasos de la tragedia, resueltas a combatir el infortunio y lo hicieron de la mejor manera: el reparto de tortas; aquel septiembre de 1985, las señoras de la “alta sociedad”, del entonces llamado Distrito Federal, dejaron la comodidad de sus casas, salieron a la calle para auxiliar a quienes, entre los escombros, buscaban sobrevivientes.

La zona donde cruzan Paseo de la Reforma y avenida Juárez, se convirtió en el campamento de socorristas, donde también estaban: médicos, bomberos, peritos de Petróleos Mexicanos y de la Comisión Federal de Electricidad, sin faltar los entusiastas voluntarios de la Cruz Roja de León, quienes habían llegado a bordo de varios vehículos y un autobús de los Bravos, el equipo de beisbol de la ciudad; era el tiempo en que Pedro Medina Hurtado era el presidente de la Benemérita Institución; cerca de todos ellos, 2 días después del movimiento telúrico, las “señoras de Polanco” comenzaron a llegar con su cargamento.

El menú era muy variado: tortas de huevo, de frijoles y las “combinadas” (de frijoles con huevo), acompañadas de café caliente; alimento suficiente para satisfacer el hambre de unas 100 personas; desde las 6 de la mañana hasta las 10 de la noche, estaban ahí, protegidas por una tienda de campaña que ellas mismas instalaron. Con solo su presencia levantaban la moral de los rescatistas.

La historia de ellas es muy simple y emotiva: en la comodidad de sus residencias veían las noticias, se pasaban las horas frente al televisor discutiendo los pormenores de la tragedia, pero comenzaron a sonar los teléfonos: “esto no debe ser un espectáculo”, “algo tenemos qué hacer”; y surgió la idea de alimentar a quienes removían escombros y trataban de salvar vidas; tal vez sin saberlo, ellas salvaron muchas más vidas de lo que imaginaron.

En medio de la desgracia surgieron muchos ejemplos: el valor mostrado por el grupo de “Los Topos”, la organización de muchos rescatistas, y el trabajo entusiasta de los jóvenes de la Cruz Roja de León, pero la riqueza interior de las “señoras de Polanco” fue superior.

Gracias a ellas por su gran sentido de la justicia, mostrado en horas difíciles.