Importancia de las personas en una empresa

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¿Cuan importantes resultan las personas que están en el origen de las empresas o de las organizaciones? Trabajos de consulta nos permiten constatar la enorme influencia que ejerce un miembro fundador al que ya nadie recuerda, un socio constituyente que fue tratado injustamente o el desorden que priva entre los miembros fundadores de alguna empresa u organización. Es una influencia tal que puede conducir directamente al éxito o hacer que se siga el sendero del fracaso, de la molestia reiterada, de la insatisfacción permanente.

Un miembro fundador olvidado, por ejemplo, da origen a una serie de lealtades silenciosas entre ciertos empleados, que se encargan quizá de recordar la necesidad de justicia a través de reclamos frecuentes, o bien que llevan el trabajo por derroteros poco relacionados con los objetivos originales de la organización, distantes de las metas inicialmente formuladas.

Lo primero que salta a la vista es la insatisfacción de los miembros y el incumplimiento de los propósitos. ¿Qué suele venir a continuación? Pocas veces queda al descubierto de inmediato que se requiere una intervención terapéutica, motivo por el cual suele tener lugar un incremento en la disciplina laboral que intenta acallar todo brote de rebeldía o inconformidad. Respuesta que tan sólo recrudece la situación de por sí tirante sin aportar una solución de fondo.

Por otro lado, un socio tratado injustamente suele derivar en el naufragio de proyectos de la organización, en la falta de fluidez y compromiso de los trabajadores con las metas institucionales, como si prevaleciera un clima de desconfianza que viene a impedir toda marcha fluida. Es cierto que pueden proveerse todos los aseguramientos para impedir la disfunción, sin embargo se respira en el ambiente una especie de amenaza velada, de clima poco favorable, como jalonada por la frase “no tengo seguridad en esta organización. En cualquier momento me tocará a mí”.

Naturalmente, resulta difícil detectar la causa de tal comportamiento, sin embargo es posible a través de la consulta terapéutica emprendida por alguno de los directivos, por coordinadores o directores involucrados en la toma de decisiones, a fin de re-integar (y no lo digo físicamente) a quien quedó fuera injustamente de la organización, a quien proveyó en el origen para muchos otros que así encontraron algún sustento, cierta seguridad, algunas oportunidades.

Finalmente, hay que apresurarse a señalarlo: cualquier tipo de desorden genera pérdidas, debilidad, incumplimiento de metas y falta de compromiso al interior de una empresa u organización. Más aún si se trata de desacuerdos entre miembros fundadores, de falta de claridad en la distribución de las responsabilidades, de titubeos en los ámbitos que corresponden a cada miembro. La debilidad aunada a la ausencia de fortaleza y de energía proactiva son los primeros síntomas que saltan a la vista, aparte del malestar que impregna las relaciones interpersonales.

Donde tiene lugar este desorden, esta inexistente jerarquía, de inmediato alza la mano el empalme de funciones, los encaramientos derivados de conflictos constantes, la dispersión y la pérdida de entusiasmo, ya que las metas no son fijas ni las estrategias respetadas. Lo siguiente es el riesgo de disolución con la consecuente pérdida de recursos, de materias, de productos, de prestigio y de credibilidad.

Como se ve, ninguno de esos escenarios puede sernos desconocido, por experiencia o por referencias de conocidos, lo importante sin embargo estriba en el hecho de que es indispensable el respeto de la dignidad, de la propia organización y de sus procesos y resultados, de los miembros fundadores y sus aportaciones, de los empleados y su esfuerzo. Y de inmediato, también la dignidad de los clientes, de los proveedores, de todos quienes forman parte de esta secuencia productiva u organizacional. Pues en su conjunto hacen posible la fluidez económica, el intercambio de servicios y de productos, la posibilidad de una vida acaso más llevadera, si bien no todas las organizaciones pueden llegar a parecernos idóneas. En realidad nuestra opinión importa poco cuando se trata de la unidad más grande.