Arnulfo Vázquez Nieto

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Arnulfo Vázquez Nieto (Foto: Especial)

Conocí a Arnulfo Vázquez Nieto hace más de 24 años. Yo comenzaba en los avatares del oficio periodístico, con más emoción que noción. Él iba ya encaminado por la actividad política y se fogueaba en la administración pública municipal bajo la tutela del entonces Alcalde Edgardo MeaveTorrescano.

Estilos completamente opuestos, pero la misma hechura del mandato en el ejercicio del gobierno.

“El ingeniero sabía delegar, nos tenía a cada quién una encomienda y sabíamos que no podíamos fallar porque así nos iba con él”, me contó en una conversación que sostuvimos en la sala de su casa, ante una sabrosa combinación de café, galletas y anís, unos cuantos días antes de que le ganara la muerte.

Es esta una oportunidad para agradecer a María y a Andrés por esa tarde, más a un Arnulfo siempre, siempre interesado en todos y cada uno de los asuntos de este terruño.

Hablamos de todo —excepto de números o fechas porque tenía una memoria malísima para ello—, pero la charla siempre nos llevó a las próximas elecciones, a los candidatos, al PRI —su partido—, a Guanajuato capital, a lo que se está haciendo y lo que no, a la decepción actual y las expectativas del futuro.

En la relación de periodista-funcionario hubo críticas y reconocimiento. Su forma de ser —no la mía— llevó a franquear esa puerta que dividía el mero trato profesional de una amistad que se extendió a María Trueba. Las charlas fueron pocas, pero sabrosas, divertidas, singulares.

Creo que consiguió trabar amistad con varios, muchos compañeros de la fuente. Su trato se prestaba a ello. Y no, no es algo fácil, aunque lo parezca.

Hablamos mucho cuando llegó el momento de definir la candidatura a la Alcaldía por el PRI para el 2009 y Nicéforo Guerrero apareció en escena, y hubo otros priistas que creyeron que ya no podía ser uno de los mismos (como Arnulfo) y que creyeron que Nicéforo llegaría desde el Distrito Federal a Guanajuato con amor al terruño Todo Incluido y haría las mil maravillas y que los jóvenes priistas de la siguiente generación lo acompañarían en un gobierno equilibrado, honesto e impetuoso para hacer el bien a los habitantes del municipio.

Le costó mucho, muchísimo hacerse a un lado.

Qué caso tienen ponerse a pensar en lo que hubiera ocurrido si las decisiones tomadas fueran diferentes. Ya para qué.

Sobre sus gestiones como presidente municipal, me remito a los hechos que por él hablan. Por supuesto que hubo cosas que no se cumplieron, acciones que no se ejecutaron, compromisos que quedaron pendientes, errores. No me pareció que dejara sin terminar sus dos periodos como presidente municipal, no se alcanzó una mejor planeación para el crecimiento ordenado de la ciudad, a veces favorecía a las lealtades sobre las capacidades de algunos de sus colaboradores.

Sobre todo lo demás, lo que sí se hizo, lo que cumplió, lo que superó, lo que construyó y administró, opinarán los guanajuatenses que lo saben, porque Arnulfo vivió, se quedó y murió en esta ciudad.

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Verónica Espinosa es periodista. Ha desarrollado una importante trayectoria en medios impresos y electrónicos de la región desde hace ya varios lustros. Actualmente es corresponsal del semanario Proceso en el estado. Con más de una década de emisiones radiofónicas a sus espaldas, Candil de la Calle, prestigiada columna de opinión, análisis y crítica política ahora llega cada miércoles a través de igeteo.mx por escrito, para descubrir la desnudez de la política y la observación acerada sobre la cosa pública.