El paso decisivo

Compartir

¿Qué hace falta para ponerse en marcha hacia el cumplimiento de una meta? ¿Por qué no consuma uno sus proyectos muchas de las veces? Quizá porque no se mira el paso decisivo, o tal vez porque al mirarlo uno no se atreve a realizarlo. En este sentido, puede decirse que el paso decisivo está antes, al principio, durante y después, del proyecto, de su realización misma. Hay un paso decisivo que tiene que darse para concebir una idea y plasmarla, un paso decisivo para emprender su ejecución y cuidar los detalles, para mantener el impulso y no cejar en el empeño, un paso decisivo para llevar a término lo planeado y aun para dejar atrás lo realizado, resumido en la experiencia, convertido en habilidad o destreza nueva, con todo el sentido de la responsabilidad que implica.

Por eso se dice que todo instante es bueno para dar el paso decisivo y esto comprende asuntos familiares, de pareja, laborales, empresariales, personales, sociales. El paso que decide es un movimiento que lleva poner un hasta aquí a un estado de cosas previo, que puede ser de discusiones, de argumentaciones, de concepciones e ideaciones, de acciones inútiles o desgastantes, de disputas o riñas constantes, de vacío interior e insatisfacciones. El paso decisivo es el que conduce desde luego a la búsqueda de una recolocación, es decir, del mejor sitio para lo que se es y se hace, y también a la reunión de las fuerzas interiores para emprender la marcha por un derrotero diferente.

El paso decisivo es entonces un desafío por obra del cual se detiene un orden de cosas y se procura instaurar otro. Y abarca todo ámbito porque el paso decisivo en verdad va con el ritmo de la vida, la acompaña, lo acelera o lo lentifica, lo vuelve más intenso o lo suaviza. Y es que al dar el paso decisivo queda claro que uno elige algo pero también pierde algo. Digamos que con la ganancia sobreviene la pérdida. Se pierde ingreso a veces, o reputación, o puntos a favor, cuando se trabaja menos, pero se gana en fortaleza personal. Se pierde la inocencia al abordar a una persona que se anhela conocer, pero se gana en destellos del corazón. Se pierden privilegios o confor cuando se conmuta el orden de los factores en la pareja, pero a veces se ganan posibilidades de disfrute, de libertad de movimiento. Y en ocasiones la pérdida no es así de sencilla, a veces arrastra a la vida misma.

El paso decisivo de esta manera puede parecer como algo inofensivo, como una estrategia simple, sin embargo tiene un poder inmenso, pues está directamente conectado con el hecho de nacer. Para ello fue necesario el paso decisivo, que era la gestación, como haya sido, y el desarrollo del embarazo. También fue paso decisivo el alumbramiento y el suministro posterior de cuidados de los padres al recién nacido. Desde esta perspectiva, no hay nadie que no porte en sí mismo la experiencia del paso decisivo. Incluso si ahora mismo su vida le parece prescindible.

Si se mira con esta óptica, se puede ganar un espacio formidable en la mitad del pecho, pues esa serie de fases brinda la oportunidad de reconocer ahora mismo que se tiene la oportunidad de gastarse muchos otros pasos en pos de la construcción de uno mismo, como persona. ¿Suena como algo extraño? ¿Es algo ajeno a nuestras posibilidades? En verdad no lo es, pero requiere atención, y la concentración de la voluntad con el esfuerzo. Ahora mismo es buena ocasión para dar el paso decisivo. Ahora mismo es posible reunir todas las fuerzas y capacidades interiores, recolocarse, y en consecuencia decidirse a dar el paso decisivo. Para la acción y para la inacción, para la ejecución de actos o para la contemplación de asuntos, para tomar lo que corresponde o para dar lo que se tiene disponible, para el intercambio y la compensación, para la pertenencia, para mantener una lealtad, para dejar otra.

¿El paso decisivo lo podremos dar? Por supuesto. Bert Hellinger lo condensa en estas palabras: “Miramos sólo hacia delante. Pensamos sólo hacia delante. A la vez, salimos de nuestra vieja piel, de nuestra vieja piel de muerte, y nos movemos hacia delante —hacia delante y hacia la lejanía. Nos movemos en otra profundidad, siempre más lejos, llevados por un movimiento vital, hacia más vida, más salud, más placer, más amor realizado —entre dos. ¿Qué hacen los muertos que dejamos atrás de nosotros? Ellos al final cierran los ojos —todos.