«Tápame con tu rebozo, Llorona,
Porque me muero de frío».
Canción La Llorona. Dominio Popular
El viento siempre borra las cosas que uno quiere borrar, dice Mario Benedetti, y Guanajuato no es la excepción. Es bien sabido que durante los meses de octubre y de noviembre las ánimas de los muertos regresan y, el hecho de estar cerca, los hace tener la confianza de llegar agradecidos algunas veces y otras perturbando el ambiente sobre todo a las personas que son más sensibles a las energías.

Como aquí es un lugar muy socorrido por los turistas, esta ciudad limpia esas energías que dejan los visitantes con el viento helado proveniente de la sierra, así esta mágica ciudad se cuida y respira mejor cuando los aires de octubre llegan y las noches frías las sientes en tu rostro, al deambular por las calles del centro histórico.
Ese frío te envuelve y a veces en tu caminar por las calles, callejones y plazas vas oyendo algún respiro, algún quejido, sientes que te tocan la espalda o el brazo e incluso escuchas palabras susurradas al oído sintiendo el vaho helado claramente. Todo esto le llaman Aire de Muerto que se sabe se intensifica cuando tú vas al panteón o entras a algún lugar desconocido desafortunado para tu alma, los espíritus vagantes pueden robarte tu energía llamándote o sólo rozándote con el viento que envuelve tu cuerpo al tan sólo caminar por aquí.
Dicen los que saben que esto deviene en una enfermedad fría, energética donde tu espíritu se intranquila y te deja sin sueño, sin ganas de comer, y no, no es el mal del susto ni el espanto, es el mal del Aire de Muerto y dicen los que saben que incluso el muerto puede llevarte con él, por eso debes de protegerte con ruda, poniendo un algodón impregnado en alcohol en tu ombligo o tomar alguna piedrita antes de pasar por ese lugar para que la energía de la tierra recoja ese aire y al salir de esa zona tirar la piedrita para devolverle su aire al muerto y no te persiga.
Me cuenta mi amiga María que ella recuerda que cuando su abuelo recién murió, su mamá estuvo inconsolable más de los nueve días en que se debe de rezar para ayudarlos a llegar al cielo, así que toda la familia trató de animarla diciéndole que él ya estaba en un mejor lugar. Su abuelo murió en marzo, así que su mamá inconsolable aún, pensó que poner su retrato en el Altar de Muertos en noviembre le haría un beneficio, pues ella pensaba que al hacer la ofrenda él estaría complacido. Pero qué equivocada estaba.
La noche del Día de los Fieles Difuntos ella se sentó junto al Altar que había puesto en su honor con su ofrenda: la comida favorita, figuras de la muerte; calaveras y calacas; fruta, veladoras, papel picado evocando a los muertos, carrizos y ollas de agua, incienso de copal, flores de cempasúchitl y garra de León, ahí en la entrada de la casa para que viera su papá que no lo olvidaría nunca. Ella en su desesperación esperaba poder ver una vez más a su papá hablar con él, ella pensaba que sería como cuando estaba vivo.
María, al verla tan esperanzada en verlo, le dijo que ella la acompañaba para esperar sentadas a que su abuelo llegara, y así fue, se quedaron toda la noche. En veces mi amiga dormitaba, pero su mamá no, ella estaba pendiente de cualquier señal de la llegada de su papá, porque aquí la creencia es que la muerte no es el final, los cráneos y calaveras se ponen para recordar la fugacidad de la vida, esa limitación humana que nos recuerda el paso es fugaz y pasajero.
Esa noche esperaron y esperaron, pero no pasó nada, no llegó nadie, ni un ánima a ver el altar. Su mamá llorosa aún, y María, se pusieron de pie y entraron a la casa. Fue entonces que vieron cómo una figura gris estaba sentada en el sillón, ambas se voltearon a ver incrédulas, se supone que los muertos pasan a ver su ofenda, la comen energéticamente por ello al día siguiente si la pruebas ya no tiene sabor, el muerto se lleva su esencia, pero no, sin duda ese espanto era su abuelo indudablemente. La figura volteó a verlas con una mirada infinitamente triste, sólo eso, y ante ellas se esfumó en un humo gris. Ambas se quedaron inmóviles sintiendo un frío intenso en el cuerpo durante unos segundos. Incrédulas ante lo sucedido, sólo atinaron a ir a sentarse en el mismo lugar donde vieron el espanto. Creso error. Ahí fue donde agarraron el Aire de Muerto. Estuvieron enfermas dos días como que su cuerpo no sentía ni el calor del té que tomaban ni de las ropas de invierno que las cubrían. Se pusieron an mal que sus familiares pensaron que se morían.
Una tarde viendo por la ventana hacia el patio, de pronto el piar de un pajarito las hizo voltear a verlo, en ese momento sus cuerpos recuperaron su calor, el cantar de ese pequeño ser rompió el hechizo de ese aire mortal; se abrazaron y lloraron juntas tanto por el espanto de ver el alma del abuelo en transición, como ver que él volvió sólo un segundo para corresponder el anhelo de su hija en la forma de pajarillo para así poder regresar a su camino y ellas a la vida.
María me dice que fue muy triste ver a su abuelo como espanto, no esperaba verlo así. Y bueno, le conté que él se manifestó así como espectro no como ánima pura porque aún no cumplía el año de muerto. Y sí.
Dicen los que saben que el alma del recién difunto sigue haciendo su camino hacia el descanso, por ello no se le debe de poner Altar de Muerto ese primer año porque es una forma de llamarlo y distraerlo de su camino; para que no se sienta abandonado, se le debe de decir. “Este año no te llamo de regreso sólo espero que cumplas tu camino”, así su alma sigue buscando el descanso eterno, es decir, aún no es ánima, es sólo un alma vagabunda y las energías maléficas se la pueden llevar.
De esta forma, para que esa alma no interrumpa el viaje a su destino y se mantenga limpia, sólo se le debe de poner una veladora y mandar decir una misa en su memoria y decirle e insistir: “este año solo te alumbro para que sigas su camino”.
Porque en estas fechas las ánimas de nuestros seres amados ya fallecidos regresan cada Día de Muertos cuando les ponemos su Altar esperando a que lleguen y nos visiten el 1 ó 2 de noviembre, incluso nuestras mascotas llegan el 27 de octubre a visitarnos porque esas almitas extrañan el amor que les dimos. Es nuestra forma de decirle a los seres amados que no los olvidamos y que los queremos siempre donde quiera que estén. Pero recordemos que sólo cuandp hayan cumplido un año de muerto.
En fin, hay que orar por ellos, para que ellos oren por nosotros en la tranquilidad del reino de los cielos. Amén.
¿Quieres conocer nuestras tradiciones y sentir el aire frío de la sierra? o igual ye toca sentir esos aires de los muertos que deambulan por aquí.
Ven, lee y anda Guanajuato.
