En Guanajuato cuando alguien te asegura que los muertos, espectros, apariciones y fantasmas siguen andando en las plazas, callejones y calles, sobre todo en la subterránea, debes creerle, porque en esta ciudad desde siempre han convivido los vivos y los muertos que se aparecen en las peñas, en las casas, casonas, en los cerros e incluso en los panteones.

Aquí hay dos panteones: el de Santa Paula y el Panteón Nuevo, ahí los sepultureros y los cuidadores siempre están pendientes de que las tumbas permanezcan limpias o al menos en pie, porque el tiempo es implacable y así como la muerte pasa, el tiempo también, y no hay que dejar que se borre ese recuerdo de la última fecha de registro de los últimos suspiros, de cuando se fue, de cuando los vivos pasan a ¿mejor vida?.
Me cuenta mi amigo Felipe que él recuerda que cuando era niño le pasó algo increíble cuando una tarde fue al panteón de Santa Paula a dejarle flores a su abuela. Esto se lo había encargado encarecidamente su mamá quien le insistió en que llevara las flores en la fecha exacta de su muerte, pero sobre todo le dijo: “le llevas una veladora, y te llevas una caja completa de cerillos, y por favor, vas encendiendo todas y cada una de las veladoras que encuentres apagadas en tu camino, es para que esas almas te cuiden y te permitan regresar con nosotros”.
Felipe se quedó espantado y le dijo que mejor esperaran al fin de semana para ir juntos, su mamá le dijo un rotundo NO, así que no tuvo más remedio que ir a dejarle la ofrenda a su abuelita
Me cuenta Felipe que esa tarde estaba clara, soleada, bonita, pero en cuanto entró al panteón de Santa Paula y comenzó a encender las velas tal y como su mamá le había pedido, el cielo se nubló, un ligero viento frío lo seguía, sí, lo seguía sólo a él, porque era evidente que las ramas de los árboles del lugar no se movían, y las velas que iba encendiendo no se apagaban seguían encendidas, flameantes, bailarinas, unas azules, otras blancas, amarillas, anaranjadas, de colores…paso a paso mi amigo iba encendiendo esas veladoras en su camino que se le hizo eterno y llegó a la tumba de su abuelita, le puso las flores con su agua y le encendió dos veladoras, le rezó dos Padres Nuestros, y ante él vio cómo las flores bailaban al unísono con las llamas de las veladoras que le encendió, sorprendido, quiso borrar esa imagen de su mente y entonces volteó a ver su camino, en un afán de ver la ruta de salida y salir pronto de ese lugar, y sí, en todo el camino iluminado bailaban las flamas siguiendo el son de las prendidas a su abuelita. Volteó a ver la tumba de su familiar, le pidió lo protegiera siempre, suspiró, cerró los ojos, rezó un Ave María, los abrió, y para su sorpresa, ya casi se oscurecía por completo ¿cómo es que pasó tanto tiempo? y vio que todas las veladoras de alrededor de la tumba, en círculo, estaban encendidas, él jura que esas no las encendió, sólo las que le dijo su mamá del camino y las de su abuela.
Suspiró tan fuerte como si aceptara esa realidad mágica mostrada que el viento que lo acompañaba cesó, entonces se despidió de su abuelita y salió con prisa casi corriendo, a su paso, las veladoras seguían encendidas como si los muertos le agradecieran que alguien desconocido por un momento no los olvidó.
Cuando salió del Panteón de Santa Paula, se fue directamente a su casa y ahí le contó a su mamá lo sucedido, ella le dijo que las almas muertas también agradecen que se les tome en cuenta: “aunque sus cuerpos estén enterrados ahí, esas ánimas nos cuidan hijo, esas almas son agradecidas, por eso los muertos malos y las malas energías no llegan a hacernos mal”. Lo abrazó y él le agradeció esa enseñanza que a la fecha, la sigue practicando cada vez que ahora visita a su abuelita y a su mamá, pues son una herencia energética que no se olvida.
Dicen los que saben que las velas representan la iluminación que los muertos necesitan para conducirse directamente a las manos de Dios, porque la oscuridad siempre esconde esas sombras que hacen el mal, que no quieren luz, por eso se aparecen y hacen daño cuando la ausencia de luz está presente.
Es por eso que los fantasmas, espectros, almas, y seres mágicos, cuando tú transmites luz, ellos van contigo, ellos quieren seguirte y sin saberlo ellos van contigo por toda la ciudad buscando ayuda.
¿Quieres conocer este lugar?
Ven, lee y anda Guanajuato, pero trae tus cerillos, para que ilumines tu camino y el de esas almas del panteón que habitan con nosotros aquí y que te segurán.
