Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, quien falleció el 28 de octubre de 2026, a los 92 años, fue un hombre de libros, ideas y convicciones políticas. Lo conocí en 1998. En 1997 había tenido una victoria histórica: ganó la elección para encabezar el Gobierno del Distrito Federal, cargo que ejerció de 1997 a 1999. Lo entrevisté al menos tres veces.
Fue el primer Jefe de Gobierno Capitalino elegido mediante votación directa, después de décadas en las que el titular de la administración de la capital del país era designado por el Presidente de la República. Al margen de cada entrevista, charlamos brevemente sobre libros, autores, cultura en general y sí, siempre mostró su enorme conocimiento del tema.
Su producción intelectual es otra vía para conocer al personaje. Entre sus libros figuran “Nace una esperanza” (1990), “La esperanza en marcha: Ideario político” (1998), “Un México para todos” (2005) y “Sobre mis pasos” (2010), obra de carácter autobiográfico en la que reconstruye sus experiencias personales y varios episodios de su trayectoria.
En 2016 publicó Cárdenas por Cárdenas, un libro centrado en la vida y el legado de su padre. El volumen permite aproximarse a la relación entre memoria familiar, historia política, y la interpretación de los acontecimientos que marcaron al México del siglo XX. Su interés por la cultura también se manifestó en el impulso de instituciones dedicadas a preservar la memoria histórica y promover causas sociales.
Fundó el Centro Lázaro Cárdenas y Amalia Solórzano, que lleva los nombres de sus padres y otorga un reconocimiento a personas e instituciones destacadas por su contribución a la soberanía, la educación, la cultura, los derechos humanos y la justicia social. En 2011 recibió la Medalla “Belisario Domínguez”, otorgada por el Senado de la República, y en 2015 fue investido doctor honoris causa por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
El ingeniero, quien hizo de la lectura, el estudio y la reflexión herramientas para entender al país, encabezó una de las mayores rupturas políticas del siglo XX mexicano. Su gran trayectoria conjugó la formación intelectual, el conocimiento del territorio nacional y una prolongada lucha por transformar las instituciones, de manera especial la educativas.
Su interés por comprender la realidad mexicana no se limitó a las disputas electorales: abarcó la historia, el desarrollo económico, los recursos naturales, la energía y las condiciones sociales de las comunidades. Esa disposición al estudio acompañó su vida pública y se reflejó en una obra escrita que deja conocer su pensamiento más allá de los cargos que desempeñó.
Ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Cárdenas perteneció a una generación que vivió la transformación del México posrevolucionario y terminó cuestionando las reglas del sistema político surgido de aquella etapa. Su nombre quedó asociado a la izquierda democrática, la defensa de la soberanía nacional y la apertura de espacios para la competencia electoral.
Nació en la Ciudad de México el 1 de mayo de 1934, en una familia cuya historia estaba estrechamente vinculada con la Revolución Mexicana. Fue hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, presidente de México entre 1934 y 1940, y de Amalia Solórzano. Durante sus primeros años vivió en Los Pinos, entonces residencia oficial presidencial. De hecho, fue el primer niño hijo de presidente que jugó en los jardines de Los Pinos.
Sin embargo, su trayectoria no fue una simple prolongación de la carrera de su padre. Aunque compartió con él la defensa de la soberanía económica y el papel del Estado en el desarrollo nacional, construyó su propia identidad política. Antes de convertirse en una de las figuras más reconocidas de la oposición, Cárdenas desarrolló una carrera profesional relacionada con la planeación regional y el aprovechamiento de los recursos naturales.
Durante la década de 1960 participó en los estudios de la cuenca del río Balsas, una región estratégica para el desarrollo hidroeléctrico e industrial del país. Entre 1964 y 1969 coordinó la construcción de la presa de “La Villita”, conocida también como “José María Morelos”, sobre ese río. Aquella experiencia es importante para comprender su perfil.
En otras palabras, antes de ser dirigente político, Cuauhtémoc Cárdenas había trabajado en proyectos de infraestructura y conocía los problemas del desarrollo regional desde una perspectiva técnica. También participó en la Sociedad Mexicana de Planificación, convencido de que el crecimiento económico requería organización, inversión pública y visión de largo plazo.
En 1976 fue elegido senador por Michoacán y, cuatro años después, asumió la gubernatura de esa entidad para el periodo 1980-1986. En ese entonces, quien esto escribe cubrió sus Informes de Gobierno para el desaparecido diario El Nacional. Su gestión estatal constituyó una etapa decisiva en su relación con las organizaciones sociales.
El episodio que definió su trayectoria ocurrió a mediados de los años 80. Junto con Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y otros militantes, impulsó la Corriente Democrática dentro del Partido Revolucionario Institucional (PRI). El grupo cuestionó los mecanismos de selección de candidatos y reclamó una mayor participación de las bases en las decisiones partidistas.
La confrontación con la dirigencia priista desembocó en su salida del partido y en la candidatura presidencial de 1988, respaldada por el Frente Democrático Nacional. La elección del 6 de julio de aquel año quedó marcada por la interrupción del sistema de cómputo electoral, conocida popularmente como la “caída del sistema”, y por las denuncias de irregularidades.
El resultado oficial otorgó la victoria a Carlos Salinas de Gortari, pero la controversia deterioró la confianza de amplios sectores ciudadanos en las instituciones electorales. Cárdenas no llegó a la Presidencia, pero su candidatura demostró que era posible articular una oposición de alcance nacional capaz de disputar electoralmente el poder al partido gobernante.
En 1989 participó en la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que reunió a corrientes de izquierda, organizaciones sociales y antiguos militantes priistas. El nuevo partido se convirtió en una de las principales fuerzas opositoras y contribuyó a ampliar la competencia política; el ingeniero volvió a contender por la Presidencia en 1994 y 2000.
Aunque tampoco ganó esas elecciones, su participación consolidó una corriente política que tendría una influencia duradera en la vida pública mexicana. En 2014, Cárdenas renunció al PRD, organización que había ayudado a fundar, en medio de diferencias sobre su rumbo político. La decisión mostró que su identidad pública no dependía exclusivamente de la permanencia en un partido.
Cuauhtémoc Cárdenas deja, así, una herencia que pertenece tanto a la historia política como a la reflexión intelectual del país. Su vida permite revisar una época en la que millones de mexicanos comenzaron a exigir que el voto tuviera consecuencias efectivas en la distribución del poder. ¿Con qué se queda este reportero? Con un Cuauhtémoc afable, de voz suave y tranquila, culto, educado y, sobre todo, un mexicano ejemplar.
