Uno de los accidentes nucleares más grandes de la historia, se dio sin explosiones en forma de hongo, sin héroes, sin maremotos que destruyeran algún muro en alguna central, sin una cuenta regresiva y una fisión vaporosa y venenosa. Todo es mucho más básico, mucho más humano y se trató de una cadenita de corrupción, ignorancia, negocio, descuido y contaminación incontrolable.

Corrían los setentas en Ciudad Juárez cuando trajeron de contrabando desde el país vecino una máquina de radioterapia, para no pagar impuestos y para agilizar la cosa y desde ahí comienza mal la cosa pero se pone peor, mucho peor, pues para 1983, ya cuando estaba en desuso decidieron venderla al fierro viejo, con todo y el radiactivo Cobalto 60 que necesitaba para funcionar.
Al desarmar la máquina el polvo radiactivo quedó libre para contaminarlo todo: primero a los sujetos implicados y al hospital donde estaba, la camioneta donde movieron las piezas, que también contaminó a la colonia donde la dejaron, luego a al resto de metal que lo rodeaba en el lugar donde lo compraron y las varillas que hicieron con el material y las casas que construyeron con esas varillas. Todo esto en 17 estados de la república y algunos estados del sur de Estados Unidos.
Para cuando se dieron cuenta, de pura casualidad cuando un camión con varillas pasaba por afuera de un laboratorio y encendió la alarma de radiación, el control de daños no fue suficiente, trataron de culpar al empleado que había sacado la máquina alegando que la había robado, lo cual era mentira, pero siempre se busca un chivo expiatoria débil, e hicieron un agujero para enterrar, sin medidas de protección, todo el material que lograron recuperar, se estima que entre 4000 y 6000 personas estuvieron expuestas a la radiación.
Les recuerdo este caos porque así funciona la posverdad: alguien dice una mentira insustentable para causar un efecto y esta información se riega como el mismo material radiactivo, entre más escandalosa sea la noticia, mejor y cuando se descubre la verdad, se encuentra un chivo expiatorio, se intenta controlar deficientemente controlar los daños y la aclaración pasa der noche con respecto al escándalo. Ante la velocidad con la que se mueve la información, tenemos que evitar ser aquellos que rieguen la radiación por el mundo, la mentira es más venenosa que el mismo Cobalto 60.

