Histomagia

AGUA DE ESPANTO

Cuando en Guanajuato llueve, el viento arrecia llega helado desde la sierra y los cuevanenses saben que deben de protegerse de esos fríos para no enfermarse, aunque a veces si la lluvia te agarra en pleno centro buscas guarecerte debajo de algún quicio de las puertas o portones de las casonas coloniales antiguas que predominan en la ciudad.

La cuestión es que cuando cae la lluvia por la madrugada, las plazas, calles y callejones parecen solitarios, pero eso es así: sólo parecen solos porque las almas en pena y alguno que otro fantasma salen a buscar compañía o a acompañar a los trasnochadores que gustan de la soledad o que irremediablemente no les quedó de otra que caminar en la noche fría hasta su casa.

Me cuenta mi amigo Omar que con las lluvias torrenciales caídas recientemente en Guanajuato, a él y a su compañera se les ocurrió guarecerse en la subterránea, pero dada la abundante caída de agua no les quedó de otra que salir de la subterránea inundada porque la corriente crecida amenazaba con arrastrarlos y llevárselos en su cauce.

Salieron directo a la Plaza de la Paz, con la poca visibilidad se apegaron a los muros para buscar un quicio y poder, ya no mojarse pues ya estaban empapados, sino esperar a que pase la lluvia para poder caminar con calma sin los torrentes de agua que bajan de los callejones y siguen su curso en la cañada en que está la ciudad.

Tentando las paredes pues la visibilidad era prácticamente nula, llegaron hasta el pasaje que está a un lado de la Presidencia vieron muchísima gente y decidieron seguir y buscar otro lugar. Siguieron y encontraron la entrada de la Clínica Plaza de la Paz. Antes de entrar pararon un segundo para darse cuenta de que en la calle no había nadie, sólo se escuchaba el caer del agua de lluvia, lo atribuyeron al agua. Entraron.

A diferencia del otro lugar éste estaba anómalamente tranquilo, sólo estaba la puerta abierta que dejaba ver a una señora acostada en el suelo, se les hizo extraño pues la mujer tenía los ojos abiertos y los miraba fijamente; estaba vestida como si fuera un paciente de la clínica con la batita, pero en el suelo, “es el colmo”, pensó mi amigo y entró, al acercarse a ella se percató que la mujer nunca le quitó la mirada fría, aunque lo intimidó un poco, se acercó a ella y le preguntó si estaba bien, si necesitaba algo.

Quedó de pie junto a ella, la mujer murmuró algo, como Omar no la escuchaba se puso en cuclillas y se acercó para oírla mejor, y escuchó: “ no necesito nada, tú necesitarás agua de espanto” al decir eso mi amigo volteó a verla y se encontró con que la señora no estaba más ahí, se había esfumado al decirle esas palabras: “agua de espanto”…

Omar se puso de pie y salió corriendo con su compañera quien seguía tratando de ver a alguna persona entre la cortina de lluvia que cubría a Guanajuato como nunca antes: mi amigo llegó  ella ni se había dando cuenta de que Omar había entrado a la clínica, ella le dice que nunca sintió que él le soltara la mano, mucho menos lo vio entrar al lugar.

Se tomaron de la mano aún más fuerte y corrieron directo a la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato, ahí enfrente, a pedir por el alma de esa mujer, por sus almas también, y para que el agua de espanto cuando sepa qué es, lo beneficie y le quite de la mete y el cuerpo esa terrible experiencia.

Con el escampe también volvió la vida a la ciudad, esa ciudad que se esconde de sí misma con la lluvia y que en los quicios de las puertas no solo se guarecen los vivos sino muertos, fantasmas y algunos espectros, tantos que cuando el agua llega a limpiar las malas vibras se lleva a esos espantos que esperan agazapados detrás de las puertas y casonas coloniales de aquí, uno de ellos es lo que vio mi amigo.

Dicen los que saben que cuando te pase algo así, el remedio es que tomes el agua de espanto hecha con agua de lluvia macerada una noche con hierbas medicinales como ruda, romero, té de limón, manzanilla, y así evitas que te pongas amarillo, flaco y que sigas viendo a ese espectro que te recomendó el brebaje. Se consume en ayunas sólo una cucharadita con el fin de que el alma del espantado regrese al cuerpo y pueda seguir con su vida, de lo contrario lo más seguro es que a los días fallezca. Hay que tomarla a tiempo antes de olvidarte de ti.

Ven, lee y anda Guanajuato.