El Laberinto

Sesgo

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Para Alma, feliz cumpleaños

Cuando por alguna razón debo interactuar con el celular de alguien más siempre salgo sorprendida por el tamaño de la letra, la configuración de inicio, el orden de las aplicaciones o el tipo de contenido que le manda el algoritmo, estoy segura de que para otros es igual usar el mío por qué tengo una amiga muy querida a la que al mostrarle algo siempre me reclama con risas por la cantidad excesiva de brillo que irradia mi pantalla. Aún recuerdo a mi abuela preguntándome ¿por qué si todo estaba en esos “aparatejos” había tanta ignorancia? y después de pensarlo un poco le respondí: “porque no te enseña nada que no se parezca a lo que ya le hayas pedido”, si las búsquedas son puras motocicletas y mapaches eso verás en tu inicio, de eso te vas a enterar. 

Algo similar pasa en el mundo “exterior” con las opiniones, con la orientación y tipo de noticias que recibimos ya que solemos tener interacción, tanto en el vecindario, en la familia, en el trabajo, en la recreación e información con personas similares a nosotros e incluso se retroalimenta con lo virtual, pues estas mismas personas figuran en nuestras redes sociales, esto es normal y no tiene absolutamente nada de malo, es más ¿como para qué queríamos estar voluntariamente con quien se nos opone o nos desagrada? El problema empieza cuando creemos que ese pequeño porcentaje que alcanzamos a divisar es el mundo o peor aún a descalificar como falso todo lo que no alcanzamos a ver desde nuestras ventanas, como si pensáramos que lo que no está en nuestro inicio de sesión simplemente no existe en el internet.

Recordemos que la opinión es subjetiva, informada o no, no es la verdad absoluta, es solo para lo que nos alcanza con lo que sabemos, sentimos y creemos.

Existe un paso más allá, el sesgo cognitivo, al que podemos llegar sin desearlo como pensar que somos feos y solo mirar nuestras malas fotos, los reflejos distorsionados en la calle, fijarnos en “esa” persona que nos rechazó y no en todas a las que le parecemos lindos, cuando caemos en esto y descubrimos que estábamos equivocados se siente mucho alivio, pero las cosas se complican cuando llevamos a cabo una búsqueda consciente para tener la razón, ignorando todas las señales que contradigan nuestra postura y aquí hay que advertir que no importa que tan estúpida o descabellada sea nuestra teoría, siempre encontraremos a alguien que la apoye, retomando el caso del sentirse feo hasta quienes viven de su belleza tienen retractores.

Estos sesgos se maximizan con las redes, ningún dato tiene que estar verificado para circular impunemente y además las mismas configuraciones hacen que veamos lo que queremos ver, lo cual está muy bien si se trata de gustos musicales o tendencias de moda, pero que es muy peligroso al momento de tomar una postura o de juzgar a los demás.