Desapariciones forzadas

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Rosario Ibarra de Piedra (Foto: Especial)

Su verdadero nombre es María del Rosario Ybarra de la Garza. Pero, ¿quién no conoce o ha oído hablar de doña Rosario Ibarra de Piedra?

Su hijo Jesús Piedra Ibarra fue detenido por autoridades judiciales en 1974, señalado como presunto integrante de la Liga Comunista 23 de Septiembre, un grupo subversivo de corte guerrillero que en los años setenta tuvo una importante incursión pública y social.

Desde entonces Rosario Ibarra busca a su hijo. “Jesús Piedra (dice Wikipedia) es considerado víctima de la desaparición forzada de personas que habría llevado a cabo el gobierno de México en las décadas de 1960 y 1970”.

En abril de 1977, doña Rosario fundó el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos (mejor conocido como ¡Eureka!). Organizó y protagonizó varias huelgas de hambre por esta causa, la causa de Rosario Ibarra. Un hijo desaparecido por el Estado, quien a la fecha nunca le ha respondido qué pasó con él.

Este 30 de agosto, las Naciones Unidas conmemoraron el Primer Día internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas.

Han transcurrido 35 años desde que Rosario Ibarra comenzó su lucha, su denuncia, su grito, su marcha, su plantón, su huelga, su participación activa y militante en la izquierda mexicana, inclusive como candidata a la Presidencia de la República.

Han pasado 35 años, y en el México de hoy, sumergido, asfixiado por la violencia institucional y delincuencial, las desapariciones forzadas, aquéllas utilizadas por el Estado para intervenir ante conflictos internos, grupos señalados como subversivos o insurgentes o aquéllos “incómodos” al sistema, continúan ocurriendo.

Las desapariciones forzadas se suman y a ellas se suman otros cientos, quizá miles de desaparecidos amontonados hoy en la estadística oficial. Jóvenes, hombres, mujeres, personajes públicos, periodistas, que un día salieron a trabajar y no regresaron a sus casas, con sus familias. Se denunció su desaparición, y nada se sabe.

Hoy en día, los policías preventivos de muchos municipios del país no sólo son utilizados por el Estado como instrumento para la desaparición de alguien que le resulta inconveniente.

Los grupos de la delincuencia organizada hacen lo propio para que muchos preventivos, amenazados o cooptados, secuestren o levanten a sus víctimas, a las cuales extorsionarán, secuestrarán o ejecutarán posteriormente.

Esta intervención no lleva al Estado, pero es un brazo ejecutor de él quien cumple con esta nefasta encomienda criminal.

Hace 35 años, el estado de barbarie era causado por el Estado represor, las causas civiles aplastadas, la dictadura perfecta.

Hoy, son causadas por ello y por más. Por otras razones criminales. Por la causa del negocio ilícito, de la corrupción que parece insalvable, por la negligencia oficial, por las complicidades delictivas entre el Estado (por omisión o por comisión) y los grupos delincuenciales.

El Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas o Involuntarias de Naciones Unidas ha documentado las desapariciones por periodos cortos de tiempo, cuando las víctimas son llevadas a lugares desconocidos o clandestinos de detención, antes de ser liberados o “entregados” a un juez o alguna otra autoridad, si esto ocurre.

Para México, hoy no debería ser sólo el Día internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas. Hay padres de familia, hermanos, esposas, que en esta ola negra que nos embiste están desaparecidos porque les fue arrebatada la libertad por un criminal, en medio de la impunidad.

Por todos ellos, el presidente Felipe Calderón tendría qué declarar muchos días de luto nacional.

A sus familias tendría que darles una explicación, una respuesta, un compromiso.

En Guanajuato conocemos de cuatro padres de familia de Manuel Doblado y una joven de Salamanca que desaparecieron en Veracruz.

Ocho hombres de León que desaparecieron en Zacatecas.

Decenas de migrantes de Irapuato, León, Celaya, San Diego de la Unión, San Luis de la Paz, que desaparecieron en Tamaulipas.

El ¡Ya basta! También es por ellos.

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* En el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas, declarado por primera vez por las Naciones Unidas pero que ha sido conmemorado por muchos años en varios países, queremos rendir homenaje a todas las víctimas, familiares, defensoras y defensores de derechos humanos, organizaciones no gubernamentales, abogados y otras personas que individual o grupalmente han trabajando ardua e incansablemente —a pesar de las circunstancias difíciles— para denunciar los casos de desaparición forzada, descubrir la suerte o el paradero de la persona desaparecida y erradicar esta terrible práctica.

Verónica Espinosa es periodista. Ha desarrollado una importante trayectoria en medios impresos y electrónicos de la región desde hace ya varios lustros. Actualmente es corresponsal del semanario Proceso en el estado. Con más de una década de emisiones radiofónicas a sus espaldas, Candil de la Calle, prestigiada columna de opinión, análisis y crítica política ahora llega cada miércoles a través de igeteo.mx por escrito, para descubrir la desnudez de la política y la observación acerada sobre la cosa pública.