La figura de José Alfredo Jiménez también se construyó a través de la ropa: sus trajes de charro, las chaquetas ajustadas, los pantalones de botonadura lateral, los sombreros y la indumentaria con la que aparecía ante el público, ayudaron a forjar una identidad artística inseparable de sus canciones, a consolidar la imagen del compositor que convirtió la cantina, el amor perdido, el orgullo, la amistad, y la derrota sentimental, en asuntos centrales de la canción ranchera
“El Rey”, el charro que vistió de México sus canciones, está presente, a partir de la noche de este jueves 28 de octubre, en el Museo de la Indumentaria Mexicana “Luis Márquez Romay”, recinto de la Universidad del Claustro de Sor Juana (UCSJ) en la exposición “Entre trajes y canciones. José Alfredo Jiménez y el vestir de la música ranchera”, hasta el 4 de diciembre.
De mesero y futbolista aficionado a compositor fundamental de la música ranchera, el autor guanajuatense construyó una figura artística reconocible por su vestuario, su manera de cantar y un repertorio que pasó de las cantinas a los grandes escenarios, de Dolores Hidalgo a la Ciudad de México, y de México, al universo de habla hispana.

José Alfredo Jiménez Sandoval nació el 19 de enero de 1926 en Dolores Hidalgo, Guanajuato. Fue hijo de Agustín Jiménez Tristán, farmacéutico que estableció la botica “San Vicente”, y de María del Carmen Sandoval Rocha. Su infancia cambió radicalmente en 1936, cuando murió su padre y la familia perdió toda su estabilidad económica.
Sombreros, chaquetas, pantalones de botonadura lateral, botas y prendas de uso personal contribuyeron a establecer una presencia escénica asociada con el México rural, la masculinidad popular y la tradición ranchera. Los trajes de charro, con sus adornos y cortes característicos, aportaban formalidad al espectáculo; los atuendos menos rígidos y las prendas que utilizaba fuera del escenario mostraban otra faceta del cantante.
José Alfredo heredó elementos de aquella tradición, pero no dependió de interpretar al héroe impecable de las películas. Su personaje podía aparecer despechado, derrotado, orgulloso, o dispuesto a reconocer sus errores. Esa combinación de indumentaria tradicional y vulnerabilidad emocional amplió las posibilidades expresivas de la canción ranchera.
José Alfredo murió en la Ciudad de México el 23 de noviembre de 1973, a los 47 años, a consecuencia de una enfermedad hepática. De acuerdo con la memoria preservada por su familia y las instituciones dedicadas a su obra, sus restos fueron trasladados a Dolores Hidalgo, donde descansan. Lo cierto es que José Alfredo no se limita a la nostalgia por una época.
Por eso, la noche de este jueves, tras la inauguración de la muestra que presenta diversas prendas de vestir que pertenecieron a ese personaje, el público que abarrotó el patio principal de la UCSJ cantó sus melodías, sin que entre los asistentes existiera la barrera de la edad, de la educación, del estrato social o el nivel académico. Esa noche, todos fueron José Alfredo.
